viernes, 18 de abril de 2008

Ambliopia, como detectarla antes de los 2 años?


Un trabajo estadounidense publicado en el último Archives of Opthalmology concluye que detectar el ojo flojo o vago, (ambliopía) antes de los dos años logra mejores resultados visuales en los niños, a medio y largo plazo, que si el diagnóstico se realiza después de esta edad.

No obstante, para conocer la presencia de este trastorno, lo habitual es llevar a cabo una prueba de agudeza visual que requiere que el niño se esté quieto, entienda las instrucciones del especialista a la hora de taparse uno u otro ojo o mirar a un determinado punto y, sobre todo, que sepa leer las filas de letras que se le van indicando a lo largo del análisis. Además, en muchas ocasiones es necesario dilatar la pupila, una técnica muy molesta, sobre todo en pacientes pediátricos. Estos hechos dificultan un diagnóstico que, como sugiere el nuevo trabajo, debe ser lo más anticipado posible y que se ha de llevar a cabo en un colectivo de la población especialmente sensible.

¿Qué hacer entonces para poder mejorar el pronóstico de estos niños? En los últimos años se han desarrollado diferentes métodos que fotografían o filman la retina para rastrear la presencia de anomalías oculares. «En pediatría necesitábamos un sistema de detección menos agresivo, porque es imprescindible hacer estos exámenes ya que muchos problemas oftalmológicos causan graves trastornos o, incluso, pérdida de visión si no se tratan a tiempo», explica la doctora Mariana di Lella, responsable de oftalmología pediátrica de la Clínica Tacir, perteneciente al grupo Teknon, en Barcelona. Y ¿en qué consiste este sistema? El aparato de fotocribado emite un sonido que llama la atención del niño para que éste fije la vista en un punto determinado y se esté relativamente quieto. Así, una luz infrarroja pasa a través de la pupila y llega a la retina.

El reflejo de dicho haz de luz revela la existencia de posibles defectos de refracción (miopía, hipermetropía o astigmatismo), así como el diámetro pupilar, la dirección y fijación de la mirada... y otras anomalías indicativas de microestrabismos o carencia de estímulos (ojo vago).

"Esta prueba es relajada, se hace en apenas unos segundos, no duele y el niño incluso se divierte, de manera que se puede llevar a cabo desde los seis meses", indica la especialista. Este diagnóstico temprano permite planificar y hacer intervenciones precoces que repercuten muy positivamente no sólo en la evolución física del pequeño, sino también en la emocional y académica, ya que las patologías oculares constituyen un factor de riesgo determinante en el retraso escolar.

Dados los buenos resultados obtenidos en la investigación publicada en Archives (los niños que habían sido tratados antes de los dos años habían evolucionado mejor que sus compañeros que lo habían sido a los cuatro), los autores recomiendan la inclusión de este tipo de pruebas en las revisiones pediátricas rutinarias. En su opinión, esta medida no encarecería demasiado el coste de la atención a los pequeños y se multiplicarían los beneficios.

"Casi todos los expertos estamos de acuerdo con estas observaciones; aunque la realidad es que actualmente en España tan sólo se controla al 14% de los niños en la etapa preescolar, y normalmente cuando existe la sospecha de que hay algún problema", apunta Di Lella.

En este sentido, la especialista recomienda que la primera visita oftalmológica se realice cuando el bebé cuenta dos meses de vida. Lo idóneo es que, tal y como proponen los responsables del trabajo estadounidense, la haga personal debidamente entrenado y vaya un poco más allá de la revisión que lleva a cabo el pediatra. Si no hay patologías, la visita puede espaciarse cada año. En caso de haber anomalías, es conveniente seguir al paciente mensualmente.

Via:http://www.elmundo.es/

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