lunes, 23 de junio de 2008

No me radies, por favor


A los niños se les realizan demasiadas exploraciones radiológicas. Por ejemplo, la existencia de la tos acompañada o no de fiebre, síntomas habituales de los niños durante los meses fríos del año, especialmente de los que acuden a guarderías, pocas veces necesitan radiografías.
Sin embargo en los países desarrollados muchos de estos niños acuden repetidamente al médico o a los servicios de urgencias, donde se les somete en ocasiones a exploraciones radiológicas, que por ser radiación ionizante, puede ser nociva para el paciente. Algunas de estas exploraciones radiológicas son necesarias para realizar el diagnóstico pero otras muchas solo sirven para tranquilizar a los padres o al médico.

Muchos padres demandan cuando sus hijos tienen tos, ha tenido un pequeño traumatismo en la cabeza o en cualquier otra parte del cuerpo, que se les practique una radiografía de tórax, cráneo, piernas, brazos o tomografía computarizada (TAC) craneal. Sin embargo la mayoría de estas radiografías o TAC no solo no son útiles para el diagnóstico, son costosas, además son perjudiciales porque contaminan por radiación el cuerpo del niño. Estas radiaciones se van acumulando pudiendo en el futuro contribuir o producir cáncer.
Los que en la actualidad son adultos apenas recibieron, cuando eran niños, radiaciones ionizantes, sin embargo ahora muchas niños corren el riesgo de llegar a la adolescencia o madurez con una tasa nociva acumulada de radiación. Por ello es necesario concienciar a los padres, también a los médicos que las radiografías o los TAC deben practicarse solo cuando son necesarios, esto es, cuando el tratamiento depende de los hallazgos de estas exploraciones. Las radiografías no curan, tampoco los TAC.

A pesar de que en la actualidad existe consenso y evidencia de la inutilidad de muchas de estas pruebas radiológicas, continúan realizándose. Por ejemplo, en la bronquiolitis, una infección respiratoria muy frecuente entre los niños menores de dos años, cuyo diagnóstico se realiza por la clínica, esto es por los síntomas y los datos que obtiene el médico con la auscultación, la radiografía de tórax no aporta nada, como acaba de confirmar un estudio, que ha demostrado que de 262 niños, en solo dos se encontraron datos diferentes a los esperados en la radiografía (Schuh S y cols., Journal of Pediatric 2007).
El diagnóstico puede realizarse, con la experiencia del médico, a través de la auscultación pulmonar y la interpretación adecuada de los síntomas, según las recomendaciones de las sociedades científicas. Sucede lo mismo con las radiografías de cráneo después de un traumatismo, su normalidad no excluye lesión en su interior, en el cerebro, su anormalidad tampoco indica daño intracraneal, por ello no sirven. En consecuencia las radiografías de cráneo no deben realizarse, excepto en casos muy justificados.

La Guía de indicación para la correcta solicitud de pruebas diagnóstico de imagen (protección radiológica 118) adaptada por expertos europeos de radiología y medicina nuclear, editada por la Oficina de Publicaciones Oficiales de las Comunidades Europeas, 2001 y reeditada por el Ministerio Español de Sanidad y Consumo, establece las normas para mejorar las prácticas médicas que reduzcan las exploraciones médicas, la radiación, especialmente en los niños con enfermedades crónicas subsidiarias de múltiples exploraciones radiológicas.
En concreto, las expertos no recomiendan la realización de radiografías de huesos por traumatismo de partes blandas, radiografías de cuello para visualizar vegetaciones, radiografía de senos, especialmente en menores de 5 años, radiografía de columna lumbar para descartar espina bífida, aunque los niños tengan enuresis nocturna. En consecuencia las exploraciones radiológicas solo deben practicarse cuando son útiles para modificar el tratamiento.

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