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miércoles, 10 de marzo de 2010

Refrescos, Refrescos, Refrescos y Calorias

Los refrescos azucarados parecen estar en el ojo del huracán en Estados Unidos. Después de que varios senadores hayan propuesto un gravamen especial sobre estas bebidas y el propio presidente Obama haya anunciado un plan que prevé prohibirlos completamente en las escuelas públicas en un intento de frenar la obesidad infantil, las reacciones no se han hecho esperar.
"¿Son los refrescos el nuevo tabaco?", se preguntaba esta semana un artículo publicado en el diario 'The New York Times'. Las similitudes con la lucha antihumo son claras –algunas voces también han pedido que se incluya en las etiquetas una advertencia sobre sus riesgos. No hay ningún alimento o bebida causante de la obesidad por sí mismo, sino que es un cúmulo de factores. Por tanto, achacar toda la responsabilidad a un sólo producto sería erróneo. En este sentido, hay que recordar que las calorías no son una exclusiva de las bebidas con burbujas. De hecho, hay refrescos con un contenido muy bajo en azúcares, mientras que muchos jugos y néctares pueden llevar grandes cantidades. Más que hablar de restringir la ingesta de refrescos, deberíamos hablar de moderar el consumo de bebidas con calorías. Los refrescos no son la única bebida que ha acaparado titulares esta semana. También el alcohol ha dado mucho de que hablar después de que las autoridades sanitarias británicas se hayan planteado obligar a los productores a añadir distintas advertencias en el etiquetado. Incluir frases como 'Bebe con responsabilidad' o 'Conoce tus límites' ayudaría, según sus promotores, a fomentar un consumo más adecuado. Las autoridades habían llegado hace años a un acuerdo con la industria para que estos mensajes fueran apareciendo progresivamente en sus productos. Sin embargo, el pacto no estaba dando los frutos esperados.

martes, 2 de febrero de 2010

La metformina ayuda a los adolescentes obesos a perder peso



Un medicamento utilizado para tratar la diabetes tipo 2 parece ayudar a los adolescentes obesos a perder peso cuando se combina con un programa diseñado para ayudarles a cambiar sus hábitos de estilo de vida.
Los niños obesos que tomaron el fármaco, la metformina XR, perdieron una cantidad de peso pequeña pero estadísticamente significativa, según un estudio que aparece en la edición de febrero de la revista Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine.
Según el estudio, casi un tercio de los niños estadounidenses tienen sobrepeso o son obesos, afecciones que los ponen en alto riesgo de diabetes tipo 2 y presión arterial alta.
Aunque algunos médicos utilizan la metformina para tratar a adolescentes gordos que no son diabéticos, no ha estado claro si en realidad ayuda.
Los investigadores inscribieron a 77 adolescentes gordos de entre trece y dieciocho años de edad en un programa diseñado para mejorar su actividad física y ayudarles a controlar su dieta. Algunos recibieron un placebo, y otros una dosis diaria de 2,000 miligramos de metformina XR.
Durante un año, el índice de masa corporal (una medida del peso en relación con la estatura) promedio se redujo en 0.9 en el grupo de la metformina y en 0.2 entre los que tomaron el placebo.
"La metformina resultó segura y fue tolerada en esta población. Estos resultados indican que la metformina podría cumplir un papel importante en el tratamiento de la obesidad adolescente", concluyeron los autores. "Se necesitan estudios a mayor plazo para definir los efectos del tratamiento con la metformina sobre el riesgo de enfermedades relacionadas con la obesidad en esta población".
Diabetes Drug Helps Dieting Teens Lose Weight
Via: drugs

viernes, 23 de octubre de 2009

Liraglutida en batalla vs la obesidad


A la lista de fármacos antiobesidad no paran de unirse posibles candidatos. El último es la liraglutida, un medicamento inicialmente desarrollado para el tratamiento de la diabetes tipo 2, que ha demostrado una capacidad para producir pérdidas de peso en personas obesas. Según los resultados de un estudio preliminar, el fármaco podría ser más efectivo -en su dosis más alta- que el ya comercializado orlistat. La investigación, que aparece esta semana en la edición on line de 'The Lancet' y ha sido patrocinada por la compañía fabricante del producto -Novo Nordisk-, comparó los resultados del fármaco (en dosis inyectables de 1.2 mg, 1,8 mg, 2,4 mg y 3 mg) con los de un placebo y el citado medicamento antiobesidad oral en una muestra de 564 personas no diabéticas procedentes de 19 puntos de Europa. Además de la terapia farmacológica, todos los participantes siguieron una baja dieta en calorías y un programa de ejercicios durante las 20 semanas que duró el análisis.
Los resultados fueron alentadores para la liraglutida, ya que los pacientes en tratamiento con este fármaco -sobre todo a altas dosis- consiguieron mayores pérdidas de peso que el resto. Estos enfermos consiguieron reducir entre 4,8 y 7,2 kilos (el rango dependía de la cantidad de producto ingerida), mientras que quienes siguieron la terapia con orlistat perdieron 4,1 kilos. Por su parte, los participantes que recibieron placebo redujeron su peso en 2,8 kilos.
En su trabajo, los investigadores, destacan la efectividad de la dosis más alta del medicamento. "El 76% de los individuos tratados con liraglutida 3 mg perdió más de un 5% de peso, y casi el 30% logró reducciones del 10% después de las 20 semanas de tratamiento", recuerdan los autores, dirigidos por Arne Astrup, de la Universidad de Copenhague (Dinamarca).
Para Felipe Casanueva, director científico del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn) y catedrático de endocrinología de la Universidad de Santiago de Compostela, "esta reducción de peso es tremenda. Si un paciente pierde el 5% de su peso se reduce drásticamente su riesgo cardiovascular. Nuestro objetivo no es que el paciente consiga tener los mismos kilos que cuando era joven sino perder la cantidad necesaria para disminuir ese riesgo". En este estudio, se observó además que los beneficios antiobesidad del fármaco también se acompañaron de reducciones en la tensión arterial, la circunferencia abdominal y la frecuencia de problemas como la prediabetes. Sin embargo, los efectos secundarios fueron mucho más comunes entre los pacientes en tratamiento con liraglutida. Las náuseas y los vómitos fueron los problemas más frecuentes, aunque en la mayoría de los casos, se presentaron de forma transitoria. Aunque contentos por los resultados de su trabajo, los investigadores reconocen que son necesarios estudios clínicos a largo plazo que analicen a fondo los efectos de la liraglutida sobre el peso, los factores de riesgo cardiovascular, además de su posible papel en la prevención de la diabetes.

domingo, 16 de agosto de 2009

Dietas en niños podrían ser contraproducentes

Según los investigadores, los padres que intentan luchar contra la epidemia de obesidad infantil prohibiéndole a los niños que coman ciertos tipos de alimentos no van a evitar que aumenten de peso y en realidad podrían estar empeorando la situación.Los padres cumplen una función crítica para ayudar a los niños a tomar decisiones sobre su alimentación que les permitirán mantener un peso saludable, según médicos y expertos. Sin embargo, el éxito depende del uso del método apropiado.El control de inhibición de un niño, similar al autocontrol, es el factor clave para controlar el peso. El concepto se explica en un artículo publicado anticipadamente en línea antes de una edición impresa próxima de la Journal of Pediatrics. En el estudio, Stephanie Anzman y Leann Birch, del Centro de investigación de la obesidad de la infancia de la Universidad Estatal de Pensilvania, se enfocó en 197 niñas blancas no hispanas. Recolectaron información de las niñas y de sus padres durante diez años, desde cuando las niñas tenían cinco años. Los investigadores registraron el nivel de ingreso y el educativo de los padres, así como el índice de masa corporal (IMC) de niños y padres, y le preguntaron a los niños si los padres restringían ciertos alimentos. También se les pidió a las madres que describieran el nivel de autocontrol de sus hijas. Según los autores del estudio, las niñas que se consideraba que tenían menos autocontrol tenían IMC más elevados y aumentaban más de peso, en comparación con sus compañeras que se regulaban mejor a sí mismas. También anotaron que las niñas que carecían de autocontrol tenían casi el doble de probabilidades de tener exceso de peso para los quince años. Los investigadores hallaron que, entre los participantes del estudio, las niñas que tenían el mayor riesgo de aumentar de peso eran las que tenían niveles elevados de restricciones alimentarias percibidas de los padres y bajo autocontrol.
Los intentos de los padres para ayudar a los niños que tienen menos autocontrol restringiendo su acceso a sus refrigerios favoritos puede hacer que los alimentos prohibidos sean más atractivos, lo que exacerba el problema.
Una mejor idea para los padres es ayudar a los niños a aprender algo de control permitiéndoles elegir entre opciones saludables. Además, es mejor no mantener alimentos restringidos en casa, y no es necesario decirle constantemente a los niños que no pueden comer los alimentos que desean.

Via:HealthDay
Fuente:Journal of Pediatrics, news release, Aug. 13, 2009

lunes, 18 de mayo de 2009

El sobrepeso, factor de riesgo de suicidio en la adolescencia


El riesgo se incrementa hasta un 45% en aquellos que, aun normopesos, consideran que su peso es excesivo Según concluye un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad Estatal de Georgia en Atlanta (Estados Unidos) y publicado en la edición digital de la revista Journal of Adolescent Health, los adolescentes con sobrepeso, o que simplemente consideran que presentan sobrepeso, presentan un mayor riesgo de suicidio. El estudio, llevado a cabo a partir de los datos recopilados en 2007 de más de 14.041 estudiantes de institutos estadounidenses, mostró que los adolescentes con sobrepeso reconocen haber intentado suicidarse en torno a un 33% de veces más que sus homónimos normopesos. Es más; en el caso de aquellos que consideran que tienen sobrepeso –incluidos aquellos que no según parámetros objetivos– tienen un riesgo incrementado del 45% de cometer suicidio en comparación con aquellos que creen que presentan un peso normal. En palabras de la Dra. Monica Swahn, investigadora principal del estudio, “nuestros hallazgos muestran que los adolescentes con sobrepeso, real o imaginario, tienen un mayor riesgo de suicidarse. Una situación realmente preocupante si atendemos a que la cifra de niños y jóvenes con sobrepeso u obesidad es cada vez mayor”. Concretamente, más del 8% de los alumnos con sobrepeso u obesidad reconoció haber intentado suicidarse, porcentaje que en sus homónimos normopesos se estableció en el 6,5%. De la misma manera, prácticamente el 10% de aquellos que consideraban tener un exceso de peso reconoció haber intentado suicidarse, una cifra que el caso de los que consideraban presentar un peso normal se estableció justo por debajo del 6%. Las razones por las que se explican estos hallazgos permanecen desconocidas, si bien los autores apuntan a que la presión social por tener un cuerpo “ideal” y el estigma asociado con el “exceso de kilos” podrían justificar, cuando menos parcialmente, la asociación. Como apunta la Dra. Swahn, “los jóvenes se sienten muy presionados por ajustarse a unos ideales limitados de belleza”. Además, el hecho de que el riesgo de suicidio se asociara a las percepciones de los jóvenes sobre sus cuerpos muestra que los esfuerzos en la prevención deben abarcar un grupo más amplio de niños. Como concluye la Dra. Swahn, “no podemos centrar las estrategias preventivas únicamente en aquellos con sobrepeso y que lo saben, sino que también tenemos que incluir a los que creen que tienen sobrepeso aunque no sea verdad”.

Via:jano

lunes, 5 de enero de 2009

Los niños obesos que roncan tienen más sueño diurno


Los niños obesos que no pueden respirar mientras duermen padecen más somnolencia diurna excesiva que los chicos más delgados que también son roncadores crónicos, demostró un estudio publicado en la revista Pediatrics. Los síntomas en los niños con sobrepeso son "sorprendentemente reminiscentes de los patrones de somnolencia diurna excesiva en los adultos con apnea obstructiva crónica", escribieron los doctores David Gozal y Leila Kheirandish-Gozal, de la University of Louisville, en Kentucky. Esto sugiere, agregó el equipo, que la apnea obstructiva del sueño se muestra distinta en los niños obesos que en los de peso normal, lo que sería importante para el tratamiento de la enfermedad y el conocimiento de cómo altera la función de orgánica.
Ambos investigadores habían observado previamente que entre los niños con problemas de sueño, el cansancio diurno era el síntoma principal en los obesos, mientras que la somnolencia tendía a manifestarse como falta de atención e hiperactividad en los chicos con peso normal.
Para investigar la hipótesis de que los niños con ronquidos igualmente graves serían más propensos a tener somnolencia diurna si son obesos, el equipo estudió a 50 chicos de entre 6 y 9 años, saludables y con peso normal que roncaban habitualmente y los comparó con 50 niños obesos y roncadores, con el mismo género, edad y etnia.
El equipo observó a los niños mientras dormían durante toda una noche en el laboratorio y luego les hicieron una prueba múltiple de latencia del sueño para evaluar el nivel de somnolencia diurna a través de la cantidad de tiempo que demoran los niños en dormirse durante el día.
El test incluyó la posibilidad de que los niños durmieran una siesta de 30 minutos cada dos horas, a partir de las 8 de la mañana. Cada niño tuvo cinco oportunidades de dormir siesta.
En promedio, los niños obesos demoraron 12,9 minutos para dormirse y los no obesos, 17,9 minutos. Veintiún niños obesos tenían una latencia de sueño de 12 minutos o menos, lo que se observó en sólo cinco chicos con peso normal. La somnolencia diurna estuvo más sólidamente asociada con la cantidad de veces que un niño se despertaba por hora debido a alteraciones respiratorias.
Esto sugiere, según los autores, que la fragmentación del sueño sería más frecuente en los niños obesos y que la deficiencia de oxígeno durante el sueño tendría un papel importante en la producción de la respuesta biológica que eleva la somnolencia diurna. Mientras que la apnea obstructiva del sueño era más frecuente entre los chicos obesos que en los más delgados, aquéllos sin el trastorno seguían siendo aún más propensos a sentir somnolencia diurna excesiva que los niños más delgados. La obesidad y la apnea obstructiva del sueño, explicaron los investigadores, son trastornos asociados con la inflamación sistémica de bajo grado. De modo que ambas condiciones podrían actuar juntas para aumentar aún más el nivel de sustancias orgánicas promotoras de inflamación y somnolencia, sugirió el equipo. Si bien el mecanismo detrás de esa relación exige más investigación, el equipo concluyó que, por ahora, debería pesquisarse la apnea obstructiva del sueño en niños con síntomas de somnolencia diurna excesiva que no pueden permanecer despiertos.
FUENTE: Pediatrics, enero del 2009

martes, 25 de noviembre de 2008

Obesidad infantil, prohibir publicidad de comida rápida, puede disminuirla

Prohibir la publicidad de comida rápida en televisión en Estados Unidos podría disminuir un 18 por ciento la cantidad de niños con sobrepeso, informaron investigadores. Pero el equipo de la Oficina Nacional de Investigación Económica estadounidense cuestionó si sería práctico imponer ese tipo de regulación oficial, que sólo existe en Suecia, Noruega y Finlandia. "Sabemos desde hace un tiempo que la obesidad infantil ha invadido nuestra cultura, pero se han realizado pocas investigaciones empíricas que identifiquen a la publicidad televisiva como una posible causa", indicó la economista Shin-Yi Chou, de la Lehigh University en Pennsylvania. "Quizás, esta línea de investigación pueda conducir a un debate serio sobre el tipo de políticas que pueden disminuir la epidemia de obesidad en Estados Unidos", agregó la experta. Para el estudio, financiado en parte por el Gobierno federal, Chou y sus colegas emplearon datos de casi 13.000 niños que participaron del Sondeo Longitudinal Nacional sobre Niñez y Juventud en 1979 y en 1997, ambos lanzados por el Departamento de Empleo de Estados Unidos. "La medición de publicidad utilizada es la cantidad de horas de mensajes publicitarios televisivos sobre restaurantes de comida rápida que se veían por semana", escribió el equipo en Journal of Law and Economics. "Nuestros resultados indican que una prohibición de esas publicidades reduciría en una población determinada un 18 por ciento el número de chicos de entre 3 y 11 años con sobrepeso y un 14 por ciento la cantidad de adolescentes de 12 a 18 años con exceso de peso", añadieron los autores. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos estiman que el 13,9 por ciento de los niños de 2 a 5 años tienen sobrepeso, al igual que el 18,8 por ciento de los de 6 a 11 años y el 17 por ciento de aquellos de entre 12 y 19 años. Los porcentajes han estado aumentando continuamente. Mirar televisión también es un factor conocido de aumento de las tasas de obesidad, ya sea porque los chicos ejercitan menos o porque puede interferir con el sueño. El Instituto de Medicina estadounidense informó en el 2006 que existía evidencia convincente que vinculaba la publicidad sobre alimentos en televisión con el aumento de la obesidad infantil. Un estudio sugirió que los niños veían un promedio de 20.000 comerciales televisivos por año en la década de 1970, lo que aumentó a 30.000 en los diez años siguientes y trepó a más de 40.000 a fines de los 90.
Via:Reuters Health
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domingo, 7 de septiembre de 2008

Células grasas de las personas obesas están "enfermas"

Un estudio reciente señala que las células grasas de las personas obesas están "enfermas", comparadas con las de las personas delgadas. En el estudio, publicado en la edición de septiembre de Diabetes, un grupo de investigadores de la facultad de medicina de la Universidad de Temple analizaron muestras de grasa de la parte superior de los muslos de seis personas delgadas y de seis personas obesas. Hallaron diferencias significativas en las células grasas de los participantes obesos, en comparación con los delgados. "Se halló que las células grasas de nuestros pacientes obesos eran deficientes en varias áreas", señaló en un comunicado de la Universidad de Temple Guenther Boden, profesor de medicina Laura H. Carnell y jefe de endocrinología. Boden aseguró que las células grasas de las personas obesas mostraron recarga en la retícula endoplásmica (RE), que ayuda a las células a sintetizar proteínas y a monitorizar como se pliegan. Cuando la RE se recarga, explicó Boden, produce varias proteínas que al final conducen a la resistencia a la insulina. La resistencia a la insulina, a su vez, cumple una función fundamental en el desarrollo de las afecciones relacionadas con la obesidad. Las diferencias en las células grasas entre las personas obesas y las delgadas podrían ayudar a explicar la relación entre la obesidad y un mayor riesgo de diabetes, enfermedad cardiaca y accidente cerebrovascular, especuló Boden.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Cuidado infantil antes del kínder puede promover la obesidad

NUEVA YORK (Reuters Health) - Participar en un programa de cuidado infantil elevaría la probabilidad de que un niño llegue obeso al primer día del jardín de infancia o "kínder", publicó un equipo en la revista Pediatrics.
El artículo indicó también que el tipo de cuidado hace la diferencia.
Por ejemplo, los niños que quedan a cuidado de un familiar, un amigo o un vecino aunque sea ocasionalmente en su hogar son más propensos a ser obesos que los que quedan en un centro de cuidados diurno.
Aunque los niños latinos son la excepción.
Si bien tienen más riesgo de obesidad que los chicos de otras etnias, son menos propensos a tener sobrepeso cuando concurren a un programa de cuidados que cuando se quedan una semana en casa con los padres.
El estudio, dirigido por la doctora Erin J. Maher, de Casey Family Programs, en Seattle, incluyó a unos 16.000 niños de primer año del kínder, que habían y no habían recibido cuidado infantil, es decir, por lo menos 10 horas semanales a cuidado de un tercero que no era alguno de sus padres.
El cuidado infantil se dividió en cuatro tipos:
* pago o gratuito, a cargo de un familiar, un amigo o un vecino, al menos de manera ocasional en el hogar del niño;
* pago, a cargo de un amigo o vecino fuera del hogar del niño;
* programa Head Start;
* en un centro de cuidado diurno de niños, una guardería o un pre-jardín de infantes.
Se consideró obeso a un niño si su peso estaba en el percentilo 95 o más para su altura.
En general, los niños que habían recibido algún tipo de cuidado infantil eran más propensos a ser obesos que aquellos que no lo habían recibido.
De entre los cuatro tipos de cuidados, el realizado por un familiar, un amigo o un vecino era el que más asociación mostró con la obesidad. Al comparar los grupos étnicos, los niños blancos eran menos propensos a ser obesos y los latinos, los más proclives a serlo.
"Nuestro estudio destaca la necesidad de comprender mejor cómo características específicas del entorno del cuidado de los niños promueven o previenen la aparición de la obesidad", concluyó el equipo.
"Comprender esto puede, luego, dar lugar a intervenciones orientadas a los niños y las familias en el ambiente de esos cuidados", agregaron los autores.
FUENTE: Pediatrics, agosto del 2008

jueves, 17 de julio de 2008

Los alimentos para niños tienen poco valor nutritivo

(Reuters) - La mayoría de los productos alimenticios que apuntan específicamente a los niños tienen poco contenido nutricional, aún cuando más de la mitad de ellos son comercializados argumentando lo contrario, reveló un estudio canadiense.
La investigación, realizada por la University of Calgary, halló que nueve de cada 10 alimentos tenían poco valor nutritivo debido a los altos niveles de azúcar, grasa y sodio.
Casi el 70 por ciento de los productos, que no incluyeron bebidas gaseosas ni dulces ni repostería, derivaba una alta proporción de sus calorías del azúcar.
Uno de cada cinco tenías niveles de grasa elevados y un 17 por ciento, de sodio.
Con todo, el 62 por ciento de los productos con poca calidad nutritiva reclamaba tener cualidades positivas en el envase. Estos resultados se conocen en momentos de gran preocupación en el mundo por la creciente obesidad infantil.
El estudio, publicado en la edición de julio de la revista británica Obesity Reviews, indicó que sólo el 11 por ciento de los productos analizados tenía valores nutricionales buenos, según los criterios establecidos por el Centro de Ciencia para el Interés Público, una agencia benéfica estadounidense.
La investigación observó 367 alimentos e incluyó aquellos que tenían dibujos animados en el frente del envase o que estaban relacionados con películas, programas de televisión o productos para chicos.

jueves, 10 de julio de 2008

Una contradicción muy gorda

La humanidad produce actualmente más alimentos que en toda su historia, y sin embargo una cifra superior al diez por ciento de la población padece hambre. El hambre de esos 800 millones de personas ocurre al mismo tiempo que otro récord histórico: mil millones de seres humanos sufren hoy en día sobrepeso.El hambre y el sobrepeso globales son síntomas de un mismo problema. Es más, el camino que podría conducirnos a erradicar el hambre del mundo serviría de paso para prevenir las epidemias globales de diabetes y afecciones cardíacas, y para hacer frente a un montón de males medioambientales y sociales. Los obesos y los famélicos están vinculados entre sí por las cadenas de producción que llevan los alimentos desde el campo hasta nuestra mesa. Guiadas por su obsesión por los beneficios, las grandes corporaciones que nos venden comida delimitan y constriñen nuestra forma de comer y nuestra manera de pensar sobre la comida. En los puntos de venta de la comida rápida es donde con mayor claridad se ven las actuales limitaciones, pues allí apenas podemos elegir entre el McNugget y el McMuffin. Pero aun cuando creemos encontrarnos lejos del ámbito de Ronald McDonald también hay limitaciones ocultas y sistémicas.Incluso cuando queremos comprar algo sano, algo que nos mantenga alejados del médico, estamos atrapados por el propio sistema que ha creado las "Fast Food Nations" [Países de Comida Rápida, en alusión al libro homónimo de Eric Schlosser]. Intente, por ejemplo, comprar manzanas. En los supermercados de Norteamérica y de Europa, las elecciones están restringidas a media docena de variedades: Fuji, Braeburn, Granny Smith, Golden Delicious y quizá un par más. ¿Por qué éstas? Porque son atractivas: nos gusta su piel lustrada e inmaculada, y tienen un sabor que, para la mayoría del público, es inobjetable; pero también porque soportan ser transportadas a través de largas distancias y su piel no se daña si son sacudidas en el trayecto desde el huerto hasta la góndola; además, toleran las técnicas de lustrado y los compuestos que permiten el transporte y que las mantienen atractivas en los estantes, son fáciles de cosechar y responden bien a los pesticidas y a la producción industrial. Éstas son las razones por las cuales nunca encontraremos manzanas Calville Blanc, Black Oxford, Zabergau Reinette, Kandil Sinap o las antiguas y venerables Rambo en los estantes. No somos nosotros los que elegimos por nuestra cuenta porque, ni siquiera en el súper, no elaboramos nuestro menú a partir de lo que nosotros elegimos, o de la estación o el país en que nos encontramos, ni por la amplísima variedad de manzanas existente, ni por la amplísima gama de alimentos y sabores existentes, sino sometiéndonos al poder de las empresas de la alimentación.Los intereses de las empresas que producen alimentos tienen ramificaciones que van mucho más allá de lo que nos ofrecen los estantes del súper. Son esos intereses lo que huele a podrido en el corazón mismo del sistema alimentario actual. Demostrar que la habilidad sistémica de unos pocos afecta a la salud de la mayoría requiere una investigación global que implica viajar desde los "desiertos verdes" de Brasil hasta la arquitectura de la ciudad contemporánea, y moverse a través de la historia desde la época de los primeros cultivos hasta la batalla de Seattle. Es una pesquisa que descubre las verdaderas causas de las hambrunas en Asia y en África, por qué hay una epidemia mundial de suicidios entre los agricultores, por qué ya no sabemos qué contiene nuestra comida, por qué en Estados Unidos los afroamericanos presentan mayor tendencia al sobrepeso que los norteamericanos blancos, por qué hay vaqueros en el sur de Los Ángeles y cómo el movimiento social más grande del mundo está descubriendo maneras, a mayor o menor escala, de que pensemos y vivamos de un modo distinto respecto a la comida.La forma de comer alternativa a como lo hacemos actualmente promete solucionar el tema del hambre y las enfermedades relacionadas con la dieta mediante una manera de nutrirnos y de cultivar alimentos ecológicamente sostenible y socialmente justa. Entender qué problemas plantea el modo en que se cultivan los alimentos y cómo se ingieren también ofrece la clave para una mayor libertad y un camino para recuperar el placer de comer. Tan urgente es la tarea como enorme el premio.En todos los países, las contradicciones entre la obesidad, el hambre, la pobreza y la riqueza se están agudizando cada vez más. Por ejemplo, la India ha destruido millones de toneladas de cereales permitiendo que se pudran en silos mientras que la calidad de los alimentos que comen los indios pobres es la peor desde la independencia, en 1947. En el año 1992, en los mismos pueblos y aldeas donde la malnutrición había comenzado a atacar a las familias más pobres, el gobierno indio permitió que se colaran en su sitema económico, hasta entonces muy protegido, los fabricantes de refrescos extranjeros y multinacionales de la alimentación. En el plazo de una década, la India ha logrado la mayor concentración de diabéticos del mundo: personas -muy a menudo niños- cuyos cuerpos se han quebrado bajo el peso del consumo excesivo de alimentos inadecuados.La India no es el único país que padece estos contrastes. Son globales, y están presentes incluso en el país más rico del mundo. En 2005, en Estados Unidos 35,1 millones de personas no sabían si iban a poder pagarse la siguiente comida.1 Y esto coincide con el momento en que hay en Estados Unidos más comida que nunca en su historia, y también mayor número de personas aquejadas por dolencias relacionadas con la alimentación.Resulta fácil acostumbrarse a esta contradicción; su versión cotidiana sólo provoca una desazón pasajera cuando, de camino a los supermercados llenos de comida a reventar, nos cruzamos con carteles que nos hablan de gente "hambrienta" y "sin techo". Hay excusas morales que sirven para calmar a una conciencia atormentada: los pobres tienen hambre porque son perezosos, o los ricos son gordos porque comen alimentos que engordan. Esta clase de sabiduría popular es muy antigua. De alguna forma, todas las culturas han comprendido que nuestros cuerpos son libros contables donde queda registrado el catálogo de nuestros vicios privados. Sin embargo, las frases inculpatorias no nos sirven para comprender las razones por las cuales hemos llegado a una situación inédita en la que hambre, abundancia y obesidad son más compatibles que en toda nuestra historia.La condena moral sólo funcionaría si los afectados hubiesen podido hacer las cosas de forma diferente, si hubiesen tenido opciones. La prevalencia del hambre y de la obesidad afecta a la gente con demasiada regularidad y en demasiados lugares distintos como para que sean consecuencia de algún defecto personal. En parte, nuestro juicio yerra de forma tan notable debido a que todavía interpretamos los cuerpos a la manera antiintroducción gua, sin darnos cuenta de que los tiempos han cambiado. Aunque en algún momento fuese cierta, la suposición de que tener sobrepeso es ser rico ya no es válida: la obesidad no puede explicarse exclusivamente como la maldición de la opulencia individual. Hay rasgos sistémicos que marcan la diferencia. Por ejemplo en México, un país en desarrollo con unos ingresos medios de 6.000 dólares anuales, hay más adolescentes gordos que nunca, aunque el número de mexicanos pobres aumenta. La riqueza individual no explica por qué los hijos de algunas familias son más obesos que otros: el factor crucial no son los ingresos, sino la proximidad con la frontera de Estados Unidos. Cuanto más cerca viva una familia mexicana de sus vecinos del norte y de sus hábitos de comida procesadarica en grasas y en azúcar, más sobrepeso sufrirán los niños de esa familia. Que la geografía tenga tanta importancia desmiente la idea de que la elección personal es la clave para prevenir la obesidad o, del mismo modo, prevenir el hambre. Y sirve para retomar el lamento de Porfirio Díaz, el dictador de México a finales del siglo xix: "¡Pobre México! Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos".Uno de los efectos perversos del modo en que nos llega la comida a la mesa consiste en que ahora existe la posibilidad de que padezcan obesidad personas que carecen de los medios necesarios para comprarse alimentos. Los niños que se crían malnutridos en las favelas de São Paulo, por ejemplo, sufren mayor riesgo de obesidad cuando llegan a adultos. Sus cuerpos, afectados por la pobreza de la niñez, metabolizan y almacenan mal los alimentos, por lo que presentan mayor riesgo de retener como grasa la comida de mala calidad a la que tienen acceso. A lo largo y ancho del planeta, los pobres no pueden permitirse comer bien, y esto es cierto incluso en el país más rico del mundo: en Estados Unidos son los niños quienes sufren las consecuencias. Un equipo de investigación indicó recientemente que, si persisten los actuales modelos de consumo, los niños norteamericanos de hoy vivirán cinco años menos, debido a las enfermedades relacionadas con la dieta a las que estarán expuestos en el transcurso de sus vidas.En cuanto consumidores, se nos incita a pensar que un sistema económico basado en la elección individual nos salvará de los males comunes del hambre y la obesidad. Sin embargo, es precisamente la "libertad de elección" la que ha incubado estos males. Aquellos que pueden dirigirse al súper se quedan pasmados ante la posibilidad de escoger entre cincuenta marcas de cereales azucarados, media docena de tipos de leche que sabe a tiza, estantes de panes tan saturados de productos químicos que nunca se pudrirán y estantes repletos de productos cuyo ingrediente principal es el azúcar. Por ejemplo, los niños británicos tienen la posibilidad de escoger entre veintiocho marcas de cereales para el desayuno cuyo marketing está dirigido directamente a ellos. El contenido de azúcar de veintisiete de éstos excede las recomendaciones del gobierno. Nueve cereales para niños tienen un contenido de azúcar del 40 por ciento. Así pues, no es para nada sorprendente que en Reino Unido el 8,5 por ciento de los niños de seis años y más de uno de cada diez chicos de quince años sean obesos. Y los niveles están aumentando. El ejemplo de los cereales para el desayuno es un signo de un rasgo sistémico más amplio: las corporaciones que producen alimentos tienen todos los incentivos para vender comida sometida a un procesamiento que la hace más rentable, aunque menos nutritiva. Por cierto, esto también explica por qué hay a la venta muchas más variedades de cereales para el desayuno que de manzanas.Nuestras opciones tienen límites naturales. Por ejemplo, la gente está dispuesta a comer un número limitado de frutas, hortalizas y animales disponibles en la naturaleza. Pero incluso en este caso, un poco de publicidad nos puede persuadir a expandir el alcance de nuestras opciones. Pensemos en el kiwi, que hace mucho era conocido como la grosella china: para adecuarse a los prejuicios de la guerra fría la empresa de Nueva Zelanda que lo lanzó al mercado a finales de los años cincuenta le cambió el nombre. Era un sabor con el que nadie se había criado, aunque ahora parece que siempre haya existido. Y mientras agregan lentamente nuevos alimentos naturales a nuestros menús, la industria alimentaria suma todos los años decenas de miles de nuevos productos a los expositores, algunos de los cuales se convierten en elementos indispensables hasta tal punto que, después de una generación, no se puede pensar en vivir sin ellos. Esto es un signo de cuán limitada puede ser nuestra imaginación gastronómica, y también de que no estamos totalmente seguros de cómo, de dónde o por qué ciertos alimentos llegan a nuestra mesa.
Por :por Raj Patel


martes, 8 de julio de 2008

Drogas anti-colesterol para niños


CHICAGO (AP) - Un influyente grupo médico en Estados Unidos recomendó por primera vez la prescripción de medicamentos anti-colesterol a niños en riesgo de sufrir problemas cardiacos en el futuro.
Se trató de la recomendación más enfática sobre el tema dada jamás por la Academia Estadounidense de Pediatría, que el lunes publicó sus directivas. La academia recomendó además la leche de bajo contenido graso para niños de un año y exámenes de colesterol más generalizados.
El doctor Stephen Daniels, del Comité de Nutrición de la academia, dijo que las nuevas recomendaciones se basan en la evidencia creciente de que los daños que conllevan a las enfermedades cardiacas, la principal causa de muerte en Estados Unidos, comienzan temprano en la vida.
Asimismo, se deriva de estudios recientes que muestran que las drogas anti-colesterol son generalmente seguras para niños, dijo Daniels.Varias de esas drogas están aprobadas para uso pediátrico y los datos muestran que están siendo usadas cada vez más en niños.
"Si nos mostramos más activos acerca de ese problema en la infancia, pienso que podemos tener un impacto en lo que sucede más tarde durante la vida ... y evitar algunos de esos ataques cardiacos y apoplejías que ocurren en los adultos", dijo Daniels.
Daniels ha trabajado como consultor con las compañías farmacéuticas Abbott Laboratories y Merck & Co., pero no en asuntos relacionados con sus fármacos para el colesterol.
El tratamiento con esas drogas generalmente sería empleado en niños de al menos ocho años de edad que tienen mucho "colesterol malo" (LDL por sus siglas en inglés), además de otros factores de riesgo, como obesidad e hipertensión.
Para niños obesos con muy poco "colesterol bueno" (HDL), el primer paso de acción sería la pérdida de peso, más actividad física y asesoramiento nutricional, dijo la academia.
Los pediatras deberían verificar rutinariamente el colesterol de niños con familias con historial de problemas con colesterol o con padres o abuelos que hayan sufrido enfermedades cardiacas a edades tempranas, agregó la recomendación.
Asimismo, se recomiendan las verificaciones para los casos de niños cuyo historial médico familiar no es conocido y que son obesos o tienen otros factores de riesgo.
Las recomendaciones previas de la academia pediátrica decían que las drogas anti-colesterol solamente debían ser prescritas a niños mayores de 10 años que no conseguían perder peso.

lunes, 7 de julio de 2008

Higado graso en niños obesos

Entre los chicos obesos o con sobrepeso, la enfermedad de hígado graso sería un factor de riesgo específico del síndrome metabólico, que es precursor de la enfermedad cardíaca y la diabetes, reveló un estudio.
Los resultados de la investigación se publicarán en la revista Circulation, de la Asociación Estadounidense del Corazón.
El equipo del doctor Jeffrey B. Schwimmer, de la University of California en San Diego, estudió a 150 niños y niñas de entre 5 y 17 años que habían sido derivados a un especialista clínico por obesidad o presunción de enfermedad de hígado graso.
Los pacientes, en los que se había probado mediante una biopsia la enfermedad de hígado graso "no alcohólica", fueron comparados con 150 controles que tenían la misma edad y grado de obesidad pero que no padecían la condición hepática.
Los resultados mostraron que los chicos con enfermedad de hígado graso, comparados con los controles, "tenían una frecuencia muy mayor de" obesidad abdominal, colesterol elevado, hipertensión y niveles altos de glucosa en ayunas, todos factores que conforman el síndrome metabólico.
De hecho, el 50 por ciento de los niños con enfermedad de hígado graso podía ser calificado dentro del síndrome metabólico, comparado con el 15 por ciento de los participantes sin la dolencia hepática.
Schwimmer y sus colegas concluyeron que "la detección de enfermedad de hígado graso no alcohólica en un niño debería generar asesoramiento global que apunte a la nutrición, la actividad física y a evitar el tabaquismo, para prevenir el desarrollo de enfermedad cardiovascular y diabetes tipo 2".

FUENTE: Circulation, 8 de julio del 2008

domingo, 6 de julio de 2008

Campaña de odio

Elige estar bien contigo no es una estrategia de responsabilidad social, es una vergonzosa campaña que promueve el odio hacia los gordos. La rechazo.
¿Qué es Elige estar bien contigo? Un negocio de Televisa camuflajeado de buenas intenciones como lo fue Celebremos México en 2005. ¿Se acuerda?
Fue una supercampaña de recaudación económica y de relaciones públicas que se supone que iba a lograr que todos los mexicanos nos quisiéramos y que reconociéramos lo maravilloso que era nuestro país.
Al final, después de una fortuna invertida en publicidad y producción de programas de televisión, lo único que pasó fue que Televisa cerró un magnífico año a nivel utilidades. Sólo eso.
Elige estar bien contigo es más o menos lo mismo pero peor. Consiste en hacer dinero a partir de algo con lo que casi todos los mexicanos convivimos: la obesidad.
¿Por qué le digo que esto es peor que Celebremos México?
Porque Elige estar bien contigo tiene el respaldo de la Secretaría de Salud, el IMSS, la Secretaría de Educación Pública, la Secretaría de Medio Ambiente, el gobierno del Estado de México, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y el Consejo Coordinador Empresarial.
¿Y? Además de la millonada de presupuestos públicos que Televisa se está embolsando, está la parte del poder, la de la invasión a la vida privada y la del odio.
Elige estar bien contigo es un ejercicio de poder tan descarado que casi nadie se ha atrevido a cuestionarlo.
La obesidad es un problema de salud pública. ¿Y quién se encarga de atender los problemas de salud pública de nuestra nación? ¿Televisa?
Por supuesto que no. Para atender la obesidad, la diabetes, la hipertensión y decenas de problemas de salud pública similares México no tiene a Televisa, tiene una Secretaría de Salud y una larga lista de instituciones derivadas a las que usted y yo les pagamos una lanota en impuestos.
¿Qué tienen que estar haciendo la Secretaría de Salud, el IMSS y el resto de las instancias de gobierno que están metidas en esta transacción entregándole su responsabilidad a Televisa?
¿Qué sabe Televisa de obesidad? ¿Qué credibilidad tienen sus conductores para decirle a los mexicanos qué hacer con sus niños gordos? ¿Usted pondría su salud en manos de alguien que es capaz de hacer ¡Qué tarde tan padre!?
El mensaje es claro: Televisa manda por encima de nuestras autoridades y tan manda que el día que se metió con la salud pública de los mexicanos, nuestro gobierno no sólo no le dijo que no, sino que hasta le ofreció su respaldo.
¿Por qué le digo que Elige estar bien contigo representa una invasión a la vida privada? Porque Televisa, que ya se metió en nuestras casas, no tiene por qué meterse en nuestros cuerpos.
Si usted, sus padres, sus hijos o yo estamos gordos, sólo nosotros sabemos por qué, sólo nosotros sabemos si lo queremos cambiar, sólo nosotros sabemos cómo y cuándo lo vamos a hacer, y Televisa no tiene por qué venir ni a juzgarnos ni a corregirnos.
El problema de la obesidad en México no es un capricho estético, tiene que ver con educación, tiene que ver con la miseria en la que vivimos y, lo más asqueroso, tiene que ver con las contradicciones con las que la misma Televisa nos alimenta a diario.
Es de locos que Televisa nos invite a atascarnos de golosinas, botanas y refrescos azucarados, que luego nos diga que la obesidad es mala y que remate poniéndonos como prototipos de belleza a puros hombres y mujeres operados, alimentados con suplementos alimenticios y que lo único que hacen en el día es ir al gimnasio y dejarse consentir en los spa.
Por eso le digo que esto es una campaña de odio. Elige estar bien contigo, desde su título, es una amenaza para millones de personas.
Estar gordo en México no siempre es una elección. Estar gordo no tiene por qué significar estar mal y estar flaco, estar bien. Y eso de “contigo” es una trampota gramatical para despistar a la opinión pública.
Producciones como ¿Cuánto quieres perder? lo único que están haciendo es estigmatizar a los gordos como personas feas, improductivas y con tantos problemas emocionales que al final uno sólo quiere odiarlas, agredirlas, burlarse de ellas, discriminarlas y mantenerlas lejos, sin trabajo, sin esperanza, sin amor. ¡No se vale!

martes, 1 de julio de 2008

152 litros de refresco por mexicano por año

El exagerado consumo de refrescos o bebidas carbonatadas con grandes cantidades de azúcares, es un hábito ya inculcado a las nuevas generaciones que tienen que enfrentar la disyuntiva de corregir esa tendencia alimenticia o desarrollar prematuramente desde sobrepeso y obesidad hasta enfermedades como diabetes, osteoporosis e hipertensión ya presentes en el 60 por ciento de la población adulta en el país.Para el director del Centro de Investigación en Nutrición y Salud, Juan Rivera Dommarco, el creciente consumo de refrescos está condenando niños y jóvenes a engrosar cada vez más tempranamente las filas de obesos, diabéticos e hipertensos, por lo que ya se busca limitar la publicidad para esa clase de productos altamente dañinos para la salud y emprender campañas de difusión para que los padres de familia opten por bebidas sanas para el adecuado desarrollo de sus hijos."Es lamentable que desde los tres meses de vida, muchos padres empiecen a dar de beber refresco a sus hijos o endulcen exageradamente leche o líquidos, lo que sin duda, es un inadecuado hábito de crianza que mucho pesa en la salud de millones de mexicanos de todas las edades", comentó.

El especialista de la Secretaría de Salud observó que es tan acendrado ese hábito por las bebidas azucaradas que México ocupa ya el primer lugar mundial en consumo per cápita de refrescos con 152 litros lo que ha recrudecido los problemas de sobrepeso y obesidad, sobre todo entre la población infantil de entre cinco y once años de edad.Ejemplo claro del problema, subrayó, es que la prevalencia de obesidad en niños menores de 11 años aumentó de 20 a 37 por ciento en la última década en que también se registró un incremento de más de 40 por ciento en el consumo de refrescos y todo tipo de bebidas elaboradas con sacarosa, glucosa y fructosa carentes de vitaminas y minerales que fácilmente llegan al flujo sanguíneo para pasar a los tejidos y convertirse en grasa.Rivera Dommarco señaló que el sobrepeso y obesidad relacionados con la ingesta exagerada de refrescos afecta ya a uno de cuatro niños de entre cinco y once años, al 35 por ciento de la población de entre 14 y 25 años y al 70 por ciento de los adultos mayores de 40 años.Los pediatras del Hospital Infantil de México, Sandra Rangel de la Garza y Romeo Rodríguez Suárez, apuntan que es tanta la concentración de glucosa y sacarosa en las bebidas embotelladas, incluyendo jugos, que consumir un litro diario aumenta en 1.5 kilogramos el peso corporal en tan sólo dos semanas.Por el contrario, disminuir en 10 por ciento el consumo de refrescos sobre todo los de cola que contienen alta concentración de fructosa, fósforo y cafeína, significa perder cuando menos cinco kilogramos de peso en los primeros tres meses.Ambos especialistas coinciden en que el consumo de refrescos tiene impactos más dañinos en los niños porque afecta los dientes disolviendo el esmalte protector y provocando caries. Además, las bebidas de cola que abarcan un 70 por ciento del mercado, contienen ácido fosfórico que impide al organismo la absorción de calcio lo que produce descalcificación y huesos débiles que se manifiesta en talla baja y fracturas ante cualquier golpe o lesión.

Por otra parte, el consumo de refrescos altos en cafeína genera hiperactividad que en el menor se traduce en nerviosismo y trastorno de sueño, hecho que adquiere relevancia si se considera que dormir estimula la hormona del crecimiento, por lo que la falta de descanso profundo afecta el desarrollo normal.Otro de los riesgos para los infantes es consumir bebidas dietéticas que contienen aspartame como sustituto del azúcar y que de acuerdo a expertos, puede alterar las funciones metabólicas de los niños debido a que es una bebidas elaborada para los adultos que tienen un organismo y sistema inmunológico plenamente desarrollado. México ocupa el primer lugar mundial en consumo per cápita de refrescos y el segundo en importancia en ventas después de Estados Unidos. Las 230 plantas embotelladoras del país comercializan más de 300 millones de cajas al año con valor aproximado a los 15 mil 500 millones de dólares.Tan sólo entre 1998 y este año el consumo per cápita creció de 120 a 152 litros y con ello el gasto de las familias de 2 mil 850 pesos a más de 5 mil pesos anualmente, una cifra importante si se considera que las aguas carbonatadas no son consideradas un producto de primera necesidad.

La Encuesta Ingreso-Gasto del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) revela que una familia de escasos recursos destina el 7.5 por ciento de sus ingresos totales a la compra de refrescos, mientras que las familias de ingresos moderados gastan un 12 por ciento de sus ingresos en la adquisición de aguas y jugos embotellados, aquí destaca una mayor demanda por refrescos de cola que cubren el 70 por ciento del mercado.Dato importante de la encuesta es que mientras el consumo de refrescos en los últimos diez años aumento más de un 40 por ciento, en esa proporción disminuyó el consumo de leche, frutas y verduras, lo que ha incidido en un aumento inmensurable de la población con sobrepeso, diabetes y obesidad.El sobrepeso y obesidad entre la población adulta aumentó en la última década de 40 a 70 por ciento y ahora México ocupa el deshonroso segundo lugar en personas con sobrepeso sólo superado por Estados Unidos. La atención de estas enfermedades relacionadas con hábitos alimenticios inadecuados y sedentarismo, absorbe el 30 por ciento del presupuesto de la Secretaría de Salud y son la causa de mortandad más importante después los tumores malignos.Para la atención de la creciente demanda de refrescos y otras bebidas con cero valor proteínico, las embotelladoras cuentan con más de un millón de puntos de venta en todo el país. El 75 por ciento de las ventas se realizan en las pequeñas tiendas, el 24 por ciento en restaurantes, centros deportivos, discotecas y hoteles y sólo el uno por ciento en tiendas de autoservicio.Alberto Zúñiga, jefe del Departamento de Nutriología del Instituto "Salvador Zubirán" observó que consumir refrescos de manera habitual y no realizar ninguna actividad física extraordinaria más que las normales (caminar, por ejemplo), significa subir de peso 12 kilogramos por año. Y es que, puntualiza, una sola lata de refresco representa aproximadamente 13 cucharaditas de azúcar lo que incrementa la posibilidad en 1.8 por ciento de ser obeso por cada lata adicional que se consuma.El nutriólogo mencionó que independientemente de los malos hábitos alimenticios que se adquieren desde la niñez que hacen imprescindible el consumo de refrescos o aguas con gran contenido de azúcar, el aumento en los casos de sobrepeso y obesidad también tiene que ver con la introducción de alta fructosa o jarabe de maíz como endulzante que es más difícil de procesar por el organismo humano y que finalmente se convierte grasa en tejidos y arterias."Por ser más barata, los refresqueros han optado por utilizar la alta fructosa como endulzante sustituyendo la caña de azúcar que es un producto de más fácil absorción por el organismo y de menos efectos dañinos", añadió.

Ante el creciente consumo de refrescos en el país, las autoridades sanitarias urgieron al poder legislativo reformas a la Ley General de Salud para controlar y regular la publicidad de empresas embotelladoras que alientan el consumo con promociones y diversificación de marcas.Juan Rivera Dommarco consideró que es necesario limitar la publicidad dirigida sobre todo a los jóvenes, por lo que se propondrá que las embotelladoras no patrocinen competencias deportivas y que se prohíba o limite la venta de refrescos en escuelas o espacios de concurrencia de menores de 18 años.Además, precisó el funcionario de la SSA, se tiene la propuesta que a partir de enero del próximo año todos los refrescos y aguas carbonatadas incluyan la leyenda de que el abuso en el consumo es dañino para la salud.El director del Centro de Investigación en Nutrición y Salud, indicó que por igual se emprenderá un análisis exhaustivo de los contenidos proteínicos y vitamínicos de las bebidas energéticas, a fin de que el consumidor tenga la certeza de que está adquiriendo un producto que realmente significa aportación calorífica ante la pérdida de sales por el esfuerzo físico.También a principios de 2009, recalcó, se emprenderá una intensa campaña de difusión invitando a los padres de familia a sustituir el consumo de refrescos por leche y agua de frutas que además de ser altamente refrescantes aportan vitaminas y calorías.

viernes, 27 de junio de 2008

Embarazada obesa, Hijos obesos


Las mujeres que aumentan muchos kilos durante el embarazo elevarían el riesgo de sus hijos de volverse obesos en el futuro, sugirió un nuevo estudio.
Al observar datos de más de 10.000 pares de madres e hijos, investigadores de la University of Pennsylvania revelaron que los chicos cuyas madres habían aumentado de peso más de lo recomendado durante la gestación eran un 48 por ciento más propensos que los demás niños a tener sobrepeso a los 7 años.
En Estados Unidos, el Instituto de Medicina (IOM por su sigla en inglés) recomienda que las mujeres de peso normal aumenten entre 11 y 15 kilos durante el embarazo.
Las mujeres con sobrepeso antes de concebir tendrían que incrementar menos kilos (entre 6 y 11), mientras que aquellas futuras mamás por debajo de su peso normal deberían subir entre 12 y 18 kilos.
Los nuevos resultados sugieren que exceder esas recomendaciones aumentaría las posibilidades del niño de incrementar su peso en el futuro.
"Según estos resultados, alentar la alimentación sana y la actividad física aeróbica en las mujeres embarazadas para ayudarlas a cumplir con los lineamientos del IOM permitiría reducir la epidemia de obesidad infantil", señaló el doctor Brian Wrotniak, del Hospital de Niños de Filadelfia.
No obstante, los kilos aumentados durante la gestación no son todo.
Wrotniak y sus colegas hallaron que los chicos de 7 años nacidos de madres obesas pero que cumplían con los lineamientos aún eran más propensos a tener sobrepeso que sus pares cuyas madres tenían peso normal pero engordaban demasiado durante el embarazo.
Por lo tanto, mantener un peso saludable antes y entre los embarazos debería ser también un objetivo, indicó el autor.
El equipo publicó los resultados del estudio en American Journal of Clinical Nutrition.
Los hallazgos se basaron en datos de 10.266 mujeres estadounidenses que dieron a luz entre 1959 y 1965 y que participaban de un estudio que observaba los factores de riesgo de la parálisis cerebral.
Como parte del proyecto, las mujeres brindaron información sobre su peso previo al embarazo y lo midieron en el momento del parto. Sus hijos fueron seguidos hasta los 7 años.
En general, el equipo halló que las posibilidades de un niño de tener sobrepeso a los 7 años aumentaban un 3 por ciento por cada kilo que su madre había subido en el embarazo.
Los investigadores consideraron que el peso aumentado en exceso durante la gestación afectaría el desarrollo fetal de una forma que eleva el riesgo a largo plazo de obesidad infantil.

FUENTE: American Journal of Clinical Nutrition, junio del 2008