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miércoles, 10 de marzo de 2010

Refrescos, Refrescos, Refrescos y Calorias

Los refrescos azucarados parecen estar en el ojo del huracán en Estados Unidos. Después de que varios senadores hayan propuesto un gravamen especial sobre estas bebidas y el propio presidente Obama haya anunciado un plan que prevé prohibirlos completamente en las escuelas públicas en un intento de frenar la obesidad infantil, las reacciones no se han hecho esperar.
"¿Son los refrescos el nuevo tabaco?", se preguntaba esta semana un artículo publicado en el diario 'The New York Times'. Las similitudes con la lucha antihumo son claras –algunas voces también han pedido que se incluya en las etiquetas una advertencia sobre sus riesgos. No hay ningún alimento o bebida causante de la obesidad por sí mismo, sino que es un cúmulo de factores. Por tanto, achacar toda la responsabilidad a un sólo producto sería erróneo. En este sentido, hay que recordar que las calorías no son una exclusiva de las bebidas con burbujas. De hecho, hay refrescos con un contenido muy bajo en azúcares, mientras que muchos jugos y néctares pueden llevar grandes cantidades. Más que hablar de restringir la ingesta de refrescos, deberíamos hablar de moderar el consumo de bebidas con calorías. Los refrescos no son la única bebida que ha acaparado titulares esta semana. También el alcohol ha dado mucho de que hablar después de que las autoridades sanitarias británicas se hayan planteado obligar a los productores a añadir distintas advertencias en el etiquetado. Incluir frases como 'Bebe con responsabilidad' o 'Conoce tus límites' ayudaría, según sus promotores, a fomentar un consumo más adecuado. Las autoridades habían llegado hace años a un acuerdo con la industria para que estos mensajes fueran apareciendo progresivamente en sus productos. Sin embargo, el pacto no estaba dando los frutos esperados.

viernes, 23 de octubre de 2009

Liraglutida en batalla vs la obesidad


A la lista de fármacos antiobesidad no paran de unirse posibles candidatos. El último es la liraglutida, un medicamento inicialmente desarrollado para el tratamiento de la diabetes tipo 2, que ha demostrado una capacidad para producir pérdidas de peso en personas obesas. Según los resultados de un estudio preliminar, el fármaco podría ser más efectivo -en su dosis más alta- que el ya comercializado orlistat. La investigación, que aparece esta semana en la edición on line de 'The Lancet' y ha sido patrocinada por la compañía fabricante del producto -Novo Nordisk-, comparó los resultados del fármaco (en dosis inyectables de 1.2 mg, 1,8 mg, 2,4 mg y 3 mg) con los de un placebo y el citado medicamento antiobesidad oral en una muestra de 564 personas no diabéticas procedentes de 19 puntos de Europa. Además de la terapia farmacológica, todos los participantes siguieron una baja dieta en calorías y un programa de ejercicios durante las 20 semanas que duró el análisis.
Los resultados fueron alentadores para la liraglutida, ya que los pacientes en tratamiento con este fármaco -sobre todo a altas dosis- consiguieron mayores pérdidas de peso que el resto. Estos enfermos consiguieron reducir entre 4,8 y 7,2 kilos (el rango dependía de la cantidad de producto ingerida), mientras que quienes siguieron la terapia con orlistat perdieron 4,1 kilos. Por su parte, los participantes que recibieron placebo redujeron su peso en 2,8 kilos.
En su trabajo, los investigadores, destacan la efectividad de la dosis más alta del medicamento. "El 76% de los individuos tratados con liraglutida 3 mg perdió más de un 5% de peso, y casi el 30% logró reducciones del 10% después de las 20 semanas de tratamiento", recuerdan los autores, dirigidos por Arne Astrup, de la Universidad de Copenhague (Dinamarca).
Para Felipe Casanueva, director científico del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn) y catedrático de endocrinología de la Universidad de Santiago de Compostela, "esta reducción de peso es tremenda. Si un paciente pierde el 5% de su peso se reduce drásticamente su riesgo cardiovascular. Nuestro objetivo no es que el paciente consiga tener los mismos kilos que cuando era joven sino perder la cantidad necesaria para disminuir ese riesgo". En este estudio, se observó además que los beneficios antiobesidad del fármaco también se acompañaron de reducciones en la tensión arterial, la circunferencia abdominal y la frecuencia de problemas como la prediabetes. Sin embargo, los efectos secundarios fueron mucho más comunes entre los pacientes en tratamiento con liraglutida. Las náuseas y los vómitos fueron los problemas más frecuentes, aunque en la mayoría de los casos, se presentaron de forma transitoria. Aunque contentos por los resultados de su trabajo, los investigadores reconocen que son necesarios estudios clínicos a largo plazo que analicen a fondo los efectos de la liraglutida sobre el peso, los factores de riesgo cardiovascular, además de su posible papel en la prevención de la diabetes.

jueves, 13 de agosto de 2009

Es la obesidad una enfermedad infecciosa?

La obesidad se ha convertido, en los países del Primer Mundo, en la gran epidemia de este siglo. Pero sigue siendo una gran desconocida para los investigadores. ¿Cuáles son sus causas? ¿Por qué hay personas que tienen más tendencia a engordar que otras? Algunas investigaciones realizadas hasta ahora descubren una nueva hipótesis: que se trate de una enfermedad infecciosa, causada por bacterias. Un estudio realizado en Boston (EEUU) puede arrojar algo de luz sobre esta cuestión. Según se recoge en la revista 'Journal of Dental Research' (JDR), se ha comprobado que las mujeres obesas tienen una bacteria en la boca que las que están en su peso no poseen. El trabajo se realizó con 313 mujeres con una masa corporal de entre 27 y 32 (el índice normal se sitúa entre los 20 y 25) y analizando los resultados de sus muestras de saliva surgió la pregunta: ¿qué posibilidad hay de que el aumento de peso esté directamente relacionado con la flora de la mucosa oral? Los niveles de diversas bacterias eran diferentes entre las mujeres con sobrepeso y las saludables, pero una en concreto, la 'Selenomonas noxia', aparecía en la saliva de un 98'4% de las obesas, una cifra muy elevada que los expertos creen que se debe tener en cuenta. Esta bacteria es una de las causantes de la periodontitis, tanto en niños como en adultos; y también se ha encontrado de manera considerable en mujeres que recientemente han dado a luz a niños prematuros y por debajo de su peso. A pesar de ello, el trabajo resulta "interesante" para el doctor Felipe Casanueva, director ciéntífico del Centro de Investigación Biomédica en Red Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CiberOBN), puesto que está relacionado con toda una serie de estudios que se han realizado investigando las causas de esta enfermedad. La gran mayoría de ellas se han realizado, hasta el momento, con ratones. Pero mantiene la cautela: "Se tiene que completar. Se han analizado pocas bacterias y en un reducido grupo de personas. Pero la obesidad nos atenaza de tal manera que cualquier pista hay que seguirla". Y este estudio desvela una más, de ahí su relevancia. La investigación más reseñable descubrió que los ratones obesos tienen una flora microbiana intestinal diferente a la del resto. Los investigadores llegaron a la conclusión de que esta flora poseía la capacidad para cosechar calorías de la dieta. Además, al transferir la flora de ratones, tanto obesos como delgados, a los que se habían criado en un entorno estéril, la que provenía de los obesos favorecía un aumento significativamente mayor de grasa en los destinatarios. Por tanto, que las bacterias tienen un papel fundamental en la obesidad parece algo cada vez más claro.
"Si observamos el mapa de la obesidad, ésta se parece más a una infección que a una enfermedad", añade el director científico del CiberOBN, y es por ello que "se sospecha" que este trastorno puede tener que ver con "el microorganismo". "La única explicación que tenemos actualmente", prosigue Casanueva "es el cambio que ha experimentado el mundo en tan sólo 50 años. Por primera vez, el hombre ya no pasa hambre ni gasta energía para conseguir alimentos". Así, al sedentarismo se le une un exceso de alimentación. La cuestión a resolver, según afirma, es ¿por qué el ser humano no para de comer cuando ha ingerido suficientes alimentos? "Nos faltan mecanismos que nos defiendan", puesto que es un problema reciente al que el organismo humano nunca se había tenido que enfrentar. Los investigadores del estudio, liderados por J.M. Goodson, afirman que la relación entre la obesidad y las bacterias orales es mucho más compleja y variada, y que puede ser circunstancial. El doctor Casanueva, por su parte, se pregunta "¿la 'Selenomonas noxia' es una causa o una consecuencia?" De todos modos, este estudio es un paso más en el largo camino para desentrañar los misterios de una de las enfermedades más comunes pero, también, más desconocidas de nuestra sociedad.

lunes, 18 de mayo de 2009

El sobrepeso, factor de riesgo de suicidio en la adolescencia


El riesgo se incrementa hasta un 45% en aquellos que, aun normopesos, consideran que su peso es excesivo Según concluye un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad Estatal de Georgia en Atlanta (Estados Unidos) y publicado en la edición digital de la revista Journal of Adolescent Health, los adolescentes con sobrepeso, o que simplemente consideran que presentan sobrepeso, presentan un mayor riesgo de suicidio. El estudio, llevado a cabo a partir de los datos recopilados en 2007 de más de 14.041 estudiantes de institutos estadounidenses, mostró que los adolescentes con sobrepeso reconocen haber intentado suicidarse en torno a un 33% de veces más que sus homónimos normopesos. Es más; en el caso de aquellos que consideran que tienen sobrepeso –incluidos aquellos que no según parámetros objetivos– tienen un riesgo incrementado del 45% de cometer suicidio en comparación con aquellos que creen que presentan un peso normal. En palabras de la Dra. Monica Swahn, investigadora principal del estudio, “nuestros hallazgos muestran que los adolescentes con sobrepeso, real o imaginario, tienen un mayor riesgo de suicidarse. Una situación realmente preocupante si atendemos a que la cifra de niños y jóvenes con sobrepeso u obesidad es cada vez mayor”. Concretamente, más del 8% de los alumnos con sobrepeso u obesidad reconoció haber intentado suicidarse, porcentaje que en sus homónimos normopesos se estableció en el 6,5%. De la misma manera, prácticamente el 10% de aquellos que consideraban tener un exceso de peso reconoció haber intentado suicidarse, una cifra que el caso de los que consideraban presentar un peso normal se estableció justo por debajo del 6%. Las razones por las que se explican estos hallazgos permanecen desconocidas, si bien los autores apuntan a que la presión social por tener un cuerpo “ideal” y el estigma asociado con el “exceso de kilos” podrían justificar, cuando menos parcialmente, la asociación. Como apunta la Dra. Swahn, “los jóvenes se sienten muy presionados por ajustarse a unos ideales limitados de belleza”. Además, el hecho de que el riesgo de suicidio se asociara a las percepciones de los jóvenes sobre sus cuerpos muestra que los esfuerzos en la prevención deben abarcar un grupo más amplio de niños. Como concluye la Dra. Swahn, “no podemos centrar las estrategias preventivas únicamente en aquellos con sobrepeso y que lo saben, sino que también tenemos que incluir a los que creen que tienen sobrepeso aunque no sea verdad”.

Via:jano

martes, 25 de noviembre de 2008

Obesidad infantil, prohibir publicidad de comida rápida, puede disminuirla

Prohibir la publicidad de comida rápida en televisión en Estados Unidos podría disminuir un 18 por ciento la cantidad de niños con sobrepeso, informaron investigadores. Pero el equipo de la Oficina Nacional de Investigación Económica estadounidense cuestionó si sería práctico imponer ese tipo de regulación oficial, que sólo existe en Suecia, Noruega y Finlandia. "Sabemos desde hace un tiempo que la obesidad infantil ha invadido nuestra cultura, pero se han realizado pocas investigaciones empíricas que identifiquen a la publicidad televisiva como una posible causa", indicó la economista Shin-Yi Chou, de la Lehigh University en Pennsylvania. "Quizás, esta línea de investigación pueda conducir a un debate serio sobre el tipo de políticas que pueden disminuir la epidemia de obesidad en Estados Unidos", agregó la experta. Para el estudio, financiado en parte por el Gobierno federal, Chou y sus colegas emplearon datos de casi 13.000 niños que participaron del Sondeo Longitudinal Nacional sobre Niñez y Juventud en 1979 y en 1997, ambos lanzados por el Departamento de Empleo de Estados Unidos. "La medición de publicidad utilizada es la cantidad de horas de mensajes publicitarios televisivos sobre restaurantes de comida rápida que se veían por semana", escribió el equipo en Journal of Law and Economics. "Nuestros resultados indican que una prohibición de esas publicidades reduciría en una población determinada un 18 por ciento el número de chicos de entre 3 y 11 años con sobrepeso y un 14 por ciento la cantidad de adolescentes de 12 a 18 años con exceso de peso", añadieron los autores. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos estiman que el 13,9 por ciento de los niños de 2 a 5 años tienen sobrepeso, al igual que el 18,8 por ciento de los de 6 a 11 años y el 17 por ciento de aquellos de entre 12 y 19 años. Los porcentajes han estado aumentando continuamente. Mirar televisión también es un factor conocido de aumento de las tasas de obesidad, ya sea porque los chicos ejercitan menos o porque puede interferir con el sueño. El Instituto de Medicina estadounidense informó en el 2006 que existía evidencia convincente que vinculaba la publicidad sobre alimentos en televisión con el aumento de la obesidad infantil. Un estudio sugirió que los niños veían un promedio de 20.000 comerciales televisivos por año en la década de 1970, lo que aumentó a 30.000 en los diez años siguientes y trepó a más de 40.000 a fines de los 90.
Via:Reuters Health
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lunes, 24 de noviembre de 2008

Síndrome del comedor nocturno

Las personas que sufren el llamado "síndrome del comedor nocturno" (night eating syndrome) tienen diversos puntos en común: inapetencia durante la mañana, incluso apenas comen en la primera mitad del día, y fuerte apetito en la segunda parte de la jornada. Esto les conduce a comer demasiado en la cena y durante la noche. A estos síntomas se suman otros, como el insomnio y los frecuentes despertares nocturnos, acompañados en muchos casos por la sensación de hambre y la necesidad irrefrenable de comer. En las consultas de dietética y también en las de psiquiatría encontramos personas con un comportamiento alimentario anormal muy definido. Cuentan con preocupación y angustia cómo el momento del día en el que sienten que pierden el control por la comida es durante la noche, no exclusivamente a la hora de la cena, sino en el transcurso de la noche. Son personas que sufren insomnio y se despiertan varias veces con sensación de tener mucha hambre (hiperfagia), lo que les lleva a levantarse de la cama y comer. Se trata de un trastorno del comportamiento alimentario caracterizado por una desincronización de los patrones de ingesta de alimentos, que se observa en un elevado porcentaje de personas obesas. Al comer a esas horas, el organismo concentra su energía y sus esfuerzos en el proceso de la digestión, lo que perturba el sueño y hace que sean tan habituales los despertares nocturnos; así se consolida el círculo vicioso. A este comportamiento característico se suma la anorexia, entendida como falta de apetito que sienten durante la mañana e incluso durante la primera mitad del día. Todas estas características conforman en clínica lo que se ha denominado "night eating syndrome" o síndrome del comedor nocturno.  Se trata de un trastorno del comportamiento alimentario que se distingue claramente de la bulimia nerviosa por varios aspectos como el momento concreto de la ingesta (sólo por la noche); la ausencia de acciones compensatorias (vómitos, uso de laxantes y diuréticos) y porque la ingesta de alimentos, aunque se haga en repetidas ocasiones a lo largo de la noche, consiste en pequeños tentempiés en cada ocasión, más que en un atracón o una comilona. Ahora unas pocas galletas, luego un vaso de leche, más tarde una loncha de jamón con pan... Por otra parte, la particular desincronización del patrón de comidas, es decir, el hecho de que la persona apenas coma durante el día y concentre la ingesta alimentaria por la noche, es lo que diferencia a este trastorno de otro denominado "trastorno por atracón" o "binge eating". En este último caso, casi de manera inconsciente, se trata de calmar con alimentos un estado de ansiedad o euforia mal canalizado, que puede haber comenzado por razones muy diversas. La persona busca en la comida el placer esperado o deseado en cualquier momento del día. Aunque el consumo de alimentos tras cada "despertar" no es excesivo, si el hábito se acentúa, con el tiempo este consumo de energía de más se traduce en aumento de peso, que puede ser el primer paso para el desarrollo de obesidad. La asociación entre la obesidad y este síndrome se ha constatado en el mayor estudio controlado realizado hasta el momento que analiza los patrones de sueño y alimentación en pacientes obesos. En la investigación, llevada a cabo desde el Weight and Eating Disorder Program, del Departamento de Psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pennsylvania, en EE.UU., se observaron diferencias sustanciales en el patrón de consumo alimentario entre el grupo control y el grupo de pacientes con síndrome de comer por la noche. Los investigadores comprobaron cómo la ingesta de energía en las primeras ocho horas del día (de las seis de la mañana a las dos del mediodía) suponía un promedio de tan sólo 575 kcal en los 46 pacientes con síndrome frente a las 1.082 kcal de los 43 pacientes obesos del grupo control.  Para ser conscientes del poco consumo de alimentos durante esta primera parte del día, cabe decir que las 575 kcal se pueden alcanzar con la ingesta de un desayuno que incluya un vaso de leche entera con café y azúcar, un sándwich de jamón y queso manchego y un vaso de zumo de naranja. En el estudio, tras analizar la ingesta alimentaria de la segunda mitad del día (desde las dos del mediodía a las diez de la noche), no observaron diferencias relevantes, mientras que sí hubo un cambio reseñable en el consumo alimentario entre ambos grupos por la noche. Mientras que la ingesta energética en las últimas ocho horas (de las diez de la noche a las seis de la mañana) en los pacientes con síndrome rondaba las 600 kcal, en el grupo control tan sólo fue de alrededor de 120 kcal.  Un dato relevante es que la ingesta total de energía a lo largo de todo el día fue prácticamente similar en los dos grupos. Tras analizar los resultados se observa la asociación tan evidente que existe entre este trastorno y la obesidad. Cerca de la mitad de los pacientes diagnosticados con este síndrome tenían un peso normal antes de la aparición del trastorno alimentario, lo que induce a pensar que este trastorno condiciona y/o favorece de manera relevante la aparición de la obesidad.  Según diversas investigaciones internacionales llevadas a cabo entre la población norteamericana, la prevalencia de este trastorno alimentario es muy superior en personas obesas (8-27% según distintos estudios) respecto a personas no obesas (1,5%), si bien se precisan más estudios epidemiológicos sobre esta problemática para conocer con más precisión la prevalencia real de este trastorno. Según los especialistas, a la hora de establecer un diagnóstico claro del síndrome de comedor nocturno se requiere que la ingesta de alimentos después de la cena suponga como mínimo la mitad de la ingesta de energía diaria. La manera de conocer con la máxima precisión esta información es que la persona anote todo lo que come a lo largo del día, que en nutrición clínica se denomina la técnica del registro de alimentos o "recuerdo de 24 horas".  Este tipo de análisis consiste en anotar a lo largo del día todos los alimentos ingeridos, de la forma más detallada posible en lo relativo a cantidades, tipo de alimento o modo de preparación, junto a la hora o el momento del día de su consumo. En el tratamiento multidisciplinar de los trastornos de la conducta alimentaria, tanto el psiquiatra como el psicólogo y el dietista coinciden en la utilidad de anotar al lado de los alimentos ingeridos los sentimientos o las sensaciones experimentados en el momento de la ingesta o de la elección de cada alimento (tristeza, euforia o aburrimiento, entre otros). Desde el Departamento de Psiquiatría del Center for Weight and Eating Disorders, se facilita on line al usuario la posibilidad de recibir información tras rellenar el "Night eating syndrome questionnaire", un cuestionario que ha sido validado por la clase médica para el diagnóstico de este síndrome.
Por:MAITE ZUDAIRE

sábado, 25 de octubre de 2008

Nuevo fármaco contra la obesidad

A juzgar por los resultados de un trabajo danés, la lucha contra la obesidad podría contar pronto con una nueva arma farmacológica. Según sus datos, la tesofensina, un medicamento que se emplea para tratar enfermedades como el Parkinson y el Alzheimer, consigue pérdidas de peso hasta dos veces superiores a las producidas por las píldoras 'antiobesidad' actualmente autorizadas. El nuevo fármaco actúa sobre ciertos neurotransmisores, como la noradrenalina, la dopamina y la serotonina, suprimiendo la sensación de hambre y provocando, por tanto, una reducción del peso. Su efectividad y seguridad se había comprobado en estudios en animales y, de forma indirecta, en trabajos que evaluaban su impacto en el tratamiento de enfermedades neurológicas, ya que los pacientes obesos que lo tomaban registraban pérdidas de peso.
Resultados preliminares: Una reciente investigación danesa ha analizado específicamente su efecto sobre individuos con sobrepeso y sus conclusiones, publicadas en el último número de la revista 'The Lancet', muestran que es más efectivo y seguro que orlistat, sibutramina y rimonabant, los fármacos autorizados para tratar la obesidad. Sin embargo, los autores del trabajo, liderados por Arne Astrup, profesor de Nutrición en la Universidad de Copenhague, remarcan que se trata de un estudio pequeño y en fase II, por lo que sus resultados necesitan ser confirmados por trabajos más exhaustivos. El estudio analizó el caso de 203 pacientes obesos, que estaban bajo tratamiento en cinco centros daneses. Tras pedir a todos los participantes que iniciaran una dieta hipocalórica y darles instrucciones para que incrementaran progresivamente su actividad física, los investigadores indicaron a la mitad del grupo un tratamiento con tesofensina durante 24 semanas (las dosis variaron entre 0.25 mg, 0.5 mg o 1 mg al día). El resto, por el contrario, recibió un placebo en el mismo periodo. Al analizar los datos de los 161 individuos que finalmente completaron el estudio, los investigadores comprobaron que los pacientes que habían recibido tesofensina experimentaba pérdidas de peso mucho mayores que el resto de participantes. Así, mientras que la báscula de los individuos que habían tomado el placebo bajó 2,2 kilos, la de quienes tomaron el principio activo lo hizo en 6,7 kilos si habían tomado la dosis más baja, 11,3 kilos si lo que recibieron fue la cantidad intermedia y 12,8 kilos si habían ingerido 1 mg de tesofensina al día. "Nuestros resultados deben compararse con la bajada de 2,9 kilos que produce orlistat, los 4,2 de sibutramina y los 4,7 que alcanza rimonabant en el mismo periodo", señalan los investigadores en su trabajo. También se registraron mejoras en el metabolismo de la glucosa (aunque no se apreció una reducción del azúcar en sangre) y los niveles de colesterol y triglicéridos entre los pacientes que tomaron tesofensina, si bien "sólo la dosis de 0,25 mg produjo reducciones significativas del LDL" [o colesterol 'malo'].
Efectos adversos: Nauseas, sequedad bucal, insomnio, mareo, diarreas y estreñimiento fueron los efectos secundarios más comunes entre quienes ingirieron la tesofensina, aunque se registraron principalmente en el grupo que tomó la dosis más alta del fármaco. Estos pacientes también presentaron un aumento de su tensión arterial y un incremento considerable del ritmo cardiaco, algo que no experimentaron ni los participantes que tomaron el placebo ni los individuos que tomaron la dosis más baja del medicamento. Aunque no se apreciaron aumentos de problemas psiquátricos como la ansiedad, sí se puso de manifiesto una tendencia a sufrir más cambios de humor. "Con el creciente interés sobre los efectos psiquiátricos adversos producidos por rimonabant, es necesario una evaluación más exhaustiva de los efectos de la tesofensina en otros trabajos", añaden los autores. Según la hipótesis de los investigadores, la dosis de 0,5 mg del fármaco es la más prometedora, porque produce una pérdida significativa de peso con menos efectos secundarios que las cantidades más altas. "[Tomar esta dosis] una vez al día durante seis meses tiene el potencial para generar una pérdida de peso dos veces mayor que los fármacos actualmente aprobados. De todas formas, se necesitan estudios más largos y de fase III para corroborar nuestros hallazgos", concluyen los investigadores.Orlistat, ¿sin receta?, Por otra parte, el Comité de Medicamentos par Uso Humano de la Agencia Europea del Medicamento acaba de dar el visto bueno para que un fármaco a base de orlistat -comercializado como Alli por GlaxoSmithKline- se venda sin receta. Según ha anunciado la compañía farmacéutica, el siguiente paso será pedir la autorización para este tipo de comercialización a la Comisión Europea. Si la decisión del organismo fuera positiva, este medicamento se convertiría en la primera píldora antiobesidad disponible sin necesidad de prescripción médica en Europa. En Estados Unidos, el fármaco se vende sin receta desde hace poco más de un año.
Via: elmundo.es

domingo, 7 de septiembre de 2008

Células grasas de las personas obesas están "enfermas"

Un estudio reciente señala que las células grasas de las personas obesas están "enfermas", comparadas con las de las personas delgadas. En el estudio, publicado en la edición de septiembre de Diabetes, un grupo de investigadores de la facultad de medicina de la Universidad de Temple analizaron muestras de grasa de la parte superior de los muslos de seis personas delgadas y de seis personas obesas. Hallaron diferencias significativas en las células grasas de los participantes obesos, en comparación con los delgados. "Se halló que las células grasas de nuestros pacientes obesos eran deficientes en varias áreas", señaló en un comunicado de la Universidad de Temple Guenther Boden, profesor de medicina Laura H. Carnell y jefe de endocrinología. Boden aseguró que las células grasas de las personas obesas mostraron recarga en la retícula endoplásmica (RE), que ayuda a las células a sintetizar proteínas y a monitorizar como se pliegan. Cuando la RE se recarga, explicó Boden, produce varias proteínas que al final conducen a la resistencia a la insulina. La resistencia a la insulina, a su vez, cumple una función fundamental en el desarrollo de las afecciones relacionadas con la obesidad. Las diferencias en las células grasas entre las personas obesas y las delgadas podrían ayudar a explicar la relación entre la obesidad y un mayor riesgo de diabetes, enfermedad cardiaca y accidente cerebrovascular, especuló Boden.

sábado, 19 de julio de 2008

El sobrepeso y la obesidad afectan la sexualidad de las personas.

Ocho de cada diez personas con sobrepeso u obesidad considera que su sexualidad se ve afectada por su exceso de peso, según reveló la encuesta “Enciende la luz”, aplicada a casi 3 mil 800 personas.Este estudio se llevó a cabo entre 3 mil 792 personas que son atendidas en el plan diseñado por la farmacéutica Roche para el tratamiento de la obesidad, que incluye atención médica, nutricional, psicológica y física.El 96 por ciento de las y los encuestados (sólo 261 fueron hombres) dijeron que se sentirían más libres en su sexualidad con unos kilos menos, y 80 por ciento de ellos prefieren el intercambio sexual con la luz apagada, debido a que al 44.3 por ciento no les gusta su cuerpo, al 16 por ciento le da vergüenza y el 14.5 por ciento no se siente deseado por su pareja.Patricia García Fernández, doctora en Psicología, afirmó que este sondeo muestra que las personas no sólo se enfrentan a los problemas físicos sino también emocionales, “de hecho, dentro de los resultados presentados se reveló que el 79 por ciento de los encuestados dijo tener inseguridad por su imagen en el momento de tener relaciones sexuales”.“La obesidad es un problema que no sólo afecta su salud sino también otros aspectos, ya que provoca rechazo, depresión y problemas sexuales, por ello, la necesidad de un apoyo integral, que aborde alimentación, ejercicio y equilibrio emocional”, comentó la especialista.En el plan para perder peso de la compañía se propone el tratamiento integral del sobrepeso y la obesidad, esto es, acudir a un médico y otros especialistas para ser tratado, así como evitar la automedicación.

jueves, 17 de julio de 2008

Los alimentos para niños tienen poco valor nutritivo

(Reuters) - La mayoría de los productos alimenticios que apuntan específicamente a los niños tienen poco contenido nutricional, aún cuando más de la mitad de ellos son comercializados argumentando lo contrario, reveló un estudio canadiense.
La investigación, realizada por la University of Calgary, halló que nueve de cada 10 alimentos tenían poco valor nutritivo debido a los altos niveles de azúcar, grasa y sodio.
Casi el 70 por ciento de los productos, que no incluyeron bebidas gaseosas ni dulces ni repostería, derivaba una alta proporción de sus calorías del azúcar.
Uno de cada cinco tenías niveles de grasa elevados y un 17 por ciento, de sodio.
Con todo, el 62 por ciento de los productos con poca calidad nutritiva reclamaba tener cualidades positivas en el envase. Estos resultados se conocen en momentos de gran preocupación en el mundo por la creciente obesidad infantil.
El estudio, publicado en la edición de julio de la revista británica Obesity Reviews, indicó que sólo el 11 por ciento de los productos analizados tenía valores nutricionales buenos, según los criterios establecidos por el Centro de Ciencia para el Interés Público, una agencia benéfica estadounidense.
La investigación observó 367 alimentos e incluyó aquellos que tenían dibujos animados en el frente del envase o que estaban relacionados con películas, programas de televisión o productos para chicos.

jueves, 10 de julio de 2008

Una contradicción muy gorda

La humanidad produce actualmente más alimentos que en toda su historia, y sin embargo una cifra superior al diez por ciento de la población padece hambre. El hambre de esos 800 millones de personas ocurre al mismo tiempo que otro récord histórico: mil millones de seres humanos sufren hoy en día sobrepeso.El hambre y el sobrepeso globales son síntomas de un mismo problema. Es más, el camino que podría conducirnos a erradicar el hambre del mundo serviría de paso para prevenir las epidemias globales de diabetes y afecciones cardíacas, y para hacer frente a un montón de males medioambientales y sociales. Los obesos y los famélicos están vinculados entre sí por las cadenas de producción que llevan los alimentos desde el campo hasta nuestra mesa. Guiadas por su obsesión por los beneficios, las grandes corporaciones que nos venden comida delimitan y constriñen nuestra forma de comer y nuestra manera de pensar sobre la comida. En los puntos de venta de la comida rápida es donde con mayor claridad se ven las actuales limitaciones, pues allí apenas podemos elegir entre el McNugget y el McMuffin. Pero aun cuando creemos encontrarnos lejos del ámbito de Ronald McDonald también hay limitaciones ocultas y sistémicas.Incluso cuando queremos comprar algo sano, algo que nos mantenga alejados del médico, estamos atrapados por el propio sistema que ha creado las "Fast Food Nations" [Países de Comida Rápida, en alusión al libro homónimo de Eric Schlosser]. Intente, por ejemplo, comprar manzanas. En los supermercados de Norteamérica y de Europa, las elecciones están restringidas a media docena de variedades: Fuji, Braeburn, Granny Smith, Golden Delicious y quizá un par más. ¿Por qué éstas? Porque son atractivas: nos gusta su piel lustrada e inmaculada, y tienen un sabor que, para la mayoría del público, es inobjetable; pero también porque soportan ser transportadas a través de largas distancias y su piel no se daña si son sacudidas en el trayecto desde el huerto hasta la góndola; además, toleran las técnicas de lustrado y los compuestos que permiten el transporte y que las mantienen atractivas en los estantes, son fáciles de cosechar y responden bien a los pesticidas y a la producción industrial. Éstas son las razones por las cuales nunca encontraremos manzanas Calville Blanc, Black Oxford, Zabergau Reinette, Kandil Sinap o las antiguas y venerables Rambo en los estantes. No somos nosotros los que elegimos por nuestra cuenta porque, ni siquiera en el súper, no elaboramos nuestro menú a partir de lo que nosotros elegimos, o de la estación o el país en que nos encontramos, ni por la amplísima variedad de manzanas existente, ni por la amplísima gama de alimentos y sabores existentes, sino sometiéndonos al poder de las empresas de la alimentación.Los intereses de las empresas que producen alimentos tienen ramificaciones que van mucho más allá de lo que nos ofrecen los estantes del súper. Son esos intereses lo que huele a podrido en el corazón mismo del sistema alimentario actual. Demostrar que la habilidad sistémica de unos pocos afecta a la salud de la mayoría requiere una investigación global que implica viajar desde los "desiertos verdes" de Brasil hasta la arquitectura de la ciudad contemporánea, y moverse a través de la historia desde la época de los primeros cultivos hasta la batalla de Seattle. Es una pesquisa que descubre las verdaderas causas de las hambrunas en Asia y en África, por qué hay una epidemia mundial de suicidios entre los agricultores, por qué ya no sabemos qué contiene nuestra comida, por qué en Estados Unidos los afroamericanos presentan mayor tendencia al sobrepeso que los norteamericanos blancos, por qué hay vaqueros en el sur de Los Ángeles y cómo el movimiento social más grande del mundo está descubriendo maneras, a mayor o menor escala, de que pensemos y vivamos de un modo distinto respecto a la comida.La forma de comer alternativa a como lo hacemos actualmente promete solucionar el tema del hambre y las enfermedades relacionadas con la dieta mediante una manera de nutrirnos y de cultivar alimentos ecológicamente sostenible y socialmente justa. Entender qué problemas plantea el modo en que se cultivan los alimentos y cómo se ingieren también ofrece la clave para una mayor libertad y un camino para recuperar el placer de comer. Tan urgente es la tarea como enorme el premio.En todos los países, las contradicciones entre la obesidad, el hambre, la pobreza y la riqueza se están agudizando cada vez más. Por ejemplo, la India ha destruido millones de toneladas de cereales permitiendo que se pudran en silos mientras que la calidad de los alimentos que comen los indios pobres es la peor desde la independencia, en 1947. En el año 1992, en los mismos pueblos y aldeas donde la malnutrición había comenzado a atacar a las familias más pobres, el gobierno indio permitió que se colaran en su sitema económico, hasta entonces muy protegido, los fabricantes de refrescos extranjeros y multinacionales de la alimentación. En el plazo de una década, la India ha logrado la mayor concentración de diabéticos del mundo: personas -muy a menudo niños- cuyos cuerpos se han quebrado bajo el peso del consumo excesivo de alimentos inadecuados.La India no es el único país que padece estos contrastes. Son globales, y están presentes incluso en el país más rico del mundo. En 2005, en Estados Unidos 35,1 millones de personas no sabían si iban a poder pagarse la siguiente comida.1 Y esto coincide con el momento en que hay en Estados Unidos más comida que nunca en su historia, y también mayor número de personas aquejadas por dolencias relacionadas con la alimentación.Resulta fácil acostumbrarse a esta contradicción; su versión cotidiana sólo provoca una desazón pasajera cuando, de camino a los supermercados llenos de comida a reventar, nos cruzamos con carteles que nos hablan de gente "hambrienta" y "sin techo". Hay excusas morales que sirven para calmar a una conciencia atormentada: los pobres tienen hambre porque son perezosos, o los ricos son gordos porque comen alimentos que engordan. Esta clase de sabiduría popular es muy antigua. De alguna forma, todas las culturas han comprendido que nuestros cuerpos son libros contables donde queda registrado el catálogo de nuestros vicios privados. Sin embargo, las frases inculpatorias no nos sirven para comprender las razones por las cuales hemos llegado a una situación inédita en la que hambre, abundancia y obesidad son más compatibles que en toda nuestra historia.La condena moral sólo funcionaría si los afectados hubiesen podido hacer las cosas de forma diferente, si hubiesen tenido opciones. La prevalencia del hambre y de la obesidad afecta a la gente con demasiada regularidad y en demasiados lugares distintos como para que sean consecuencia de algún defecto personal. En parte, nuestro juicio yerra de forma tan notable debido a que todavía interpretamos los cuerpos a la manera antiintroducción gua, sin darnos cuenta de que los tiempos han cambiado. Aunque en algún momento fuese cierta, la suposición de que tener sobrepeso es ser rico ya no es válida: la obesidad no puede explicarse exclusivamente como la maldición de la opulencia individual. Hay rasgos sistémicos que marcan la diferencia. Por ejemplo en México, un país en desarrollo con unos ingresos medios de 6.000 dólares anuales, hay más adolescentes gordos que nunca, aunque el número de mexicanos pobres aumenta. La riqueza individual no explica por qué los hijos de algunas familias son más obesos que otros: el factor crucial no son los ingresos, sino la proximidad con la frontera de Estados Unidos. Cuanto más cerca viva una familia mexicana de sus vecinos del norte y de sus hábitos de comida procesadarica en grasas y en azúcar, más sobrepeso sufrirán los niños de esa familia. Que la geografía tenga tanta importancia desmiente la idea de que la elección personal es la clave para prevenir la obesidad o, del mismo modo, prevenir el hambre. Y sirve para retomar el lamento de Porfirio Díaz, el dictador de México a finales del siglo xix: "¡Pobre México! Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos".Uno de los efectos perversos del modo en que nos llega la comida a la mesa consiste en que ahora existe la posibilidad de que padezcan obesidad personas que carecen de los medios necesarios para comprarse alimentos. Los niños que se crían malnutridos en las favelas de São Paulo, por ejemplo, sufren mayor riesgo de obesidad cuando llegan a adultos. Sus cuerpos, afectados por la pobreza de la niñez, metabolizan y almacenan mal los alimentos, por lo que presentan mayor riesgo de retener como grasa la comida de mala calidad a la que tienen acceso. A lo largo y ancho del planeta, los pobres no pueden permitirse comer bien, y esto es cierto incluso en el país más rico del mundo: en Estados Unidos son los niños quienes sufren las consecuencias. Un equipo de investigación indicó recientemente que, si persisten los actuales modelos de consumo, los niños norteamericanos de hoy vivirán cinco años menos, debido a las enfermedades relacionadas con la dieta a las que estarán expuestos en el transcurso de sus vidas.En cuanto consumidores, se nos incita a pensar que un sistema económico basado en la elección individual nos salvará de los males comunes del hambre y la obesidad. Sin embargo, es precisamente la "libertad de elección" la que ha incubado estos males. Aquellos que pueden dirigirse al súper se quedan pasmados ante la posibilidad de escoger entre cincuenta marcas de cereales azucarados, media docena de tipos de leche que sabe a tiza, estantes de panes tan saturados de productos químicos que nunca se pudrirán y estantes repletos de productos cuyo ingrediente principal es el azúcar. Por ejemplo, los niños británicos tienen la posibilidad de escoger entre veintiocho marcas de cereales para el desayuno cuyo marketing está dirigido directamente a ellos. El contenido de azúcar de veintisiete de éstos excede las recomendaciones del gobierno. Nueve cereales para niños tienen un contenido de azúcar del 40 por ciento. Así pues, no es para nada sorprendente que en Reino Unido el 8,5 por ciento de los niños de seis años y más de uno de cada diez chicos de quince años sean obesos. Y los niveles están aumentando. El ejemplo de los cereales para el desayuno es un signo de un rasgo sistémico más amplio: las corporaciones que producen alimentos tienen todos los incentivos para vender comida sometida a un procesamiento que la hace más rentable, aunque menos nutritiva. Por cierto, esto también explica por qué hay a la venta muchas más variedades de cereales para el desayuno que de manzanas.Nuestras opciones tienen límites naturales. Por ejemplo, la gente está dispuesta a comer un número limitado de frutas, hortalizas y animales disponibles en la naturaleza. Pero incluso en este caso, un poco de publicidad nos puede persuadir a expandir el alcance de nuestras opciones. Pensemos en el kiwi, que hace mucho era conocido como la grosella china: para adecuarse a los prejuicios de la guerra fría la empresa de Nueva Zelanda que lo lanzó al mercado a finales de los años cincuenta le cambió el nombre. Era un sabor con el que nadie se había criado, aunque ahora parece que siempre haya existido. Y mientras agregan lentamente nuevos alimentos naturales a nuestros menús, la industria alimentaria suma todos los años decenas de miles de nuevos productos a los expositores, algunos de los cuales se convierten en elementos indispensables hasta tal punto que, después de una generación, no se puede pensar en vivir sin ellos. Esto es un signo de cuán limitada puede ser nuestra imaginación gastronómica, y también de que no estamos totalmente seguros de cómo, de dónde o por qué ciertos alimentos llegan a nuestra mesa.
Por :por Raj Patel


domingo, 6 de julio de 2008

Campaña de odio

Elige estar bien contigo no es una estrategia de responsabilidad social, es una vergonzosa campaña que promueve el odio hacia los gordos. La rechazo.
¿Qué es Elige estar bien contigo? Un negocio de Televisa camuflajeado de buenas intenciones como lo fue Celebremos México en 2005. ¿Se acuerda?
Fue una supercampaña de recaudación económica y de relaciones públicas que se supone que iba a lograr que todos los mexicanos nos quisiéramos y que reconociéramos lo maravilloso que era nuestro país.
Al final, después de una fortuna invertida en publicidad y producción de programas de televisión, lo único que pasó fue que Televisa cerró un magnífico año a nivel utilidades. Sólo eso.
Elige estar bien contigo es más o menos lo mismo pero peor. Consiste en hacer dinero a partir de algo con lo que casi todos los mexicanos convivimos: la obesidad.
¿Por qué le digo que esto es peor que Celebremos México?
Porque Elige estar bien contigo tiene el respaldo de la Secretaría de Salud, el IMSS, la Secretaría de Educación Pública, la Secretaría de Medio Ambiente, el gobierno del Estado de México, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y el Consejo Coordinador Empresarial.
¿Y? Además de la millonada de presupuestos públicos que Televisa se está embolsando, está la parte del poder, la de la invasión a la vida privada y la del odio.
Elige estar bien contigo es un ejercicio de poder tan descarado que casi nadie se ha atrevido a cuestionarlo.
La obesidad es un problema de salud pública. ¿Y quién se encarga de atender los problemas de salud pública de nuestra nación? ¿Televisa?
Por supuesto que no. Para atender la obesidad, la diabetes, la hipertensión y decenas de problemas de salud pública similares México no tiene a Televisa, tiene una Secretaría de Salud y una larga lista de instituciones derivadas a las que usted y yo les pagamos una lanota en impuestos.
¿Qué tienen que estar haciendo la Secretaría de Salud, el IMSS y el resto de las instancias de gobierno que están metidas en esta transacción entregándole su responsabilidad a Televisa?
¿Qué sabe Televisa de obesidad? ¿Qué credibilidad tienen sus conductores para decirle a los mexicanos qué hacer con sus niños gordos? ¿Usted pondría su salud en manos de alguien que es capaz de hacer ¡Qué tarde tan padre!?
El mensaje es claro: Televisa manda por encima de nuestras autoridades y tan manda que el día que se metió con la salud pública de los mexicanos, nuestro gobierno no sólo no le dijo que no, sino que hasta le ofreció su respaldo.
¿Por qué le digo que Elige estar bien contigo representa una invasión a la vida privada? Porque Televisa, que ya se metió en nuestras casas, no tiene por qué meterse en nuestros cuerpos.
Si usted, sus padres, sus hijos o yo estamos gordos, sólo nosotros sabemos por qué, sólo nosotros sabemos si lo queremos cambiar, sólo nosotros sabemos cómo y cuándo lo vamos a hacer, y Televisa no tiene por qué venir ni a juzgarnos ni a corregirnos.
El problema de la obesidad en México no es un capricho estético, tiene que ver con educación, tiene que ver con la miseria en la que vivimos y, lo más asqueroso, tiene que ver con las contradicciones con las que la misma Televisa nos alimenta a diario.
Es de locos que Televisa nos invite a atascarnos de golosinas, botanas y refrescos azucarados, que luego nos diga que la obesidad es mala y que remate poniéndonos como prototipos de belleza a puros hombres y mujeres operados, alimentados con suplementos alimenticios y que lo único que hacen en el día es ir al gimnasio y dejarse consentir en los spa.
Por eso le digo que esto es una campaña de odio. Elige estar bien contigo, desde su título, es una amenaza para millones de personas.
Estar gordo en México no siempre es una elección. Estar gordo no tiene por qué significar estar mal y estar flaco, estar bien. Y eso de “contigo” es una trampota gramatical para despistar a la opinión pública.
Producciones como ¿Cuánto quieres perder? lo único que están haciendo es estigmatizar a los gordos como personas feas, improductivas y con tantos problemas emocionales que al final uno sólo quiere odiarlas, agredirlas, burlarse de ellas, discriminarlas y mantenerlas lejos, sin trabajo, sin esperanza, sin amor. ¡No se vale!

martes, 13 de mayo de 2008

Todos contra la OBESIDAD


Las poderosísimas empresas y consorcios que producen alimentos en México, decidieron alinearse con el gobierno en la lucha contra la obesidad. Se trata de una “Alianza por una vida saludable”, en la que participan 30 de las 46 empresas agremiadas en el Consejo Mexicano de la Industria de Productos de Consumo (Conméxico), encabezada por Mario Paéz y Jaime Zabludowsky, en calidad de presidentes del consejo y ejecutivo respectivamente.

En Coméxico están compañías como Barcel, Bimbo, Cadbury, Campbell’s, Cervecería Cuauhtémoc, Coca-Cola, Conagra Foods, Corfuerte, Alpura, Danone, Lala, Jumex, Jugos del Valle, Kellog, Materfoods, Nestlé, Pepsico, Gerber, Kraft, Sigma y Unilever.
Pero además participan en esta alianza la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD), la Concamín, el Consejo Nacional Agropecuario, la Cámara Nacional de Restaurantes y Alimentos Condimentados y la Fundación Mexicana para la Salud.

O sea, están prácticamente todas las marcas conocidas de mayor consumo en el país.
Frente a la preocupante y cara epidemia de obesidad y el cúmulo de padecimientos que genera, el gobierno y el sector privado impulsan una campaña para promover estilos de vida saludables. El diagnóstico de México en la materia,
es de terror:

Hoy 3.2 millones de mexicanos padecen diabetes; el 80 por ciento de ellos sufre de sobrepeso u obesidad. El 30 por ciento de los mexicanos padece hipertensión y el 27 por ciento de la población nacional tiene altos niveles de colesterol. Alrededor del 25 por ciento de los niños mexicanos y poco más del 30% de los adolescentes tienen sobrepeso u obesidad.
El 40 por ciento de los adultos padecen sobrepeso y 30%
obesidad.


Entre las causas de la obesidad están los malos hábitos alimenticios y el sedentarismo.
En paralelo, la iniciativa privada está en diálogo permanente con el gobierno mexicano en torno a las normas aplicables a la industria alimenticia.
Lo que pretenden las empresas es evitar una sobrerregulación, porque perjudicaría al mercado. En cambio están dispuestas al desarrollo de productos bajos, reducidos, libres o sin calorías; a la reducción y eliminación de ácidos grasos trans; al incremento en el uso de granos integrales; al desarrollo de alimentos funcionales y productos fortificados con vitaminas y minerales.Así como a proporcionar más información en sus etiquetas y adoptar prácticas publicitarias más acordes con una vida saludable.

Por su parte, la SSA, que encabeza José Ángel Córdova Villalobos, analiza las iniciativas de reforma de ley para luchar frontalmente contra la obesidad.
Hasta ahora, iniciativa privada y gobierno caminan hacia el mismo objetivo, la pregunta es si lograrán conciliar intereses. ¡A ver!

Via:http://www.cronica.com.mx/

lunes, 5 de mayo de 2008

Cirugía Bariátrica y encefalopatía de Wernicke


Ante el creciente problema de la obesidad, cada vez más pacientes son sometidos a una operación quirúrgica para perder peso. Tan sólo en Estados Unidos, cada año se realizan 170.000 operaciones de este tipo. Ahora, sin embargo, un nuevo estudio en ese país descubrió que esta operación puede resultar en la pérdida de memoria y otras complicaciones.

La investigación, publicada en Neurology, la revista de la Academia Estadounidense de Neurología, encontró que el procedimiento provoca un trastorno llamado encefalopatía de Wernicke. Esta condición afecta el sistema nervioso y el cerebro y puede provocar confusión y dificultad en la coordinación de movimientos.

Los investigadores afirman que la causa de este síndrome es la falta de vitamina B1 -o tiamina- y que el vómito frecuente que provoca la cirugía puede conducir a ese trastorno. Otros expertos señalan, sin embargo, que los riesgos de la cirugía son mucho menores comparados con los riesgos de vivir con una obesidad severa, a menudo, dicen, las complicaciones de la operación se deben a un mal seguimiento postoperatorio.

"Es vital la colaboración del paciente para obtener buenos resultados con la operación", afirma el doctor Mauricio Franco, especialista en cirugía bariátrica de la Clínica para la Obesidad, en Colombia. "Y para eso es necesario que el paciente entienda perfectamente toda la técnica que se está utilizando".

El estudio, llevado a cabo en la Escuela de Medicina de la Universidad de Wake Forest, en Carolina del Norte, Estados Unidos, identificó 32 casos de encefalopatía de Wernicke después de cirugía para reducción de peso.
De los 32 pacientes con el síndrome, 13 lograron una total recuperación, pero los otros continuaron experimentando problemas, como pérdida de memoria.

La cirugía para bajar de peso, o cirugía bariátrica, es un tratamiento diseñado para pacientes con obesidad clínicamente severa u obesidad mórbida. Según los expertos, este procedimiento debe ser el último recurso para los pacientes que después de dietas o tratamientos tradicionales no logran reducir ni mantener su peso.

La cirugía bariátrica consiste en reducir, por medio de diversas técnicas, la capacidad del estómago. Éstas pueden ser el bypass gástrico, la banda ajustable, balón intragástrico y gastroplastía o grapado gástrico.

Síntomas

El estudio encontró que el síndrome de encefalopatía de Wernicke ocurría de uno a tres meses después de un procedimiento quirúrgico para reducción de peso, por ejemplo el bypass gástrico. Sin embargo, uno de los casos estudiados ocurrió después de 18 meses de que se practicó la cirugía.

Los autores de la investigación afirman que las personas que se han sometido a esta operación deben tomar los suplementos vitamínicos que se les han recetado.
Asimismo, subrayan que los pacientes deben permanecer atentos al desarrollo de síntomas como vómito, confusión, cambios visuales y falta de coordinación.
"Obviamente la modificación que hacemos del tránsito de la comida a través del tubo digestivo hace que se dificulte la absorción de vitaminas", afirma el doctor Mauricio Franco. Es por eso, agrega, que es muy importante que el médico tenga un seguimiento regular del paciente.

"Por lo general, cuando hemos encontrado alteraciones es porque el paciente no está siguiendo unos buenos hábitos alimenticios o no está llevando a cabo la suplementación indicada". Tal como señala el doctor Franco, no se debe descartar la cirugía bariátrica, porque los riesgos de esta intervención son mucho menores que los riesgos de una obesidad severa. "La calidad de vida de una persona obesa mejora radicalmente con la cirugía bariátrica", afirma el experto.

"Y los detalles de seguimiento que pudiera tener esta operación son mucho menores que los riesgos de la obesidad y todas sus complicaciones". "Pero es un procedimiento que se debe manejar con responsabilidad, tanto del médico como del paciente y su familia", afirma el experto.

via:http://news.bbc.co.uk/

domingo, 4 de mayo de 2008

Gen de la obesidad, es el 2do que se descubre


La ciencia lo tiene cada vez más claro: la obesidad también es cuestión de genes. Justo un año después de que investigadores británicos relacionara por primera vez un gen -el FTO- con un mayor riesgo de obesidad, un equipo internacional da un paso más al descubrir nuevas variaciones genéticas que hacen que los adultos que las presentan sean hasta 3,8 kilos más gordos que quienes no las tienen.

El estudio que ha llegado a este hallazgo, publicado en 'Nature Genetics', ha sido realizado con muestras de ADN de 90.000 personas que se han prestado voluntarias para la causa. Gracias a este exhaustivo análisis, los ciudadanos a partir de ahora pueden echar la culpa de su exceso de kilos al MC4R, un gen que los autores han descubierto que está detrás de la obesidad.

"Varios grupos ya habían apuntado que algunas variantes en el gen MCR4 eran responsables de ciertos tipos de obesidad, especialmente la que afecta a familias enteras. Sin embargo, ahora hemos podido corroborar este punto y además averiguar nuevas variantes que afectan a más personas de las que se creía", explica en las páginas de la revista científica la doctora Ruth Loos, coordinadora de la investigación, en la que han colaborado 77 instituciones del Reino Unido, EEUU, Francia, Alemania, Italia, Finlandia y Suecia.

En concreto, el equipo ha visto que quienes presentan estas variantes del gen MCR4 pesan una media de 1,5 kg más que el resto. Si además presentan las variantes del gen FTO, descubierto en 2007, la diferencia de peso respecto a las personas que no las tienen es de casi 4 kilos (3,8). Por su parte, el perímetro abdominal es 2 centímetros mayor por culpa de estos genes.

Los efectos de estas variantes genéticas son aún más llamativos en los niños. En un estudio con casi 6.000 pequeños con edades entre los cuatro y los siete años, los investigadores encontraron que aquellos que tenían las variantes genéticas pesaban casi dos veces más que los chicos sin estos genes. Este aumento de peso fue resultado, casi exclusivamente, de un incremento del tejido adiposo, sin aumento de la masa muscular.

La herencia de los antepasados
La recién descubierta secuencia genética, que se relaciona con la obesidad y también con un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, es más frecuente en las personas con antepasados indio-asiáticos que en aquellas con ascendencia europea, según recoge el estudio, que ha sido financiado por la Fundación Británica del Corazón.

"Hasta ahora, conocemos poco sobre el componente genético de las enfermedades relacionadas con la obesidad, como los trastornos cardiovasculares o la diabetes", explica el profesor Jaspal Kooner, otro de los investigadores del Imperial College de Londres. "Encontrar esta estrecha relación entre una secuencia genética y sus efectos sobre la obesidad es muy importante, porque nos deja en una buena posición para identificar a aquellas personas que, por sus genes, son más propensas a desarrollar patologías coronarias y poner medidas de prevención", añade Kooner.

"El papel preciso que juegan estas variantes todavía tenemos que aclararlo, pero esta investigación nos permite empezar a comprender mejor las consecuencias biológicas que experimentan las personas que las tienen", dice la doctora Ines Barroso, una de las autoras. Los investigadores se centrarán ahora en ver cómo las variantes genéticas afectan a la actividad de la proteína MC4R, que interviene en la regulación del apetito y el consumo de energía.

No obstante, a pesar de su descubrimiento, el equipo destaca que "aunque la genética puede afectar a la gordura y al índice de masa corpora, son sólo una parte de la historia: los estilos de vida, el ejercicio y una dieta sana son esenciales para controlar el peso".

Via:http://www.elmundo.es/

viernes, 4 de abril de 2008

Tienes peso normal? puedes ser obeso sin saberlo


A pesar de las apariencias, más de la mitad de los estadounidenses de peso normal tienen un elevado porcentaje de grasa corporal. Y, al igual que sus contemporáneos con sobrepeso, esto los hace susceptibles a enfermedades cardiacas, diabetes y otros trastornos metabólicos, según plantea un estudio reciente.

Los hombres con una grasa corporal superior al 20 por ciento y las mujeres con una grasa superior al 30 por ciento sufren de "obesidad con peso normal", incluso si su peso es normal para su talla.

La prevalencia de personas de peso normal con una alta cantidad de grasa corporal es relativamente alta y muchas de estas personas tienen anormalidades metabólicas.
dijo el investigador principal, el Dr. Francisco Lopez-Jimenez, cardiólogo de la Clínica Mayo en Rochester, Minnesota.

Estos hallazgos deberían alertar a los médicos de que el peso corporal no es la única forma de proteger contra los problemas de salud causados por el exceso de peso. A las personas de peso normal también se les debe recomendar el ejercicio y la adopción de una dieta sana para reducir su nivel de grasa, sobre todo en el abdomen.

Para el estudio, Lopez-Jimenez y sus colegas recopilaron datos sobre 2,127 personas que participaron en la tercera Encuesta nacional de examen de salud y nutrición del gobierno de EE.UU. Específicamente, los investigadores estudiaron factores de riesgo para las enfermedades cardiacas, la diabetes y el síndrome metabólico, un precursor de la diabetes.

Los investigadores hallaron que el 61 por ciento de los participantes tenía niveles de grasa corporal que indicaban "obesidad con peso normal". Además, el grupo de Lopez-Jimenez, detectó cambios en la composición química de la sangre que podían afectar la salud cardiaca y metabólica, tales como colesterol alto, niveles elevados de leptina (una hormona que se encuentra en la grasa y otros tejidos y que tiene que ver con la regulación del apetito), y altas tasas de síndrome metabólico.

El peso corporal es un instrumento bastante impreciso. No es un indicador fiable para medir la obesidad, o la salud, a nivel individual.Por ejemplo, un hombre musculoso podría tener un peso corporal muy elevado, pero estar perfectamente sano y en forma. Muchas personas cuyo peso corporal está en un rango normal son todo menos saludables. una pequeña cantidad de grasa adicional en lugares importantes puede causar estragos metabólicos, aumentar el riesgo de diabetes y enfermedad cardiaca.

El exceso de grasa corporal en el abdomen es una amenaza, independientemente de cuál sea su peso.

Via:HealthDay