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lunes, 1 de noviembre de 2010

Decálogo para ser feliz

1. La felicidad no es un estado, es una actitud ante la vida.
2. Hay que proponerse ser felices.
3. Creer en nosotros mismos.
4. Aceptar las cosas tal y como nos vienen. Somos humanos y, por lo tanto, cometemos errores.
5. Ver los problemas desde la distancia. Anteponer los pensamientos a los sentimientos.
6. Desear lo que tenemos y disfrutar de ello.
7. Hacer lo que nos gusta. Buscar actividades que nos diviertan y nos permitan disfrutar del tiempo libre.
8. Adoptar una actitud optimista ante la vida.
9. Cultivar el sentido del humor. Es fundamental saber reírse de uno mismo.
10.Apoyarse en la familia. Hacer cosas por los que están a nuestro lado.

En un momento en el que las palabras crisis, paro, recesión aparecen una y otra vez en los medios de comunicación, parece extraño que una persona admita que, hoy por hoy, es feliz. Pero basta con salir a la calle para comprobar que, con muy poco, nos conformamos. Normalmente la familia y los amigos son los dos elementos que se señalan como primordiales para encontrarse en un estado de felicidad. Y es que, como nos aclaran varios expertos, las relaciones sociales son un elemento crucial y determinante para la felicidad.

"La felicidad, cuando se comparte, crece"
Relaciones sociales que tienen su núcleo en la familia. Para la psicóloga Carmen Serrat-Valera, coautora de 'Tú puedes aprender a ser feliz', la pareja y la familia son los primeros apoyos para encontrar la felicidad en una persona: "Sentirse útil y querido es fundamental"La familia tiene un papel determinante para la felicidad de una persona, se puede y se debe educar para la felicidad a los niños. ¿Cómo?"Educando en valores como la solidaridad o el compañerismo, en definitiva, en el respeto al otro. Porque es en los otros donde vamos a encontrar la felicidad".

Dejar atrás el estrés
Pero a veces el objetivo no está en hallar, sino en dejar atrás.  la clave está en huir del estrés que nos puedan provocar los problemas. "El 95% del sufrimiento es inútil, lo creamos nosotros mismos", la mayoría de las veces los problemas surgen de nuestra manera de enfrentarnos a ellos, no de los hechos en realidad.

"Las emociones positivas nos predisponen para el trabajo"
Aprender a controlar nuestros sentimientos en las situaciones adversas es una aptitud importantísima. "En los momentos difíciles, tenemos que seguir confiando en nosotros mismos". Y, aunque suene a broma, una buena estrategia puede residir en algo tan simple como potenciar el sentido del humor. Por ejemplo, ¿puede ser el trabajo una fuente de felicidad en lugar de una fuente de estrés?, sí.
Jáuregui, psicólogo especializado en la risa, el humor y la psicología positiva, trabaja con empresas, aplicando sus tesis a las relaciones laborales para crear mejores ambientes de trabajo: "Muchas empresas se interesan por estas técnicas ya que está comprobado que mejoran los resultados del trabajador. Las emociones positivas al comienzo del día nos predisponen al trabajo", asegura.
Los expertos coinciden en la necesidad de tratar de hacer aquello que nos gusta: "Puede que no nos guste nuestro trabajo, pero siempre habrá alguna actividad que nos haga levantarnos todos los días, que haga que el tiempo se nos pase volando".

martes, 9 de marzo de 2010

Adversidad y genética


El estudio de una relación entre el sufrimiento y la muerte ha ayudado a los investigadores a identificar una variante genética que fomenta la resistencia ante la adversidad.
El equipo de investigación de EE. UU. se enfocó en un gen llamado IL6, que se sabe que causa inflamación en el cuerpo y contribuye a la enfermedad cardiovascular, la degeneración neural y algunos tipos de cáncer.
"El gen IL6 controla las respuestas inmunes, aunque también puede servir como 'fertilizante' para la enfermedad cardiovascular y ciertos tipos de cáncer", señaló en un comunicado de prensa de la Universidad de California en Los Ángeles el autor del estudio, Steven Cole, profesor asociado de medicina en la división de hematología y oncología de la UCLA y miembro del Centro Cousins de Psiconeuroinmunología de la Universidad.
"Nuestros estudios pudieron rastrear una vía bioquímica a través de la cual las circunstancias vitales adversas, es decir las respuestas de estrés de huida o lucha, pueden activar el gen IL6", explicó. "También identificamos la secuencia genética específica en este gen que sirve como objetivo de esa vía de señalización y descubrimos que una variación bien conocida en esa secuencia puede bloquear esa vía y desconectar las respuestas del IL6 de los efectos del estrés".
Cole y colegas también encontraron que la gente que porta el tipo más común del gen IL6 tiene un mayor riesgo de muerte durante unos once años tras experimentar un evento vital estresante suficientemente significativo como para desencadenar depresión. Pero este aumento en el riesgo de muerte no ocurrió en personas con una variación menos común del gen.
La investigación fue publicada en una edición avanzada en línea de la próxima edición impresa de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.
En su examen del IL6, Cole y colegas usaron una combinación de modelos computarizados, bioquímica de probeta, estudios de estrés con animales y epidemiología genética humana. Este método podría usarse para identificar otros genes que interactúan con el ambiente social y afectan la salud humana, señaló Cole.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Estrés + adolescencia = acné


Comer pocos dulces, mucha verdura y evitar el estrés. Podría ser un buen truco para reducir el acné, una alteración de la piel muy común durante la adolescencia. Según un estudio publicado en 'Journal BioMed Central Public Health', tanto los problemas de salud mental como la dieta influyen en el desarrollo de este trastorno. "Observamos una asociación muy significativa entre el acné, una baja ingesta de verduras y un alto consumo de chocolate, dulces y patatas fritas", afirman los autores de la investigación. Sin embargo, subrayan, el hallazgo más consistente e importante de este estudio es la relación que hay entre el estrés y la aparición de espinillas. "Si la prevalencia de chicos con acné y estrés era del 20,5%, en aquellos sin esta alteración mental era de 13,4%. En cuanto a las jóvenes con espinillas, las que tenían estrés duplicaban a las que no lo padecían". Aunque se han desarrollado numerosos estudios en este campo, las conclusiones no han sido determinantes. A diferencia de este trabajo, "contaban con una muestra reducida y limitada de participantes", según citan los autores en su artículo. "Han sido muy útiles para saber que la depresión y la ansiedad son dos problemas muy comunes en esta etapa de la vida". De las anteriores investigaciones se pueden deducir las razones por las que las circunstancias estresantes empeoran el acné, que, de momento, "son puramente especulativas", señala Isabel Aldanondo, responsable de Dermatología del USP Hospital San José (Madrid). "Puede ser por la producción de la sustancia P, que es un neuropéptido cuya liberación en el folículo pilosebáceo aumentaría la producción de grasa de la glándula sebácea. Pero también es probable que tenga algo que ver la producción de las hormonas del estrés, que incrementarían también la grasa". En este punto, los autores recuerdan que algunos fármacos antidepresivos pueden mejorar el acné.
Los resultados de este estudio no sólo señalan dicho estrés como causa de acné, también como consecuencia. "Cuando aumenta la severidad de este trastorno, el estrés del afectado se resiente", según sugiere el grupo de científicos de la Universidad de Oslo (Noruega). Tal y como exponen los expertos, el acné, al igual que otras patologías de la piel, como la dermatitis o la alopecia, influye psicológicamente en los afectados debido a que se presentan en las zonas visibles del cuerpo. "Está demostrado que la calidad de vida de estos jóvenes es como la de quienes padecen asma, epilepsia o diabetes, por ejemplo". En esta ocasión, los investigadores analizaron los casos de 3.775 adolescentes de 18 y 19 años con el objetivo de explorar las posibles causas de esta alteración de la piel. Los participantes completaron unos cuestionarios sobre acné, dieta, estilo de vida y trastornos mentales. Según los expertos, la relación entre el acné y la dieta se cuestiona porque no existen ensayos clínicos de relevancia suficiente que logren demostrar esta causalidad. Sin embargo, incide Isabel Aldanondo, "esta es una posible teoría, puesto que los alimentos que inducen liberación de insulina (hidratos de carbono, principalmente) hacen que ésta a su vez origine factores de crecimiento que actúan sobre los queratinocitos de la unidad pilosebácea y también que aumente la producción de andrógenos". Los resultados de este nuevo estudio muestran que en las chicas, existe un vínculo significativo entre el acné y la dieta baja en verduras. Esto podría indicar que un índice glucémico bajo podría tener un papel protector en el desarrollo de las espinillas. Entre ellos, el acné estaba asociado con el frecuente consumo de chocolate, dulces y patatas fritas. "En ambos casos, el acné era más prevalente entre los adolescentes que seguían una dieta con alto consumo de pescado graso o azul (atún, salmón, sardina...). Esto significa que "seguir una dieta baja en patatas fritas, dulces y chocolate y alta en verduras parece tener un efecto protector contra el acné", señala Halvorsen, quien también advierte que "es muy pronto para proporcionar a los adolescentes con acné consejos dietéticos derivados de estos estudios. Es necesario realizar más investigaciones". De momento, "en la práctica clínica cotidiana, los dermatólogos no solemos aconsejar restricciones dietéticas a los pacientes con acné, a no ser que ellos mismos refieran una clara relación entre la ingesta de un alimento determinado y el agravamiento del acné", apostilla la especialista del USP Hospital San José (Madrid).

Via:elmundo

viernes, 15 de mayo de 2009

La procrastinación


Procrastinación: De Procrastinar (Del latín, procrastinare): Diferir, aplazar.

La procrastinación es un complejo trastorno del comportamiento que a todo el mundo nos afecta en mayor o menor medida. Consiste en postergar de forma sistemática aquellas tareas que debemos hacer, que son cruciales para nuestro desarrollo y que son reemplazadas por otras más irrelevantes pero más placenteras de llevar a cabo. Es asumida popularmente como simple “pereza”.
Afecta a multitud de perfiles (el ejecutivo que aplaza una y otra vez una reunión porque la prevee conflictiva, el estudiante que aplaza indefinidamente el estudiar para sus exámenes, etc.) y cada vez más se está convirtiendo en un serio problema que afecta a al salud psicológica de los individuos y, por ende, a la salud social de una comunidad.
La procrastinación es un fenómeno que se ha descubierto de tal complejidad que resulta difícil analizarlo, por las complicaciones que presenta en identificar sus orígenes así como las muchas relaciones causa-efecto que se realimentan entre sí. Todo esto dibuja un cuadro polifacético que resulta muy complejo de analizar. En este artículo sin embargo voy a intentar al menos “darle una puntilla” al asunto, con la ayuda de algunas referencias que existen dentro de la literatura científica sobre el tema.
La procrastinación se manifiesta ante todo como una pésima gestión del tiempo. El “procrastinador” suele o bien sobrestimar el tiempo que le queda para realizar una tarea, o bien subestimar el tiempo necesario -según sus recursos propios- para realizarla. Éstos son solamente un par de los muchos autoengaños en los que el procrastinador incurre. Como veremos más adelante, una de las actitudes típicas de un perfil determinado de procrastinador es la excesiva autoconfianza, una falsa sensación de autocontrol y seguridad. Por ejemplo, imaginen que se nos da 15 días para presentar un informe. En nuestro fuero interno estamos convencidos que solo necesitaremos 5 días para hacerlo, incluso menos. En ese momento pensamos “hay tiempo de sobra, no es necesario ni siquiera empezar a hacerlo!”. Y se posterga día tras otro una tarea que no solamente no nos ilusiona hacer, sino que, en cierta manera “ya hemos terminado” en nuestra mente confiada cuando ni siquiera hemos movido un dedo por ella. Al acercarse el plazo de entrega de forma peligrosa, de repente, nos damos cuenta de que no seremos capaces de cumplir con la tarea que se nos ha asignado. Entonces pensamos “No tengo esto bajo control, no tendré tiempo!!” y comenzamos a trabajar en ello de forma atropellada, con una gran carga de estrés. En ese momento aparece en escena otro autoengaño, y es el aquél de “Solo bajo presión trabajo bien”.
Los causas o motivos que pueden llevar a una persona a padecer de procrastinación son tan diversos y complejos que resultaría muy correoso plasmarlos en un solo artículo. Hay personas que “procrastinean” de resultas de un estado depresivo (la depresión conduce a estados de letargo). Otras en cambio son amantes del perfeccionismo, y ésto las priva de empezar a realizar proyectos porque temen que no podrán hacerlo tan perfecto como ellas desean, y por lo tanto pierden la motivación. También una baja tolerancia a la frustración ayuda a “dejar las cosas de lado”, por miedo a que nos desborden y por tanto por miedo a cómo nos sentiremos entonces. Otro perfil muy distinto sería el de aquellas personas muy activas que disfrutan gestando ideas, pero que no pueden finalizarlas porque enseguida se distraen generando ya la siguiente; y postergan así decenas de tareas que obviamente no tienen tiempo para completar. Y eso solo mencionando una minúscula porción de los muchos perfiles de procrastinador que se pueden encontrar.
Seguramente usted que está leyendo estas líneas se haya visto identificado en alguna de las frases de este artículo. Se habrá recordado a sí mismo leyendo el diario en la oficina con una lista de tareas por hacer, yendo a la cafetería justo en el instante en que se propuso empezar un proyecto, navegando por internet mientras su teléfono sonaba con un cliente/jefe incómodo al otro lado llamando, etc.
El hecho de que sea un mal muy extendido y que se trate de un fenómeno de por sí fascinante por su complejidad y riqueza de matices, hace que merezca la pena su estudio, tanto a nivel académico -que ya se viene realizando- como a nivel individual y colectivo.

miércoles, 27 de agosto de 2008

El legado psicológico de la guerra

La guerra hace mella incluso en los que están por nacer. Las futuras madres que soportan niveles elevados de estrés psicológico durante la gestación tienen más posibilidades de dar a luz un bebé afectado de esquizofrenia, como le ha sucedido a muchas mujeres de Jerusalén que vivieron la Guerra de los Seis Días, el conflicto bélico entre árabes e israelíes de junio de 1967.
Estos datos, aportados por un nuevo trabajo, suman evidencia científica a la tantas veces anunciada relación entre estrés mental materno y riesgo de tener un hijo esquizofrénico. "Se sabe desde hace muchos años que factores estresantes (físicos o psíquicos) en el embarazo aumentan el riesgo de esta patología mental en los hijos muchos años después. Estudios clásicos en Finlandia evaluaron a mujeres embarazadas. Aquéllas cuyos maridos fueron a la II Guerra Mundial tuvieron más posibilidades de tener hijos con esquizofrenia en la edad adulta", ilustra Celso Arango, jefe de la Unidad de Adolescentes del Hospital Gregorio Marañón de Madrid.
Más reciente en el tiempo es el trabajo publicado en el último 'BMC Psychiatry' realizado en la capital de Israel y que ha sido llevado a cabo por Dolores Malaspina, de la Universidad de Nueva York (EEUU). Los autores intentaban detectar "cambios en la incidencia de esquizofrenia" tras la Guerra de los Seis Días, analizando los datos del Estudio Perinatal de Jerusalén (una investigación de todos los alumbramientos acontecidos entre 1964 y 1976 en la zona oeste de dicha ciudad) y el Registro Israelí de Psiquiatría.
"La población vivió momentos de mucho estrés durante tres de esos seis días en los que la ciudad fue bombardeada. Los israelíes sufrieron la interrupción normal de su ambiente, pero no se produjeron exposiciones obvias a tóxicos ni carencia de alimentos. Consideramos por tanto que era 'un experimento natural', aunque incontrolado, en el cual la ansiedad aguda podía aislarse de las consecuencias habituales de guerra. Este nivel elevado de tensión lo suficientemente corto ha permitido evaluar los efectos en cada mes de gestación en lugar de por trimestres", destacan los autores del estudio.
El tiempo de gestación y el sexo
De los 91.451 nacimientos en el periodo anual del estudio, los investigadores pudieron cotejar los datos de 88. 829. Se identificaron 637 personas con esquizofrenia y 676 con otros trastornos psiquiátricos. "Las mujeres que estaban en su segundo mes de embarazo durante la guerra de 1967 tuvieron un riesgo significativamente elevado de tener un hijo con esquizofrenia tras 21 a 33 años de seguimiento", aclara el trabajo.
"Nuestro trabajo ha establecido también que el riesgo es distinto en función también del sexo del feto", aclara la doctora Malaspina. Concretamente, las posibilidades de estas gestantes de tener descendencia femenina con el trastorno fueron 4,3 veces más y 1,2 superiores, en el caso de alumbrar un varón.
Los hallazgos del grupo de Nueva York suponen un refuerzo a los datos obtenidos por miembros de las Universidades de Manchester (Inglaterra), Aarhus (Dinamarca) y Cork (Irlanda) en un estudio similar al de Jerusalén publicado en febrero de este año en el 'Archives of General Psychiatry'. Tras analizar a 1,3 millones de daneses nacidos entre 1973 y 1995, los autores encontraron que las embarazadas expuestas a niveles elevados de estrés psicológico, concretamente la muerte de un familiar cercano, durante el primer trimestre de embarazo tuvieron más riesgo de tener un hijo con la enfermedad mental.
El estrés es habitual en las ciudades desarrolladas. El interés sobre sus consecuencias en el embarazo y en los futuros hijos se basa en los antecedentes hallados en biología experimental que han constatado que la tensión intrauterina puede afectar al desarrollo neurológico del descendiente. "La tensión cambia la forma en la que los glucocorticoides y las hormonas sexuales regulan la neurogénesis del desarrollo del cerebro, en el hipocampo", argumenta la investigación .

jueves, 14 de agosto de 2008

Estrés infantil y trastornos mentales en adultez

Los adultos bajo tratamiento por trastornos mentales graves han sufrido mucho más estrés infantil que aquellos sin alteraciones psicológicas, indicó un estudio realizado en Alemania. Cada vez más estudios sugieren que las experiencias adversas o traumáticas en la infancia condicionan la psicopatología de la edad adulta, destacó el equipo dirigido por la doctora Brigitte Rockstroh, de la Universidad de Konstanz, en la revista BMC Psychiatry. El equipo intentó explicar esa influencia al comparar los niveles de estrés en distintos momentos de la vida de 96 adultos con depresión grave, esquizofrenia, drogodependencia o trastorno de la personalidad y de 31 adultos sin problemas psiquiátricos. Los autores usaron dos escalas de control del estrés para medir experiencias adversas cuando los participantes tenían menos de 6 años (niñez temprana), antes de la pubertad y en la edad adulta. El equipo halló evidencia de que la niñez es un período crítico del desarrollo, dado que todos los participantes mostraban efectos negativos relacionados con altos niveles de estrés durante la niñez y antes de la pubertad, pero no en la edad adulta. Pero en los pacientes psiquiátricos los efectos del estrés temprano eran aún más negativos que las personas sanas, ya que obtuvieron alrededor de cuatro y seis puntos más en estrés infantil y prepuberal, respectivamente. Aun así, las mediciones del estrés adulto no variaron entre los grupos. El equipo halló también un "efecto de dosis", que es la relación entre la cantidad o la gravedad del estrés precoz y los trastornos psiquiátricos en la adultez. Esa relación no se limitó a las experiencias traumáticas y al estrés postraumático, pero cambió según el tipo de trastorno mental. Por ejemplo, los niveles de estrés infantil eran mayores entre pacientes con trastornos de personalidad.
Para el equipo, se necesitan más estudios para explicar la relación entre el estrés infantil y los trastornos psiquiátricos en cohortes más grandes. En tanto, "solo podemos especular que el estrés en la niñez interactúa con factores específicos de los trastornos", afirmaron los autores.
FUENTE: BMC Psychiatry, julio del 2008

lunes, 21 de julio de 2008

Un hijo autista origina padres enfermos

Investigadores de la Universidad de Birmingham en Reino Unido descubrieron que los padres de niños con estas características no responden menos a las vacunas contra la neumonía.
Al parecer, el estrés hace que el sistema inmune de los adultos funcione menos eficientemente.
Trabajos anteriores demostraron los efectos negativos que tiene para una persona mayor cuidar de su cónyuge, pero es la primera vez que resultados similares se han comprobado en una persona más joven y sana.
Los investigadores aplicaron vacunas contra la neumonía a 60 padres, la mitad de los cuales tenían hijos con alguna discapacidad en su desarrollo. Pasado un mes, el 20% de los padres que habían estado cuidando de sus hijos durante un largo periodo de tiempo tuvieron una respuesta inmune ineficiente, en comparación con el 4% del otro grupo.
Pero pasados seis meses este porcentaje ascendió al 48% mientras que en el otro grupo no se dieron cambios significativos.
El director del proyecto, Stephen Gallagher explicó que esto indica un nivel muy bajo de anticuerpos en estos padres.
"Estos padres están sometidos a niveles extremos de estrés y lo que precisan es recibir la ayuda y el entrenamiento necesarios".
Por su parte, la coautora del estudio, Anna Phillips, dijo que los padres que están cuidando de estos niños están "increíblemente dedicados" y suelen no hallar un momento para desconectarse.
"Sin embargo, saber los efectos sobre la salud que puede tener un cuidado las 24 horas al día puede ayudar a concienciar a estos padres del hecho que necesitan ayuda".
Por lo tanto, Phillips sugiere que los padres de niños con estas discapacidades en su desarrollo deberían añadirse a la lista de grupos vulnerables elegibles para recibir vacunas como la gripe.
"Ahora estamos investigando cómo la cantidad de sueño afecta el nivel de infecciones que sufren estos padres", añadió.

jueves, 26 de junio de 2008

Estrés alto en embarazo asociado con nacimiento de feto muerto


NUEVA YORK (Reuters Health) - Las mujeres bajo mucho estrés psicológico durante el embarazo tendrían alto riesgo de dar a luz un feto muerto, sugirió un nuevo estudio.
En una década, los autores hallaron que más de 19.000 danesas embarazadas con estrés psicológico alto eran un 80 por ciento más propensas a tener un parto de feto muerto que las menos estresadas.
La mayoría de las mujeres con estrés elevado tuvo un bebé saludable y una tasa de nacimiento de feto muerto por debajo del 5 por ciento.
No obstante, las mujeres con estrés leve o moderado registraron una tasa del 3 por ciento, publicaron los autores en la revista BJOG.
Este es el primer estudio que identifica una relación entre el estrés psicológico y el parto de feto muerto, por lo que es temprano aún para concluir que el estrés provoca muerte fetal, dijo la doctora Kirsten Wisborg a Reuters Health.

"Los resultados deben confirmarse con otros estudios", agregó la autora principal de la investigación, del Hospital Universitario de Aarhus, en Dinamarca.
Si se confirma que el estrés grave es un factor de riesgo de parto de feto muerto, dijo la experta, habría que probar si su reducción disminuye ese peligro.
El equipo dirigido por Wisborg analizó datos de 19.282 mujeres que tuvieron un parto de bebé único entre 1989 y 1998. Las mujeres completaron varios cuestionarios durante el embarazo, incluido el de control estándar del estrés psicológico antes de la semana 30 de gestación.
El cuestionario indagó sobre el nivel de estrés en los meses previos al preguntar, por ejemplo, con qué frecuencia habían sentido tristeza, preocupación o que no podían sobrellevar los problemas.
El equipo halló que las mujeres con altos niveles de estrés eran más propensas a fumar o a haber tenido sobrepeso antes del embarazo que las mujeres con estrés leve; también tenían menor nivel de educación formal y tendían a ser solteras.
Aun teniendo en cuenta todos estos factores, los autores observaron que el estrés alto estaba relacionado con un 80 por ciento más de riesgo de dar a luz un feto muerto.

Para Wisborg, una explicación sería la influencia de ciertas hormonas.
Por ejemplo, señaló la investigadora, el estrés, la depresión y la ansiedad activan la liberación de las catecolaminas, un conjunto de hormonas que incluyen a la dopamina y a la epinefrina (adrenalina).
Estudios sobre animales sugieren que el aumento del nivel de esas hormonas disminuiría el flujo de sangre a la placenta.
Con todo, destacó Wisborg, es posible también que las mujeres bajo gran estrés tengan otros hábitos de vida, que explicarían ese riesgo.
Se necesitan más estudios para responder estas preguntas, concluyó la experta.
FUENTE: BJOG, junio del 2008

miércoles, 2 de enero de 2008

Maneras de eliminar el estrés

Unas buenas recomendaciones para empezar con buen pie el año.

Identifica los culpables.
Elimina obligaciones innecesarias.
Evitar aplazar las cosas para mañana.
Deshazte del desorden.
Anticípate para no ir siempre con prisas o llegando tarde.
Evita el querer controlarlo todo.
No hagas muchas cosas a la vez que te impidan estar enfocado.
Elimina las fuentes que “absorben tu energía”. Relacionado con el punto uno.
Evita la “gente difícil”.
Simplifica tu estilo de vida.
“Desprogramate” no es necesario tener programado cada minuto de tu vida.
¡Quieto, para!. Aprende a hacer las cosas más lentamente, a disfrutar de la comida, etcétera.
Ayuda a otros, suena contradictorio añadirte más tareas para reducir el estrés pero la sensación de bienestar reduce el estrés.
Relajate varias veces al día. Los pequeños tiempos muertos ayudan a trabajar mejor y a relajarte.
Deja tu trabajo. La más radical pero el trabajo es sin duda el mayor foco de estrés. Deja tu trabajo, automatiza tus fuentes de ingresos y busca algo que de verdad te guste.
Simplifica tu lista de tareas. Las listas de tareas pendientes demasiado largas estresan solamente por el hecho de ser largas…
Haz ejercicio. Simplemente funciona.
Come bien. Junto al punto anterior se puede decir que estar saludable es uno de los puntos más importantes para no tener estrés.
Se agradecido. Una actitud agradecida ayuda a pensar de forma positiva.
Ten un entorno “Zen”. Empezando por un escritorio limpio, ordenado y minimalista para continuar con el resto de la casa. Los sitios sobrecargados estresan (y yo añadiría que complican la tarea de buscar algo).
Aunque también existen algunas alternativas, esta es como caso extremo, por si fallan todas las demás, ya que su eficacia es algo más que discutible:



Tomado de: http://www.cosassencillas.com/