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domingo, 8 de noviembre de 2009

Prematuros son más propensos a desarrollar autismo



Durante años, investigadores observaron señales de autismo en niños prematuros y algunos estudios sugirieron que esos signos pueden transformarse en autismo infantil. Un estudio publicado el lunes sugirió que las complicaciones durante el embarazo y los primeros años de vida influirían en la aparición de esos signos precoces de riesgo. No obstante, se desconoce cuántos niños prematuros desarrollarán autismo. El estudio, publicado en Pediatrics, incluyó a 1.216 niños con trastornos del espectro autista y 6.080 sin esos problemas. Cuando el equipo de la doctora Susanne Buchmayer, del Instituto Carolino, en Estocolmo, tomó en cuenta varios factores, los niños nacidos con 31 semanas o menos de gestación eran 1,5 veces más propensos a desarrollar autismo que los bebés a término. Los bebés nacidos entre las 32 y las 36 semanas de gestación eran 1,3 veces más propensos a desarrollar la enfermedad. Pero cuando los autores consideraron las complicaciones gestacionales y de los primeros años de vida, no observaron diferencias significativas entre los bebés nacidos con 36 semanas o antes y aquellos nacidos más tarde, lo que sugiere que las complicaciones, y no la prematuridad, influirían en esa asociación. Por ejemplo, la preeclampsia, que es un trastorno potencialmente fatal que produce hipertensión, retención de líquidos y de proteína en orina, estuvo asociado con más del 50 por ciento de aumento del riesgo de aparición de un trastorno autista en los niños. Otras complicaciones infantiles asociadas con un aumento del riesgo fueron: baja talla al nacer para la edad gestacional, bajo nivel de azúcar, defectos congénitos y convulsiones. Los autores destacaron también que la mayoría de niños con autismo nació a término y opinaron que se necesitan estudios sobre la utilidad de prevenir las complicaciones del parto para evitar la aparición del autismo.

FUENTE: Pediatrics, noviembre del 2009.

domingo, 18 de enero de 2009

Una prueba de saliva podría diagnosticar el autismo


Un equipo de científicos italianos de diversos institutos de investigación y universidades ha descubierto proteínas anómalas en la saliva de pacientes con autismo. Estas proteínas podrían proporcionar una clave acerca de las bases moleculares de este desorden. Dicha clave se usaría en el futuro como biomarcador (sustancia utilizada como indicador de un estado biológico) para el diagnóstico de la enfermedad, explican los investigadores. El autismo es un trastorno que deteriora la comunicación y la interacción social, causando un comportamiento restringido y repetitivo. Dado que no existe ningún test disponible actualmente para detectar la enfermedad, los especialistas buscan biomarcadores –como proteínas atípicas- en los fluidos del organismo de las personas que la padecen, para en un futuro poder diagnosticarla. Los científicos italianos analizaron las proteínas de la saliva de 27 niños autistas y las compararon con la saliva de otros niños que no sufrían esta enfermedad. Encontraron así que al menos una de las proteínas analizadas, en 19 de los niños del primer grupo, presentaban niveles significativamente bajos de fosforilización, que es el proceso que posibilita que las proteínas funcionen con normalidad.

lunes, 21 de julio de 2008

Autismo y el gen llamado neurexina 1, y el cromosoma 11

Científicos encontraron nuevas pistas sobre el origen genético del autismo mediante un estudio calificado de "monumental" y que incluyó a 1.200 familias con uno o más de sus miembros aquejados de ese síndrome.
Mediante el uso de varias técnicas, investigadores del Proyecto Genoma-Autismo procedentes de 50 instituciones de 19 países intentaron determinar los rasgos genéticos que comparten todas esas familias.
Los resultados del estudio, publicados en la revista Nature Genetics, identifican con el autismo a un gen llamado neurexina 1, y una nueva región en el cromosoma 11.
Se estima que el estudio contribuya a la búsqueda de un diagnóstico más eficaz y nuevos tratamientos contra el mal, un desorden que se caracteriza por la dificultad en los procesos de comunicación e interacción de los afectados con otras personas.
En reacción al anuncio, Jonathan Green, psiquiatra infantil especializado en autismo, menciona: "Esperamos que estos resultados estimulantes representen un paso adelante en el logro de nuevos tratamientos en el futuro".
Sin embargo, "Es casi seguro que existe una interacción entre varios genes, por lo cual este descubrimiento no provee una respuesta completa y no llevará necesariamente al desarrollo de nuevas pruebas genéticas".
Fred Kavalier, de la Sociedad Británica de Genética Humana, manifestó a su vez que ahora se necesita una evaluación independiente de los resultados del estudio.
Ahora, el trabajo del Proyecto Genoma Autismo entra en una nueva fase, que tomará tres años de investigaciones dirigidas a rastrear aún más las muestras de ADN relacionadas con el autismo.

Un hijo autista origina padres enfermos

Investigadores de la Universidad de Birmingham en Reino Unido descubrieron que los padres de niños con estas características no responden menos a las vacunas contra la neumonía.
Al parecer, el estrés hace que el sistema inmune de los adultos funcione menos eficientemente.
Trabajos anteriores demostraron los efectos negativos que tiene para una persona mayor cuidar de su cónyuge, pero es la primera vez que resultados similares se han comprobado en una persona más joven y sana.
Los investigadores aplicaron vacunas contra la neumonía a 60 padres, la mitad de los cuales tenían hijos con alguna discapacidad en su desarrollo. Pasado un mes, el 20% de los padres que habían estado cuidando de sus hijos durante un largo periodo de tiempo tuvieron una respuesta inmune ineficiente, en comparación con el 4% del otro grupo.
Pero pasados seis meses este porcentaje ascendió al 48% mientras que en el otro grupo no se dieron cambios significativos.
El director del proyecto, Stephen Gallagher explicó que esto indica un nivel muy bajo de anticuerpos en estos padres.
"Estos padres están sometidos a niveles extremos de estrés y lo que precisan es recibir la ayuda y el entrenamiento necesarios".
Por su parte, la coautora del estudio, Anna Phillips, dijo que los padres que están cuidando de estos niños están "increíblemente dedicados" y suelen no hallar un momento para desconectarse.
"Sin embargo, saber los efectos sobre la salud que puede tener un cuidado las 24 horas al día puede ayudar a concienciar a estos padres del hecho que necesitan ayuda".
Por lo tanto, Phillips sugiere que los padres de niños con estas discapacidades en su desarrollo deberían añadirse a la lista de grupos vulnerables elegibles para recibir vacunas como la gripe.
"Ahora estamos investigando cómo la cantidad de sueño afecta el nivel de infecciones que sufren estos padres", añadió.

martes, 3 de junio de 2008

Bajo peso y prematurez, incrementan riesgo de autismo


Los niños que nacen con bajo peso o prematuros tienen más del doble del riesgo de desarrollar autismo, muestra una investigación reciente.

El riesgo era particularmente pronunciado entre las niñas de bajo peso al nacer, afirmaron los autores del estudio, que fue publicado en la edición de junio de la revista Pediatrics. El estudio, llevado a cabo por investigadores de los U.S. Centers for Disease Control and Prevention, ayuda a conocer las misteriosas causas de este trastorno, pero no es probable que se traduzca el beneficios para los pacientes en algún momento próximo.

"Esto nos da más pistas sobre el autismo, que necesitamos desesperadamente, pero no es nada que los clínicos puedan usar ahora mismo", apuntó la Dra. Cindy Molloy, investigadora del autismo y profesora clínica asistente de pediatría del Centro para epidemiología y bioestadística del Hospital infantil de Cincinnati.

Los resultados refuerzan la importancia de monitorizar a los niños que nacen con bajo peso o prematuramente en cuanto a problemas conductuales, para poder tratarlos, enfatizó la autora del estudio Diana Schendel, científica principal de salud del National Center on Birth Defects and Developmental Disabilities de los CDC.

Los llamados "trastornos del espectro autista" constituyen un grupo de trastornos del desarrollo caracterizados por problemas sociales y de comunicación. Según el National Institute for Neurological Disorders and Stroke, unos tres a seis niños de cada mil tendrán autismo, y los de sexo masculino tienen cuatro veces más probabilidades de desarrollar el trastorno que las niñas.

Estudios anteriores han indicado que el bajo peso al nacer y nacer prematuramente son importantes factores de riesgo para los problemas de desarrollo en general en los niños. Pero la asociación entre estos factores y el autismo es menos clara.

Un estudio canadiense publicado a principios de este año encontró que los bebés prematuros que nacen con un peso muy bajo (de unas 3.3 libras o 1.5 kilos) tenían más probabilidades de resultar positivos en pruebas de conductas autistas, pero los hallazgos se consideraban preliminares.

Los investigadores del estudio actual evaluaron a 565 niños que tenían autismo y que habían nacido en el área metropolitana de Atlanta entre 1986 y 1993, y los compararon con un grupo de niños que no tenían autismo, además de a otros niños que tenían discapacidades del desarrollo, como retraso mental, parálisis cerebral, pérdida de la audición o problemas de la visión.

En general, se asoció el peso bajo al nacer con un aumento del doble en el riesgo de autismo, pero el riesgo fue mayor para las niñas que para los niños.

Para todos los niños con peso bajo al nacer, el riesgo de autismo acompañado por otros problemas del desarrollo, como retraso mental, fue más alto que el riesgo de desarrollar autismo solo.

También hubo el doble de riesgo de desarrollar autismo entre los niños nacidos prematuramente, aunque esto se debió primariamente debido a un aumento de más de cinco veces en las niñas nacidas a destiempo.

"Este fue uno de los primeros estudios que tuvo una muestra suficientemente amplia para evaluar a las niñas", señaló Molloy. "Realmente pudieron separar la diferencia entre niños y niñas".

Aún así, el riesgo elevado de autismo observado en bebés de bajo peso al nacer y prematuros fue mucho más bajo que el relacionado con la parálisis cerebral, retraso mental, pérdida de la audición o trastornos visuales.

"Aún no está muy claro si ser pequeño o nacer demasiado pronto podría llevar a estos problemas", dijo Schendel, "pero [estos factores] podrían ser un marcador de un feto con discapacidades, uno que tenga un problema neurológico que retrasa el desarrollo. Por otro lado, nacer pequeño o demasiado pronto podría relacionarse con factores que dañen el desarrollo neurológico del feto, como una infección durante el embarazo".

Los hallazgos respaldan la idea de que hay distintos tipos de autismo y distintos mecanismos subyacentes en tales casos, dijo Molloy.

Via:Hispanicare

miércoles, 9 de enero de 2008

Los casos de autismo siguen aumentando


Desde que el autismo se descubrió en los años cuarenta, han sido múltiples las teorías que han tratado de ofrecer una explicación a este trastorno. Las más recientes apuntaban la posibilidad de que un ingrediente de algunas vacunas infantiles, el timerosal, pudiese ser responsable de esta alteración neurológica. Sin embargo, una nueva investigación ha demostrado que el número de casos en California ha seguido aumentando considerablemente a pesar de que este compuesto se eliminó casi por completo a partir del año 2001.

El timerosal es un conservante derivado del mercurio (casi un 50% de su composición es etilmercurio) que se empleó frecuentemente en la fabricación de vacunas y otros productos farmacéuticos a partir de su descubrimiento en los años treinta. El hecho de que los niños reciban la mayor parte de 'pinchazos' en las etapas previas a la aparición de los primeros síntomas del autismo, levantó las sospechas de que algún ingrediente de las vacunas podría esconder la clave para comprender su origen.

La última evidencia en contra de esta teoría del mercurio, ampliamente defendida por los grupos contrarios a la vacunación infantil, procede de California (EEUU). Según puede leerse en la revista 'Archives of General Psychiatry', un equipo dirigido por Robert Schechter, del departamento californiano de salud pública, estudió la prevalencia de trastornos del espectro autista entre los años 1995 y 2007 en pequeños entre tres y 12 años.

Teniendo en cuenta que el timerosal fue eliminado en la mayor parte de las vacunas en EEUU en 2001, los autores explican que la tasa de niños con trastornos del espectro autista debería haberse reducido drásticamente en ese período si esa fuese la causa. Pero los datos demuestran que no fue así; al contrario, en 10 años esta cifra pasó de 0,3 pequeños por cada 1.000 nacimientos (en 1993) a 1,3 por cada 1.000 en 2003. El pico más elevado se registró entre los nacidos en el año 2000 (4,5 casos).

En busca de otros posibles factores externos
Los responsables de este informe consideran que, pese a sus resultados, habrá que seguir estudiando posibles factores de riesgo externos (y por tanto prevenibles) para dar con la causa del autismo. La hipótesis de que un factor modificable podría causar el problema, reconocen, es esperanzadora, por lo que habrá que seguir indagando y evaluando las tasas de prevalencia de autismo en los próximos años.

En opinión de Eric Fombonne, experto del Hospital Infantil de Montreal (en Canadá) y autor de un editorial sobre este tema en la misma revista, estas conclusiones deberían servir para tranquilizar a padres con niños autistas, "para que sepan que el problema no tuvo su origen en la vacunación, y para que sus hijos sean vacunados con normalidad".

Este estudio, asegura Fombonne, añade nuevas y contundentes evidencias a los estudios previos que tampoco han hallado relación entre las vacunas infantiles y el autismo. Y se pregunta, "¿cuántos trabajos negativos más son necesarios? ¿Y cuánto gasto de dinero público más se puede justificar [para seguir estudiando esta cuestión]?". A su juicio, la explotación de las creencias de las familias con pequeños afectados se ha utilizado demasiadas veces como excusa para promover tratamientos alternativos, "sin ninguna eficacia probada y a menudo con algunos riesgos".

MARÍA VALERIO
elmundo.es

martes, 4 de diciembre de 2007

La fiebre puede desbloquear brevemente un cerebro autista


Durante las últimas décadas, los padres y los médicos han observado que las conductas de los niños con trastornos del espectro autista (TEA) tienden a mejorar durante una fiebre. Esta sospecha se ha confirmado con un estudio publicado en la revista Pediatrics, en la que los investigadores del Instituto Kennedy Krieger han demostrado este efecto.

El estudio evaluó a niños autistas durante y después de un episodio de fiebre encontrando una disminución de los comportamientos autistas en el grupo control. La comprensión de cómo la fiebre afecta al comportamiento de estos niños nos puede dar una idea de las causas del desorden y un potencial trato curativo.

Las conexiones entre diferentes regiones del cerebro no se efectuan en los niños con autismo, lo que limita su capacidad para comunicarse y socializarse. Sin embargo, los rápidos cambios de comportamiento observados con la aparición de la fiebre sugiere que las distintas regiones del cerebro son, de hecho, capaces de conectarse y comunicarse entre sí, algo no contemplado hasta la fecha. Como se desencadena esto, es de momento, toda una incógnita.

El estudio se ha realizdo en 30 niños autistas con edades comprendidas entre 2 y 18 años, durante y después de un episodio de fiebre, definiéndose ésta superior a 38,0ºC. Estos datos fueron comparados con los datos recolectados en otros 30 niños que no padecían la enfermedad. Los resultados revelaron que más del 80% de los niños autistas mostraron alguna mejoría en su comportamiento y aproximadamente el 30% mostró mejorías drásticas.

Fuente: Kennedy Krieger Institute