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lunes, 29 de septiembre de 2008

Paciencia y suero salino para tratar el resfriado

El resfriado común o catarro de las vías respiratorias altas es una de las enfermedades más frecuentes y por ello una causa habitual de consulta pediátrica durante los meses fríos del año. Generalmente se trata de una infección vírica que cursa con fiebre, tos, mucosidad nasal habitualmente acuosa y a veces decaimiento, cuya duración es autolimitada, desapareciendo los síntomas catarrales en menos de una semana. A pesar de ser una enfermedad común y leve, muchos niños reciben tratamiento con medicamentos para fluidificar el moco, disminuir la tos, o antibióticos para combatir la fiebre. Aunque existe en el mercado diferentes fluidificantes del moco, el más efectivo es el agua. Una buena hidratación fluidifica el moco mientras que una escasa hidratación deshidrata las secreciones mucosas, espesándolas. El moco nasal se combate con lavados de nariz con suero salino fisiológico que consiste en agua con sal al 0,9%. La fiebre cuando no es muy elevada es útil para combatir a los virus, temperaturas alrededor de 38ºC son bien toleradas por los niños. El mejor tratamiento para la fiebre es ofrecer agua frecuentemente y quitar ropa para que el cuerpo, más caliente que la temperatura ambiente que le rodea, radie calor al exterior, o paños frescos en la frente, axilas e ingles, cambiándolos frecuentemente porque se calientan. La administración de paracetamol o ibuprofeno dosificados según el peso, no según la edad del niño, son alternativas recomendables cuando las medidas físicas no son suficientes. No hay que empeñarse en mantener la temperatura por debajo de 37ºC, mejor es alrededor de 38ºC. Los descongestionantes nasales nunca o casi nunca están indicados porque producen una falsa mejoría con efecto rebote (empeoramiento posterior), además producen hábito y tienen efectos secundarios. Los medicamentos para suprimir la tos tampoco deben utilizarse porque gracias a ella se limpian las vías respiratorias. Suprimirla en estos casos es perjudicial porque la mucosidad nasal o del resto de las vías respiratorias puede bajar al pulmón al no ser expulsadas por el reflejo de la tos. La administración de una cucharada de miel sola, o con limón o naranja, seda la tos tanto como los medicamentos, también la colocación en la mesilla de noche de una cebolla abierta por la mitad. Los antibióticos rarísimamente están indicados al tratarse de infecciones víricas; al contrario, son perjudiciales porque no sólo no curan este resfriado, pueden dificultar la curación de futuras infecciones no virales. El mejor tratamiento del catarro respiratorio alto o resfriado común es la paciencia y el lavado de las fosas nasales con agua con sal (suero salino).
Un estudio publicado recientemente por Ivo Slapak I y colaboradores en 'Archives of Otolaryngology Head Neck Surgery', ha demostrado que el tratamiento anteriormente recomendado, lavados de nariz con suero salino (agua y sal), es mejor que el tratamiento con fármacos fluidificantes del moco, antitusígenos o antibióticos. Esto además de eficaz es barato y no tiene efectos secundarios.
por:Dr. Juan Casado, Pediatra
via:elmundo.es

domingo, 7 de septiembre de 2008

Para bajar la fiebre en niños, ibuprofeno

El método óptimo para bajar la fiebre en los niños sería comenzar con ibuprofeno únicamente y luego considerar la conveniencia de combinarlo con paracetamol, sugirieron los resultados de un nuevo ensayo clínico. El ibuprofeno es el ingrediente de productos como Advil o Motrin, mientras que el paracetamol (o acetaminofeno en varias regiones) está presente en productos como Tylenol. Tanto el ibuprofeno como el paracetamol están disponibles como genéricos. Según publicó British Medical Journal, el equipo dirigido por Alastair D. Hay, de la University of Bristol, en el Reino Unido, evaluó la duración de la fiebre en 146 niños de entre 6 meses y 6 años de edad, que al azar recibieron ibuprofeno, paracetamol o la combinación de ambos para bajarles la fiebre. En las primeras cuatro horas posteriores al tratamiento, la combinación de fármacos redujo unos 55 minutos la duración de la fiebre, comparado con el uso de paracetamol. La efectividad del ibuprofeno fue similar a la de la terapia combinada. A las 24 horas, la combinación disminuyó la duración de la fiebre unas 4,4 horas, comparado con el paracetamol, y unas 2,5 horas frente al ibuprofeno. Los efectos adversos fueron similares con las tres terapias. Los autores concluyeron: "Los médicos, los enfermeros, los farmacéuticos y los padres que desean usar alguna medicina para bajar la fiebre en un niño pequeño deberían utilizar ibuprofeno primero y analizar los beneficios y los riesgos relativos de la combinación con paracetamol en 24 horas".
FUENTE: British Medical Journal, adelanto online, 3 de septiembre del 2008

jueves, 8 de mayo de 2008

Fobia a la fiebre


La mayoría de padres tienen ideas erróneas sobre la fiebre de sus hijos y tratan en exceso los casos leves, muestra un estudio del Centro infantil Johns Hopkins.
La etnia de los padres podría también tener que ver en cómo ven y tratan la fiebre, añadieron los investigadores.

Para todo padre preocuparse cuando un hijo tiene fiebre y querer curarlo es una respuesta natural, así que todos los pediatras deberían hablar sobre la fiebre con los padres cada vez que llevan a un niño enfermo al consultorio, ya que debemos recordar a los padres que no todas las fiebres son peligrosas, que la fiebre es una señal del aumento de las defensas del cuerpo que luchan contra la infección y que los medicamentos para reducir la fiebre conllevan sus propios riesgos.

Los investigadores que entrevistaron a casi 500 padres que acudían a clínicas pediátricas de Hopkins encontraron que, independientemente de la etnia, tendían a tratar la fiebre en exceso e informaban administrar a sus hijos acetaminofén e ibuprofeno más frecuentemente de lo recomendado. Sin embargo, el tipo de receta y tratamientos para la fiebre variaban un poco según el grupo étnico.

Los padres hispanos tenían la mayor "fobia a la fiebre", pues eran 1.5 veces más propensos que los blancos y los negros a pensar que la fiebre podía causar muerte y daño cerebral. El daño cerebral sólo ocurre en fiebres mayores a 107 °F (41.7 °C), que son bastante poco comunes, afirmaron los investigadores.

Los padres hispanos eran 94 por ciento menos propensos que los negros y blancos a considerar las temperaturas entre los 97 y 100.3 grados Fahrenheit (36 y 38 grados Celsius) como normales. Cualquier temperatura por encima de 100.4 grados Fahrenheit (38 grados Celsius) se considera como fiebre.

Los negros eran el doble de propensos que los hispanos y blancos a administrar ibuprofeno a sus hijos con mayor frecuencia que la dosis única cada seis a ocho horas recomendada.

Tratar la fiebre apropiadamente es importante, señaló el Dr. Crocetti, porque fomenta la somnolencia, la fatiga y la irritabilidad. Entre las cosas importantes que hay que recordar se encuentran:

El acetaminofén se debe administrar cada cuatro a seis horas sin dar más de cinco dosis en 24 horas.
El ibuprofeno se debe administrar cada seis a ocho horas sin dar más de cuatro dosis en 24 horas. Nunca administrar ibuprofeno a niños menores de seis meses.
No administre medicamentos contra la fiebre a niños menores de tres meses sin consultar al médico.
Nunca dé aspirina a un niño.
Más preocupante que la fiebre sola son los síntomas como la deshidratación (caracterizada por menos de tres pañales mojados en 24 horas), la fiebre que dura más de cinco días y un bebé que no se despierta para comer.

Artículo por HealthDay

martes, 4 de diciembre de 2007

La fiebre puede desbloquear brevemente un cerebro autista


Durante las últimas décadas, los padres y los médicos han observado que las conductas de los niños con trastornos del espectro autista (TEA) tienden a mejorar durante una fiebre. Esta sospecha se ha confirmado con un estudio publicado en la revista Pediatrics, en la que los investigadores del Instituto Kennedy Krieger han demostrado este efecto.

El estudio evaluó a niños autistas durante y después de un episodio de fiebre encontrando una disminución de los comportamientos autistas en el grupo control. La comprensión de cómo la fiebre afecta al comportamiento de estos niños nos puede dar una idea de las causas del desorden y un potencial trato curativo.

Las conexiones entre diferentes regiones del cerebro no se efectuan en los niños con autismo, lo que limita su capacidad para comunicarse y socializarse. Sin embargo, los rápidos cambios de comportamiento observados con la aparición de la fiebre sugiere que las distintas regiones del cerebro son, de hecho, capaces de conectarse y comunicarse entre sí, algo no contemplado hasta la fecha. Como se desencadena esto, es de momento, toda una incógnita.

El estudio se ha realizdo en 30 niños autistas con edades comprendidas entre 2 y 18 años, durante y después de un episodio de fiebre, definiéndose ésta superior a 38,0ºC. Estos datos fueron comparados con los datos recolectados en otros 30 niños que no padecían la enfermedad. Los resultados revelaron que más del 80% de los niños autistas mostraron alguna mejoría en su comportamiento y aproximadamente el 30% mostró mejorías drásticas.

Fuente: Kennedy Krieger Institute