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viernes, 23 de octubre de 2009

Feliz día del médico


El Día del Médico, en México, se conmemora hoy, 23 de octubre, desde la década de los treinta. Fue en una Convención de Sindicatos de Médicos Confederados de la República, celebrada en Cuernavaca, Morelos, en 1937, donde se tomó la decisión de hacer esta celebración en esa fecha.
Se instituye, precisamente, el 23 de octubre, porque ese día, en el año 1833, se inauguró el Establecimiento de Ciencias Médicas, uno de los seis colegios de enseñanza superior en los que estaba dividido la Dirección de Instrucción Pública, órgano que creó Valentín Gómez Farías para sustituir a la Real y Pontificia Universidad de México.
Antes de esta época la conmemoración del Día del Médico tenía una connotación netamente religiosa, ya que se veneraban a los diversos santos considerados patronos de la medicina, éstos son: Rafael, El Arcángel; Lucas, el Evangelista y a los gemelos médicos Cosme y Damián.
El Arcángel Rafael es considerado aún como el máximo patrono de los médicos. Comúnmente se le conoce como San Rafael, cuyo nombre quiere decir “Medicina de Dios”, puesto que tiene sobre los demás Ángeles la misión de cuidar de la salud de los hombres. Además, específicamente, tiene influencia para curar los encordios o bubones (inflamaciones de los ganglios de las ingles), el morbo gálico (sífilis) y las úlceras genitales. Su fiesta se celebra el 24 de octubre.
Durante los primeros siglos de la Edad Media el culto a los santos encargados de curar las enfermedades se hizo muy popular. Así nace la veneración a los hermanos Cosme y Damián, santos que se ubican entre los años 287 al 330. Se cuenta que fueron decapitados en Egea, en Arabia, durante el gobierno del emperador Diocleciano, por haberse negado a ofrecer sacrificios a los dioses y porque habían convertido herejes al cristianismo.
Según la leyenda, descendían de padres cristianos, habían estudiado medicina en Arabia y ejercían la profesión médica por caridad. Durante la persecución de Diocleciano y Maximino fueron detenidos e instados a abandonar su fe. Al no hacerlo, primero fueron arrojados al mar, de donde salieron ilesos; luego se les condenó a la hoguera, sin que les hiciera daño; entonces los asaetearon, pero las saetas se volvieron contra los que disparaban. Finalmente los decapitaron el 27 de septiembre.
En el año de 1226, el gremio de cirujanos de París nombró a San Cosme y San Damián como sus patronos y además celebraba sus reuniones en la iglesia de San Cosme; como primera escuela de especialización para cirujanos recibió el nombre de Colegio de San Cosme, manteniéndose hasta el año de 1713, y de allí surgió la Academia de Cirugía. En 1572 se fundó, en Solothurn, la Hermandad de San Cosme y San Damián, que puede ser considerada la primera asociación de médicos.
Lucas el Evangelista nació en Antioquía de Siria y fue médico antes de unirse a los Apóstoles de Jesús. Escribió el tercer Evangelio que lleva su nombre y los Hechos de los Apóstoles, en donde narra cómo con la fe se obtenía la salud (era invocado con frecuencia por los enfermos). También los médicos acudían a él para que los ayudara en sus trabajos. Murió en Acayo o Bitinia.
En el siglo XIX, después que los médicos adquirieron el antiguo Palacio de la Inquisición para la Escuela de Medicina (octubre de 1854), Urbano Fonceca, en su calidad de miembro de la Junta de Gobierno de la Academia Nacional de San Carlos, propuso que se esculpiera una estatua en mármol de San Lucas Evangelista, para donarla a la Escuela Nacional de Medicina. Se encargó a Roma el trozo de mármol de Carrara, con un peso de mil 285 kilos. Manuel Vilar dirigió los trabajos y fue tallada por su alumno Martín Soriano; en 1859 se terminó la estatua.
El 7 de junio de 1860 se hizo la solemne inauguración de la estatua de San Lucas en el centro del patio de la Escuela de Medicina, en donde permaneció por mucho tiempo, hasta que en 1913 se le trasladó al salón de actos y más tarde al vestíbulo del mismo. En 1950 se cambió al descanso de la monumental escalera principal del edificio, en donde aún permanece, después de la reconstrucción del Palacio de la Escuela de Medicina.

jueves, 9 de julio de 2009

Los antibióticos podrían elevar el riesgo de infección recurrente de oído

El uso repetido de antibióticos para tratar infecciones recurrentes de oído en los niños pequeños aumenta el riesgo de tales infecciones recurrentes en veinte por ciento, de acuerdo con investigadores holandeses que abogan por un uso más prudente de antibióticos en niños pequeños. Los investigadores encontraron que el 63 por ciento de los niños que recibieron amoxicilina experimentaron una infección recurrente de oído en un periodo de tres años, en comparación con el 43 por ciento de los niños que recibieron un placebo al momento de su infección inicial. El hallazgo procede de una encuesta a padres de 168 niños, de seis meses a dos años de edad, que formaron parte de un estudio sobre el uso de antibióticos para tratar las infecciones de oído. Los resultados del estudio aparecen en la edición en línea del 1 de julio de BMJ. En el grupo que recibió amoxicilina, 47 de 75 niños tuvieron al menos una infección de oído recurrente, en comparación con 37 de 86 niños del grupo de placebo. Esto equivalió a un riesgo 2.5 veces mayor de infección de oído recurrente para el grupo de amoxicilina. Sin embargo, el estudio también encontró que el treinta por ciento de los niños del grupo de placebo había tenido una cirugía de oído, nariz y garganta después de su infección inicial, en comparación con el 21 por ciento del grupo de amoxicilina. La mayor tasa de recurrencia entre los niños que tomaban amoxicilina pudo deberse a un debilitamiento de la respuesta inmunitaria natural del cuerpo como resultado de tomar un antibiótico en la primera fase de la infección, señalaron los investigadores. El uso de antibióticos en tales casos podría provocar un "cambio adverso" que fomente el desarrollo de bacterias resistentes. Los antibióticos pueden reducir la duración y gravedad de la infección de oído inicial, pero quizás también provoquen un número mayor de infecciones recurrentes y resistencia a los antibióticos, aseguraron los investigadores. Debido a esto, destacaron, los médicos deben usar los antibióticos con mucho cuidado en niños que tengan infecciones de oído.
Via:Dr. Tango

jueves, 8 de mayo de 2008

Fobia a la fiebre


La mayoría de padres tienen ideas erróneas sobre la fiebre de sus hijos y tratan en exceso los casos leves, muestra un estudio del Centro infantil Johns Hopkins.
La etnia de los padres podría también tener que ver en cómo ven y tratan la fiebre, añadieron los investigadores.

Para todo padre preocuparse cuando un hijo tiene fiebre y querer curarlo es una respuesta natural, así que todos los pediatras deberían hablar sobre la fiebre con los padres cada vez que llevan a un niño enfermo al consultorio, ya que debemos recordar a los padres que no todas las fiebres son peligrosas, que la fiebre es una señal del aumento de las defensas del cuerpo que luchan contra la infección y que los medicamentos para reducir la fiebre conllevan sus propios riesgos.

Los investigadores que entrevistaron a casi 500 padres que acudían a clínicas pediátricas de Hopkins encontraron que, independientemente de la etnia, tendían a tratar la fiebre en exceso e informaban administrar a sus hijos acetaminofén e ibuprofeno más frecuentemente de lo recomendado. Sin embargo, el tipo de receta y tratamientos para la fiebre variaban un poco según el grupo étnico.

Los padres hispanos tenían la mayor "fobia a la fiebre", pues eran 1.5 veces más propensos que los blancos y los negros a pensar que la fiebre podía causar muerte y daño cerebral. El daño cerebral sólo ocurre en fiebres mayores a 107 °F (41.7 °C), que son bastante poco comunes, afirmaron los investigadores.

Los padres hispanos eran 94 por ciento menos propensos que los negros y blancos a considerar las temperaturas entre los 97 y 100.3 grados Fahrenheit (36 y 38 grados Celsius) como normales. Cualquier temperatura por encima de 100.4 grados Fahrenheit (38 grados Celsius) se considera como fiebre.

Los negros eran el doble de propensos que los hispanos y blancos a administrar ibuprofeno a sus hijos con mayor frecuencia que la dosis única cada seis a ocho horas recomendada.

Tratar la fiebre apropiadamente es importante, señaló el Dr. Crocetti, porque fomenta la somnolencia, la fatiga y la irritabilidad. Entre las cosas importantes que hay que recordar se encuentran:

El acetaminofén se debe administrar cada cuatro a seis horas sin dar más de cinco dosis en 24 horas.
El ibuprofeno se debe administrar cada seis a ocho horas sin dar más de cuatro dosis en 24 horas. Nunca administrar ibuprofeno a niños menores de seis meses.
No administre medicamentos contra la fiebre a niños menores de tres meses sin consultar al médico.
Nunca dé aspirina a un niño.
Más preocupante que la fiebre sola son los síntomas como la deshidratación (caracterizada por menos de tres pañales mojados en 24 horas), la fiebre que dura más de cinco días y un bebé que no se despierta para comer.

Artículo por HealthDay