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jueves, 24 de septiembre de 2009

Estrés + adolescencia = acné


Comer pocos dulces, mucha verdura y evitar el estrés. Podría ser un buen truco para reducir el acné, una alteración de la piel muy común durante la adolescencia. Según un estudio publicado en 'Journal BioMed Central Public Health', tanto los problemas de salud mental como la dieta influyen en el desarrollo de este trastorno. "Observamos una asociación muy significativa entre el acné, una baja ingesta de verduras y un alto consumo de chocolate, dulces y patatas fritas", afirman los autores de la investigación. Sin embargo, subrayan, el hallazgo más consistente e importante de este estudio es la relación que hay entre el estrés y la aparición de espinillas. "Si la prevalencia de chicos con acné y estrés era del 20,5%, en aquellos sin esta alteración mental era de 13,4%. En cuanto a las jóvenes con espinillas, las que tenían estrés duplicaban a las que no lo padecían". Aunque se han desarrollado numerosos estudios en este campo, las conclusiones no han sido determinantes. A diferencia de este trabajo, "contaban con una muestra reducida y limitada de participantes", según citan los autores en su artículo. "Han sido muy útiles para saber que la depresión y la ansiedad son dos problemas muy comunes en esta etapa de la vida". De las anteriores investigaciones se pueden deducir las razones por las que las circunstancias estresantes empeoran el acné, que, de momento, "son puramente especulativas", señala Isabel Aldanondo, responsable de Dermatología del USP Hospital San José (Madrid). "Puede ser por la producción de la sustancia P, que es un neuropéptido cuya liberación en el folículo pilosebáceo aumentaría la producción de grasa de la glándula sebácea. Pero también es probable que tenga algo que ver la producción de las hormonas del estrés, que incrementarían también la grasa". En este punto, los autores recuerdan que algunos fármacos antidepresivos pueden mejorar el acné.
Los resultados de este estudio no sólo señalan dicho estrés como causa de acné, también como consecuencia. "Cuando aumenta la severidad de este trastorno, el estrés del afectado se resiente", según sugiere el grupo de científicos de la Universidad de Oslo (Noruega). Tal y como exponen los expertos, el acné, al igual que otras patologías de la piel, como la dermatitis o la alopecia, influye psicológicamente en los afectados debido a que se presentan en las zonas visibles del cuerpo. "Está demostrado que la calidad de vida de estos jóvenes es como la de quienes padecen asma, epilepsia o diabetes, por ejemplo". En esta ocasión, los investigadores analizaron los casos de 3.775 adolescentes de 18 y 19 años con el objetivo de explorar las posibles causas de esta alteración de la piel. Los participantes completaron unos cuestionarios sobre acné, dieta, estilo de vida y trastornos mentales. Según los expertos, la relación entre el acné y la dieta se cuestiona porque no existen ensayos clínicos de relevancia suficiente que logren demostrar esta causalidad. Sin embargo, incide Isabel Aldanondo, "esta es una posible teoría, puesto que los alimentos que inducen liberación de insulina (hidratos de carbono, principalmente) hacen que ésta a su vez origine factores de crecimiento que actúan sobre los queratinocitos de la unidad pilosebácea y también que aumente la producción de andrógenos". Los resultados de este nuevo estudio muestran que en las chicas, existe un vínculo significativo entre el acné y la dieta baja en verduras. Esto podría indicar que un índice glucémico bajo podría tener un papel protector en el desarrollo de las espinillas. Entre ellos, el acné estaba asociado con el frecuente consumo de chocolate, dulces y patatas fritas. "En ambos casos, el acné era más prevalente entre los adolescentes que seguían una dieta con alto consumo de pescado graso o azul (atún, salmón, sardina...). Esto significa que "seguir una dieta baja en patatas fritas, dulces y chocolate y alta en verduras parece tener un efecto protector contra el acné", señala Halvorsen, quien también advierte que "es muy pronto para proporcionar a los adolescentes con acné consejos dietéticos derivados de estos estudios. Es necesario realizar más investigaciones". De momento, "en la práctica clínica cotidiana, los dermatólogos no solemos aconsejar restricciones dietéticas a los pacientes con acné, a no ser que ellos mismos refieran una clara relación entre la ingesta de un alimento determinado y el agravamiento del acné", apostilla la especialista del USP Hospital San José (Madrid).

Via:elmundo

jueves, 29 de mayo de 2008

Dieta Montignac, para prevenir y tratar la obesidad infantil, causa polémica


Michel Montignac ha vuelto a hacer saltar la polémica. La dieta que lleva su nombre, basada principalmente en la medición de los índices glucémicos de los alimentos, no es bien recogida por buena parte de la comunidad científica. Sin embargo, sus libros se venden en todo el mundo. En su visita a España ha presentado un nuevo título con el que pretende 'Prevenir y combatir la obesidad en el niño'.

"En el último siglo, la prevalencia de la obesidad ha aumentado un 600%, en España o Francia, y hasta un 1.200% en el caso de EEUU. Esto es de especial importancia en los niños", ha declarado el doctor Montignac, durante una conferencia en la Asociación de la Prensa de Madrid.

Para prevenir y tratar la obesidad infantil, al igual que en la edad adulta, este experto predica los beneficios de una dieta que creó hace ya dos décadas y con la que presume de haber perdido 21 kilos. Su tesis se basa en dos conceptos: "el factor energético no es determinante en el peso" y "lo importante es el aspecto cualitativo, en detrimento de lo cuantitativo o, lo que es lo mismo, el tipo de comida".

"Los alimentos conllevan una serie de reacciones metabólicas en cadena que, al final, determinan si la energía resultante se quema o se almacena", explica. Algunos glúcidos o hidratos de carbono generan "un alto nivel de glucemia que conlleva una excesiva secreción de insulina, lo que provoca que la energía se almacene y se gane peso". Por eso, Montignac establece una clasificación de los alimentos en función de su índice glucémico (IG).

Además de los glúcidos, que deben componer un 40% de la pirámide alimentaria (preferentemente de bajo IG), este experto recomienda consumir un 30% de proteínas (dos tercios de origen animal) y la misma cifra de lípidos (monoinstaurados y poliinsaturados). Las dietas tradicionales, sitúan el equilibrio nutricional en unas cifras algo distintas: 55%, 15% y 30%, respectivamente.

"Lo que Montignac propone es elegir los hidratos de carbono en función de la velocidad con la que se absorben. Sí permite las fibras pero no el almidón, presente en el arroz o las patatas, por ejemplo. Con esto se corre el riesgo de comer demasiadas grasas y proteínas, lo que puede provocarnos, por ejemplo, daños renales. Si tomamos muchas proteínas, los niveles de ácido úrico aumentan y es posible que padezcamos gota", menciona Victorina Aguilar, directora del departamento de Nutrición y Bromatología de la Universidad de Alcalá (Madrid).

En el caso específico de los niños, protagonistas de su nuevo libro, Montignac cree que el exceso de peso no es consecuencia directa de la cantidad de calorías ni del sedentarismo. "Cuando vivía en EEUU veía a muchos niños obesos que se pasaban todo el día jugando al fútbol o al baloncesto en el parque", apunta.

En su obra se dirige a los profesionales de la salud pero también a los padres. Así destaca, por ejemplo, que consumir glúcidos con un IG muy alto durante el embarazo predispone al niño a padecer obesidad. Y lo mismo ocurre con la lactancia artificial. "Las proteínas están tres veces más presentes en la leche de vaca que en la leche materna", sostiene.

Este pensador francés opina que la leche es completamente innecesaria fuera del periodo de lactancia. Esta creencia, en países como España, donde este producto está muy presente, provoca mucho revuelo. "Tengo cinco hijos, perfectamente sanos y nunca han bebido leche que no fuera materna. No hay más que pensar en las mujeres japonesas que, a pesar de no tomarla, presentan unos niveles muy bajos de osteoporosis, frente a lo que sucede en Finlandia donde se consume mucha leche y, sin embargo, la citada enfermedad está muy presente".

A la hora de definir la dieta infantil, Montignac recalca una serie de factores: "La diversificación de la alimentación se hace de manera muy precoz, se inicia a los cuatro meses en lugar de a los seis; se consumen demasiadas proteínas, entre dos o tres veces más de lo necesario, que provocan hiperinsulinsimo; y se toman muchos alimentos industriales, que contienen un alto índice glucémico".

Mantiene una postura especialmente dura contra productos procesados muy presentes en la alimentación infantil actual. Es el caso de los potitos o los cereales para el desayuno, por ejemplo, que presentan un alto IG. Tampoco se muestra favorable a todo tipo de pasta, uno de los platos favoritos de los niños de ahora, pero sí a los espaguetis cocinados 'al dente'.

"El calor al que se someten en su proceso de fabricación genera una película de trigo duro que impide que el almidón se convierta en gel y, por tanto, evita que el índice glucémico sea elevado. Luego, es importante no cocerlos demasiado para no romper esa película. Y si se dejan reposar un día el IG disminuirá cinco puntos más", asegura.

En este sentido, la doctora Aguilar remarca que "en la etapa infantil lo primordial, más que una dieta, es enseñar unos hábitos correctos". De esta opinión es Javier Aranceta, presidente de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria, quien añade, además, "que lo que interesa no es tanto que adelgacen como que no sigan ganando peso, de forma que cuando crezcan su cuerpo se vaya adaptando".

Aranceta sostiene que en caso de seguir la dieta Montignac siempre debe ser supervisada por un especialista. Él debe asegurarse, entre otros aspectos, de que se cubre la cantidad diaria recomendada de frutas y verduras y de lácteos (cinco y tres raciones, respectivamente).

Por otro lado, Julio Basulto, coordinador del grupo de Revisión, Estudio y posicionamiento de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas (AEDN), se muestra radicalmente contrario a este método. Y acusa a Montignac de no estar suficientemente formado en la materia ya que, aunque lleva 35 años en el sector farmacéutico, no ha estudiado Medicina y presume de ser un autodidacta.

Si se quiere arreglar un avión hay que llamar a un ingeniero aeronáutico. Aunque yo sepa mucho de aviones, si escribo un libro en el que digo que todos los ingenieros están equivocados me convierto en un pretencioso", declara Basulto en un cara a cara con el afamado experto.

Por el contrario, Montignac mantiene que su método está más que demostrado, "frente al fracaso de las dietas tradicionales". Además de su propio caso, explica, son varias las evidencias y las investigaciones que lo sostienen. Entre ellas, apunta, un pequeño estudio publicado en 2001 por el 'British Journal of Nutrition', que compara esta dieta con la propuesta por la Asociación Americana de Cardiología (AHA).

"Se trata de un estudio realizado en 12 personas y a corto plazo. Si viniese un extraterrestre, cogiese a una docena de adultos y los datos obtenidos los extrapolara a toda la población, yo no me lo tomaría en serio", refuta Basulto.

Él mismo recalca la importancia de demostrar los beneficios a largo plazo: "Está claro que su dieta funciona, la gente adelgaza en cuanto les modificas la alimentación (menos refrescos o grasas saturadas). Pero hay que demostrar que es eficaz durante suficiente tiempo, en un número importante de personas y que no supone riesgos para la salud".

"El concepto de Índice Glucémico es indiscutible, lleva 22 años presente y, si no valiese, ya habría desaparecido. Lo que sucede es que al ser algo complicado de entender, algunos expertos no lo dominan", contesta Montignac. Precisamente, a esta complejidad se refiere el nutricionista Javier Aranceta: "Para seguir esta dieta es necesario cierto nivel cultural porque hay que saber diferenciar la composición de los alimentos, conocer el índice glucémico...".

Por último, el miembro de la AEDN, alerta de que el problema principal de este tipo de libros es que no todo lo que se dice en ellos es falso: "Aunque el contenido de un volumen de seguridad vial sea correcto excepto en dos afirmaciones ya resulta peligroso [...] Al no ser expertos en la materia, las personas no tienen por qué diferenciar lo que es verdad de lo que no".

En este sentido, enumera tres errores básicos del método: "obvia que es importante que la dieta sea pobre en proteínas animales; no insiste en la importancia de realizar ejercicio físico; y se equivoca en tomar el IG como único referente en el tratamiento de la obesidad".

Via:http://www.elmundo.es/