martes, 13 de octubre de 2009

Luz y Fuerza del centro, que hay detras??


Los cables se cruzaron. Y saltaron chispas. El corto circuito entre el gobierno mexicano y el sindicato de Luz y Fuerza del Centro (LYFC) luce casi inevitable. Pero no es un cruce de cables de energía eléctrica. Son cables de cobre y de fibra óptica. Son redes de telecomunicaciones. Son la competencia que se necesita para equilibrar a Telmex. Ése parece ser el trasfondo de un conflicto que se inició en el sexenio de Ernesto Zedillo, cuando el entonces subsecretario de Comunicaciones Javier Lozano enfrentó al monopolio de Carlos Slim. Una disputa que se trasladó al sexenio de Vicente Fox y que más tarde derivó en que el dueño de Telmex fundió las aspiraciones de Javier Lozano para instalarse en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes en el actual gobierno calderonista. Un conflicto que hoy se desplaza a la arena de uno de los sindicatos más consentidos de México. Una disputa que está viciada de uno y otro lado.
En un extremo del cable está el gobierno mexicano, que busca meter en cintura lo que considera un sindicato que se salió de control y que le cuesta miles de millones de pesos en subsidios anuales. Un gobierno mexicano que está dispuesto a liquidar Luz y Fuerza del Centro para consolidar la red nacional de electricidad en torno a la CFE.
Pero en ese mismo extremo del cable del gobierno mexicano, está la firma de un contrato para que una empresa monte un cableado de fibra óptica sobre la postería de Luz y Fuerza del Centro. Una posibilidad de triple play en telecomunicaciones. Romper el monopolio de Telmex.
Pero el contrato es cuestionable. Está asignado y firmado en el sexenio de Vicente Fox, sin licitación de por medio. Es otorgado a una firma española que termina en sociedad con dos ex secretarios de Energía del mismo sexenio foxista. Evidentes violaciones y conflicto de intereses. En el otro extremo del cable está un sindicato que desmiente el saqueo a la empresa bajo el argumento de que apenas 39 por ciento de sus ingresos son para cubrir sueldos, prestaciones y jubilaciones. Y que las pérdidas que se le atribuyen a Luz y Fuerza del Centro son las descompensaciones de una electricidad que la CFE les vende cara para que ellos la distribuyan y la facturen barata a los grandes consumidores del Distrito Federal y el Estado de México. Pero en ese mismo extremo del cable está un sindicato que año tras año busca no sólo mantener, sino acrecentar privilegios laborales excesivos, que no son sostenibles en estos tiempos de competencia global. Un sindicato que por su abierta filiación de izquierda, aparece como beligerante y retador. Tanto, que ningún presidente, ni Carlos Salinas, que sometió a "La Quina", lo ha podido meter en cintura. Un sindicato que por sus relaciones con la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) y con Francisco Hernández Juárez, el líder de los telefonistas, bien podría alinearse por simpatía a los intereses de Telmex. Al que perjudicaría la red de fibra óptica que se montaría sobre los postes de luz. Por eso hay que ver el conflicto entre el gobierno y el sindicato de Luz y Fuerza del Centro como algo que va más allá del eterno conflicto laboral. Es cierto que la intención final de esta confrontación apunta hacia una liquidación de Luz y Fuerza del Centro, para dar paso a una integración nacional de la red eléctrica bajo la CFE. Pero no hay que desestimar que eso es del pasado.
En el fondo, la disputa es de futuro. Del enorme potencial de negocios que significa la posibilidad de montar sobre su infraestructura una red de fibra óptica que sea la mejor opción para el triple play. El némesis de Telmex.

George Gamow y Los olvidados del Nobel


Qué premio Nobel explicó la física cuántica de la radiactividad, postuló la versión moderna del Big Bang, propuso que las estrellas brillan por reacciones termonucleares y descubrió el concepto de código genético? Ninguno. La persona existió -se llamaba George Gamow-, pero no recibió el premio. Ni el de física ni el de medicina.Tampoco lo recibió Dmitri Mendeleyev, cuya tabla periódica decora las escuelas de todo el mundo; ni Oswald Avery, que demostró que el ADN es la molécula portadora de la información genética; ni Lise Meitner, descubridora de la fisión nuclear; ni Julius Lilienfeld, creador del transistor; ni George Zweig, codescubridor de los quarks. Es sólo el arranque de una larga lista de ilustres no premiados nunca con un Nobel de ciencias. Y fuera de las ciencias es peor aún. El pacifista más célebre del siglo XX, Mahatma Gandhi, no recibió el Nobel de la paz, a diferencia de Henry Kissinger o Yasser Arafat. Y el de literatura ha tenido que afinar realmente su puntería para no recaer en León Tolstói, Anton Chejov, Franz Kafka, Marcel Proust, James Joyce, Henry James, Vladimir Nabokov, Graham Greene o Jorge Luis Borges, por citar sólo a los muertos. El Nobel, con todo, sigue siendo el premio más prestigioso que puede recibir un intelectual en este planeta. Y su prestigio no se debe a la tradición -¿por qué tendría el mundo que respetar una tradición sueca?-, sino a su exhaustivo mecanismo de selección. Los premios que hemos conocido esta semana son el resultado de un año de investigación sobre los candidatos. La Real Academia Sueca de Ciencias (que concede los premios de física, química y economía), el Instituto Karolinska (medicina), la Academia Sueca (literatura) y el Comité Nobel Noruego (paz) invitaron en octubre del año pasado -como hacen cada otoño- a 6.000 expertos de todo el mundo a presentar las nominaciones (nunca de sí mismos). Eso son unos 1.000 expertos por premio, entre ellos, los anteriores premios Nobel de cada área, y el resultado suelen ser 100 o 200 nominaciones en total. Los seis comités Nobel, uno por premio, empezaron en febrero a seleccionar esas nominaciones, y sólo han acabado hace un par de semanas. Durante este proceso consultan a muchos expertos externos, y de ahí suelen venir los rumores sobre la identidad de los premiados, por lo general escasos y poco fiables. Una selección de este tipo garantiza que todos los premiados merecen serlo -en ciencia ha habido pocas concesiones controvertidas-, pero no que todos los merecedores sean premiados. Es lógico por lo tanto que la mayoría de las decisiones polémicas de la Academia lo hayan sido sobre todo por ausencia. O por tardanza, que sólo difiere de la ausencia en la longevidad del candidato. Pero lo cierto es que cada caso es un mundo. Una clase minoritaria de no-premiados son los que el físico británico John Gribbin llama los visionarios. Son "más importantes que los premios Nobel", según Gribbin. El paradigma es el mismo Gamow citado en el primer párrafo. Su influencia en la ciencia es incalculable, aunque también en el sentido literal: que no puede calcularse. Son ideas, avistamientos, pautas. Su alcance se debe a cómo han influido en otros científicos, y el Nobel suele ser para éstos. Gamow nació en Odesa cuando era parte del Imperio Ruso, y estudió física en San Petersburgo cuando se llamaba Leningrado, pero trabajó toda su vida en Gotinga, Copenhague, Cambridge y Boulder (Colorado, EE UU). En 1948 propuso con Ralph Alpher la teoría del Big Bang. Otros físicos habían especulado antes con la idea, pero fue el artículo de Alpher y Gamow el que permitió demostrar el Big Bang 15 años después. Como Alpher y Gamow parece alfa y gama, Gamow no pudo resistirse a buscar una beta para redondear el artículo. La encontró pronto en uno de los grandes físicos teóricos del siglo XX, Hans Bethe, a quien persuadió de firmar el trabajo pese a su nula contribución. El histórico artículo The origin of chemical elements salió así firmado por Alpher, Bethe y Gamow, a satisfacción de este último. Bethe, al menos, sí recibió el Nobel, aunque por otra cosa. James Watson y Francis Crick descubrieron la doble hélice del ADN en 1953. Poco después de haber publicado el hallazgo en Nature recibieron una carta de Gamow, a quien no conocían de nada. El físico proponía allí el primer modelo de un código genético: un lenguaje que traducía el orden lineal de las letras del ADN -recién descubierto por los receptores de la carta- en otro tipo de secuencia: la hilera de aminoácidos que constituye las proteínas. Su modelo concreto era incorrecto, pero el concepto de código genético resultó capital. Thomas Edison patentó 1.093 inventos, entre ellos el fonógrafo, el altavoz y el micrófono del teléfono, las piezas clave del cinematógrafo, el primer generador eficaz y un modelo de ferrocarril eléctrico. Y la bombilla, por supuesto. Entretanto, su colega Nikola Tesla ideaba las dinamos de corriente alterna, la transmisión de la energía eléctrica y la bobina de inducción, que le permitió adelantarse a Marconi en la patente de la radio. Edison y Tesla fueron nominados al Nobel en 1915, pero la Academia los descartó por una razón de peso: no se podían ni ver el uno al otro. Marconi había recibido el galardón seis años antes. Durante la primera mitad del siglo, los experimentos en aceleradores descubrieron tantas partículas subatómicas que los físicos las llamaban "el zoo": protones, neutrones, rho, delta, sigma, xi, kaones, antikaones, piones, cientos de partículas elementales. En 1964, Murray Gell-Mann y George Zwieg se dieron cuenta de que podían explicarlas como distintas combinaciones de sólo tres partículas aún más elementales: los quarks. Gell-Mann, que fue quien les puso ese nombre, fue el único de los dos que recibió el premio Nobel. Zwieg los había llamado "ases". El mayor descubrimiento de la biología del siglo XX, la doble hélice del ADN -la clave de la herencia-, no hubiera sido posible sin un dato previo esencial: que el ADN es el material hereditario. Fue Oswald Avery quien lo demostró en 1944, y contra todo pronóstico, porque casi todos los científicos pensaban lo contrario hasta entonces (y la mayoría siguió pensándolo aún después). La razón de que Avery no recibiera el galardón ha sido un misterio durante 50 años, el tiempo que tarda la comisión Nobel en hacer públicas sus deliberaciones. Hoy se sabe que el químico sueco Einar Hammarsten bloqueó su candidatura, y que siguió haciéndolo incluso después de que Watson y Crick descubrieran la doble hélice en 1953. Hammarsten creía que la información genética estaba en las proteínas, y su convicción era impermeable a los datos. Barbara McClintock descubrió los transposones -genes que saltan de un lugar a otro del genoma- en 1948 con una serie impecable de experimentos en el maíz. No sólo demostró su existencia, sino también que suelen alterar la actividad de los genes que tienen al lado, y percibió que debían ser muy importantes en el desarrollo y la evolución. McClintok ya estaba reconocida para entonces como una de las genetistas más brillantes del mundo, pero sus resultados fueron recibidos con escepticismo por muchos científicos, e ignorados por muchos otros. El resultado fue que McClintock recibió el Nobel, pero 35 años después, cuando ella había cumplido 81. Al menos pudo vengarse en la cena protocolaria de Estocolmo con estas palabras: "Debo admitir que al principio me sentí sorprendida, y después confundida. Nadie me invitaba a dar clases o seminarios, ni a intervenir en comités o tribunales académicos. Pero ese largo intervalo resultó ser una delicia. Me dio una completa libertad para seguir investigando por puro placer y sin interrupciones". Einstein ganó el premio Nobel en 1921 por su explicación del efecto fotoeléctrico, uno de los artículos clave que publicó en su annus mirabilis de 1905. Esto implica que su teoría de la relatividad, uno de los dos pilares de la física actual junto a la mecánica cuántica, es otro de los grandes olvidados de la Academia, aunque su autor no lo sea. Y la razón tiene esta vez algo de paradójico. Einstein formuló la relatividad, también en 1905, para responder a la pregunta: ¿qué ocurriría si una persona corriera tan deprisa que lograra alcanzar a una onda de luz? La persona vería una onda de luz que está quieta, como parece quieto un tren que se mueve en paralelo al nuestro. Pero la velocidad de la luz es una ley fundamental de la naturaleza, y por tanto no puede parecerle quieta a nadie. La solución de Einstein fue aceptar los hechos y derivar sus consecuencias lógicas, por extrañas que pareciesen. La velocidad no es más que el espacio partido por el tiempo. Si la velocidad de la luz tiene que ser constante aunque corras tanto como ella, es que el tiempo y el espacio no pueden serlo. Esta teoría de 1905 se llama relatividad especial, y una de sus consecuencias directas es la célebre ecuación E=mc2, que reveló que la masa (m) y la energía (E) son dos caras de la misma moneda, y que una ínfima cantidad de masa puede convertirse en una gran cantidad de energía al multiplicarse por el cuadrado de la velocidad de la luz (c), que es un número enorme. Es el fundamento de la energía nuclear y de la bomba atómica. También del brillo de las estrellas. Einstein fue nominado por esta teoría varias veces desde 1910, pero la Academia prefirió esperar a que los experimentos despejaran las dudas. Eso ocurrió en 1915, pero para entonces Einstein ya había desarrollado la relatividad general, la teoría de la gravitación que corrigió a Newton. Y ésta era más chocante aún que la relatividad especial, por lo que Estocolmo se volvió a echar atrás. De modo que el físico fue, en cierto modo, víctima de su propio éxito. Sin embargo, éste es un asunto sobre el que los científicos sólo albergan una duda: si Einstein mereció otros dos premios Nobel, o si más bien fueron tres. Alfred Nobel, el inventor de los premios -y de la dinamita-, dejó escrito en su testamento que el galardón de literatura se concediera a escritores de "tendencia idealista". El comité se tomó la frase a la tremenda en los primeros tiempos, y la adujo para rechazar las candidaturas de Tolstói, Twain, Ibsen y Zola. Cuando se relajó la norma ya estaban todos muertos. Karel Capek, el gran escritor checo de la primera mitad del siglo XX -e introductor de la palabra robot-, suscitó las dudas del comité Nobel por sus obras antinazis de los años treinta. A los académicos les parecían demasiado insultantes para el Gobierno alemán. De todos modos quisieron dar una oportunidad a Capek, de cuyos méritos literarios no dudaban, y le pidieron que presentara alguna obra menos controvertida. "Gracias por la intención", respondió Capek, "pero ya escribí mi tesis doctoral". Se quedó sin premio, como es natural. El caso de 1974 en literatura es poco representativo, pero aún menos eludible. Vladímir Nabokov, Graham Greene y Saul Bellow fueron rechazados ese año para otorgar el premio a Eyvind Johnson (Retorno a Ítaca) y Harry Martinson (Ortigas en flor), dos escritores bastante conocidos en Suecia, entre otras cosas por ser miembros de la Academia Sueca. No está claro cuánto podrán resistir los Nobel con su esquema actual. Los matemáticos y los paleontólogos siempre se han quejado de que no haya un Nobel para sus disciplinas, pero la lista de agraviados puede crecer pronto hasta límites insoportables. Porque tampoco hay un Nobel de computación, ni de nuevos materiales, ni de nanotecnología ni de climatología. Ni de cine, que se lo podrían haber dado a Ingmar Bergman sin hacer el ridículo.

Via:elpais

viernes, 9 de octubre de 2009

Lactoferrina reduce la incidencia de sepsis en recién nacidos diminutos


Una proteína de la leche de vaca podría reducir en cerca de dos tercios la tasa de sepsis en bebés que nacen con un peso inferior a un kilo y medio. Esa es la conclusión de un estudio publicado en la edición del 7 de octubre de la Journal of the American Medical Association que encontró que cuando a estos recién nacidos diminutos se les daba una dosis diaria de lactoferrina, una proteína de la leche de vaca, junto con una bacteria probiótica durante las primeras semanas de vida, la incidencia de sepsis, descendía de forma drástica. "La prevención de la sepsis en neonatos se pueden alcanzar mediante la complementación de una intervención sencilla, fácilmente disponible y económica, además de bien tolerada y de fácil implementación en cualquier escenario, incluidos los países en vías del desarrollo", aseguró el autor del estudio, el Dr. Paolo Manzoni, neonatólogo del Hospital S. Anna en Torino, Italia.
Sin embargo, la lactoferrina bovina aún no se ha aprobado en Estados Unidos de la forma en que se utilizó en el estudio, aislada de la leche y luego concentrada. Debido a que la lactoferrina bovina se encuentra de forma natural en la leche de vaca, los investigadores no esperan ningún problema de seguridad a largo plazo. La lactoferrina se encuentra también en la leche materna, pero dadas las concentraciones necesarias, tiene que manipularse genéticamente, lo que hace que sea más costosa.

En el estudio actual participaron 472 recién nacidos italianos que pesaron menos de 1,500 gramos al nacer. Los médicos clasificaron a estos bebés con "un peso al nacer demasiado bajo" Dentro de esta categoría, un bebé que pesa menos de 1,000 gramos al nacer, podría clasificarse con "un peso extremadamente bajo al nacer". En general, estos bebés tan pequeños también nacen de forma prematura. Los bebés fueron asignados aleatoriamente a uno de tres grupos: Un grupo de control que recibió un placebo, un grupo que recibió 100 miligramos (mg) diarios de lactoferrina bovina, y un grupo que recibió 100 mg de lactoferrina bovina más el probiótico Lactobacillus rhamnosus GG. Se cree que la incorporación del probiótico refuerza las propiedades antibacterianas y antifúngicas de la lactoferrina, de acuerdo con el estudio. El tratamiento continuó durante 30 días en los bebés que nacieron con un peso muy bajo y 45 entre los que nacieron con un peso extremadamente bajo. La incidencia de aparición tardía de sepsis (a las 72 horas de vida del bebé) en el grupo de control fue de 17.3 por ciento en comparación con 5.9 por ciento en el grupo que recibió lactoferrina. Los bebés que recibieron lactoferrina más el probiótico lograron el mejor resultado, apenas el 4.6 por ciento desarrolló sepsis.

En su editorial, Kaufman apuntó que los bebés más pequeños consiguieron los mejores resultados y sugirió incrementar la dosis y duración del tratamiento en los bebés que tenían un poco más de peso, porque los resultados podrían ser incluso mejores.
Explicó que en estos bebés tan pequeños, el recubrimiento del tracto gastrointestinal con frecuencia no está desarrollado del todo, lo que permite que algunas bacterias migren del sistema digestivo al torrente sanguíneo, causando infección. La lactoferrina ayuda a aniquilar las bacterias y los hongos, primero en el estómago y luego en el tracto gastrointestinal. Esto hace que la barrera del recubrimiento mucoso sea más fuerte y evita que las bacterias pasen del intestino al torrente sanguíneo", explicó Kaufman. Y un beneficio añadido de este tratamiento, destacó Manzoni, es que podría reducir también el uso de antibióticos.


Via: Paolo Manzoni, M.D., neonatalogist, S. Anna Hospital, and coordinator, Italian Network for the Study of Neonatal Infections, and, chairman, scientific committee, Neonatalogy Foundation, S. Anna Hospital, Torino, Italy; David Kaufman, M.D., associate professor, pediatrics, assistant medical director, neonatal intensive care unit, and director, the Neonatal Clinical Trials Unit, University of Virginia Medical School, Charlottesville, Va.; Oct. 7, 2009, Journal of the American Medical Association

Más de un millón de prematuros muere durante el primer mes de vida


Se calcula que trece millones de bebés en el mundo nacen prematuros cada año y que más de un millón de ellos muere durante el primer mes de vida, según un informe dado a conocer recientemente. Los nacimientos prematuros corresponden al 9.6 por ciento del total y al 28 por ciento de las muertes de recién nacidos, según se halló en los datos de un libro blanco de March of Dimes y otras organizaciones. Los índices más altos de nacimientos prematuros se encuentran en África, seguida por América del Norte (EE. UU. y Canadá combinados). "Los nacimientos prematuros son un problema global enorme que está causando estragos emocionales, físicos y financieros en las familias, los sistemas médicos y las economías", señaló en un comunicado de prensa la Dra. Jennifer L. Howse, presidenta de March of Dimes. "Si los líderes del mundo van en serio con alcanzar los Objetivos de desarrollo del milenio de las Naciones Unidas de reducir la mortalidad infantil y mejorar la salud materna, las estrategias y la financiación para reducir las muertes y las discapacidades relacionadas con los nacimientos prematuros deben ser prioritarias", señaló Howse. El informe Global and Regional Toll of Preterm Birth (carga mundial y regional de los nacimientos prematuros) utilizó datos publicados en el recientemente publicado Bulletin of the World Health Organization, que, según Howse, probablemente subestima la extensión se los nacimientos prematuros en todo el mundo. Más del 85 por ciento de los nacimientos prematuros del mundo tienen lugar en África, en donde cerca de 11.9 por ciento (cuatro millones de bebés al año) nace antes de tiempo. En otras regiones, los índices son: América del Norte, 10.6 por ciento; Asia, 9.1 por ciento; América Latina y el Caribe, 8.1 por ciento; Oceanía (Australia y Nueva Zelanda), 6.4 por ciento; y Europa, 6.2. En las regiones mejor favorecidas, 1,014,000 bebés nacen de manera prematura, el 7.5 por ciento del total. En las regiones de recursos medios, 7,685,000 bebés nacen de manera prematura, el 8.8 por ciento del total. En las regiones de recursos bajos, 4,171,000 bebés nacen de manera prematura, el 12.5 por ciento del total, según el informe. Los índices de nacimientos prematuros en los EE. UU. han aumentado en 36 por ciento en los últimos 25 años debido a varios factores claves. Según el informe, más mujeres mayores de 35 están quedando embarazadas y hay un mayor uso de tecnologías de reproducción asistida, lo que causa más nacimientos múltiples. Los bebés que sobreviven al nacimiento prematuro están en riesgo de varios problemas de salud graves que duran toda la vida, como parálisis cerebral, ceguera, pérdida de la audición y dificultades de aprendizaje.
Actualmente, no hay manera confiable de prevenir o de retrasar el nacimiento prematuro.
Los autores del nuevo informe señalaron que hay que hacer más para educar a los profesionales de la salud, legisladores, mujeres en edad fértil y otros acerca de la carga mundial de nacimientos prematuros, así como cuidar de mujeres en embarazos de alto riesgo y sus bebés. El informe está programado para ser presentado este mes en la Conferencia Internacional sobre Defectos de Nacimiento y Discapacidades del Mundo en Desarrollo realizada en Nueva Delhi, India.


imagena:larazones

martes, 6 de octubre de 2009

Terror, monstruos en mi cuerpo


Que son?:

Los ácaros (Acarina o Acari, del griego akarés, "diminuto", "que no se corta"), son un orden de artrópodos . Existen casi 50.000 especies descritas, y se estima que existen entre 100.000 y 500.000 especies que todavía no han sido clasificadas.[1]
La mayoría de los ácaros son diminutos y alcanzan unos pocos milímetros de longitud; el ácaro de los folículos humanos mide solo 0,1 mm (menor que algunos protozoos) y los ácaros del polvo doméstico miden entre 0,2 y 0,5 mm; ambos son, pues, microscópicos; en el otro extremo, los ácaros de terciopelo alcanzan longitudes de 10 mm.[2]
Los ácaros son uno de los grupos más antiguos de animales terrestres; se conocen fósiles suyos del Devónico Inferior, hace unos 400 millones de años.[2]
Hay ácaros en medios terrestres y acuáticos, incluso en el medio marino. Son en su mayoría depredadores, pero los hay fitófagos, detritívoros y parásitos; las garrapatas son hematófagas y son vectores de numerosas enfermedades infecciosas.
Algunos ácaros tiene importancia económica al ser parásitos de plantas, de animales (como las garrapatas de las abejas melíferas del género Varroa) y del ser humano (como el ácaro arador de la sarna), o el ácaro del polvo (Dermatophagoides farinae) causante de alergias.


Los excrementos de los ácaros y los ácaros muertos son los factores desencadenantes más comunes de la alergia perenne y de los síntomas del asma; se dispersan en un polvo fino que es inhalado por los habitantes del recinto donde se hallan. Los ácaros del polvo, que son los que se hallan en los entornos domésticos, se encuentran por toda la casa. En las habitaciones los ácaros se alimentan de escamas de piel humana o animal. Una persona desprende un total aproximado de un gramo de piel al día. Los ácaros abundan en colchones, mantas, almohadas y sofás, ya que son dermatófagos. Se desenvuelven en condiciones óptimas con temperaturas superiores a 20ºC y humedades comprendidas entre el 70 y el 80 por ciento. En altitudes superiores a los 1.100 m sobre el nivel del mar los ácaros dejan de tener buenas condiciones de vida. A esto se debe que las regiones montañosas se hayan considerado desde siempre lugares para combatir las alergias y el asma.
Viven entre dos y tres meses, en los cuales realizan una o dos puestas de huevos, las cuales suelen contener entre 20 y 40 unidades. Los periodos más propicios para la reproducción son la primavera y el otoño.
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Los síntomas de la alergia a los ácaros del polvo pueden incluir congestión o goteo de la nariz con estornudos (particularmente en la mañana), picazón y lagrimeo de los ojos, tos, silbido al respirar y enrojecimiento de la piel.
Los alergénicos de los ácaros son bien conocidos. Los antígenos major son Der p1 (D. pteronyssinus), Der f1 (D. farinae) e Eur m1 (Euroglyphus maynei).
Para que se dé una sensibilización a los ácaros, es necesario una tasa de antígeno Der p1 superior o igual a 2 micras por gramo de polvo doméstico. Se calcula que la sensibilización a los ácaros está entre el 10 y el 20 por ciento de la población general; son los responsables de la mayoría de los casos de alergias nasales y asma alérgica perenne. También tienen un papel importante en la dermatitis atópica. Se han descrito algunos casos de anafilaxia por ingestión de alimentos contaminados por grandes cantidades de D. farinae, harinas, pizzas, pescado y legumbres, entre otros.
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Prevención

Ácaro microscópico
Las medidas preventivas para evitar los ácaros domésticos son los primeros pasos para evitar las alergias. Entre estas medidas están:
La aireación diaria de las habitaciones.
La exposición de los colchones, ropa de cama y demás lencería del hogar al sol.
El lavado frecuente a más de 60ºC de la ropa de cama y las alfombras (aunque es mejor evitar éstas).
La aspiración de todos los elementos de la habitación con aspiradores con filtro HEPA o con sistemas hidráulicos.
La utilización de fundas antiácaros para los colchones y almohadas.
Evitar animales domésticos.
El lavado frecuente de los muñecos de peluche.
La renovación frecuente de alfombras o tapices.
Mantener una atmósfera seca, entre 50 y 60 por ciento de humedad relativa y una temperatura de entre 18 y 20ºC.
El control del número de ácaros existentes mediante diferentes métodos, como el Acarex test®.
Evitar las regiones con climas húmedos (cuanta más humedad, más ácaros).
Tratar de mantenerse alejado de lugares de cultivos de ácaros como muebles llenos de algodón, plumas y pelos de animales.
Si es alergico(a) no tener mascotas ya que estas son portadoras de los acaros.
No se ha demostrado la eficacia de purificadores o ionizadores de aire, ni tampoco de la ventilación forzada.