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viernes, 4 de septiembre de 2009

El dolor físico y dolor moral

Un gen que predispone a una mayor sensibilidad al dolor físico también predispone a una mayor sensibilidad al dolor moral.
Quizás uno de los factores que caracteriza al ser humano sea la capacidad de sentir dolor físico o pensar sobre él. Los expertos dicen que los animales sí sienten dolor, aunque de una manera menos acusada que nosotros. Sobre el asunto del dolor se podrían decir muchas cosas. Quizás usted, amigo lector, no sepa que hay humanos que genéticamente están predispuestos a sentir mayor dolor que los demás. No deja de ser interesante, o procupante, que algo como la manera en la que experimentamos el dolor físico dependa de la lotería genética. También podemos sentir dolor moral, y construir complicadas estructuras filosóficas que traten de evitarlo o al menos de estudiarlo. Por ejemplo, el dolor que sentimos al ser excluidos socialmente, al que llamaremos “dolor social”. De alguna manera distinguimos entre estos dos tipos de dolor, ya en su tiempo Oscar Wilde dijo: “Que Dios me libre del dolor físico, que del moral ya me encargo yo.” Es un punto de vista discutible, sobre todo si se cuenta con buenos analgésicos. Ahora unos investigadores de UCLA han determinado por primera vez que el gen asociado a una especial sensibilidad al dolor físico está también asociado a una mayor sensibilidad al dolor social.  Su estudio indica que la variación en el receptor OPRM1, frecuentemente asociada al dolor físico, está relacionada con cómo un persona siente el dolor moral en respuesta a un rechazo social. La gente con una rara forma del gen es más sensible al rechazo y experimenta evidencias neurológicas de padecer angustia o aflicción en respuesta al rechazo que otras personas con la forma más habitual de este mismo gen. Naomi Eisenberger, participante en el estudio, dice que el hallazgo apoya la noción de que el rechazo “duele”, porque muestra que el gen que regula los opiáceos naturales más potentes del cuerpo está relacionado también con las experiencias sociales dolorosas. En el estudio los investigadores recolectaron muestras de saliva de 122 voluntarios para saber qué forma del gen OPRM1 tenían y midieron la sensibilidad al rechazo de dos modos. En el primero los participantes rellenaron una encuesta en la que se medía la percepción que ellos tenían de su sensibilidad al rechazo. Se les preguntó por ejemplo, el grado de acuerdo con frases como la siguiente: “Soy muy sensible a cualquier signo procedente de otra persona que indique que no quiere hablar conmigo.” La actividad cerebral de los integrantes de un subconjunto (31 participantes) de este grupo fue analizada mediante resonancia nuclear funcional mientras practicaban un juego virtual de pasarse la pelota con otras supuestas personas que finalmente les excluían del juego. En realidad aunque se les dijo que eran personas reales las que jugaban al igual que él, en realidad era un programa de ordenador. Al principio se incluía a los participantes del experimento en el juego, pero luego eran excluidos por los otros “jugadores”. Se pudo comprobar que aquellos participantes con la forma especial del gen OPRM1 que les hacían sentir más dolor físico eran también más sensibles al rechazo social, mostrando mayor actividad en las áreas cerebrales relacionadas con el dolor social: circunvalación anterior dorsal e ínsula anterior. Se ha asociado estas regiones con la angustia producida por dolor físico y en trabajos previos de estos investigadores se mostraba que además están relacionadas con el rechazo social. Aunque se ha sugerido durante mucho tiempo que los μ-opiáceos jugaban un importante papel en el dolor social (gracias al uso de modelos animales), es la primera vez que en humanos se demuestra la relación entre éstos, el gen receptor y la sensibilidad social en respuesta al rechazo. Según Baldwin Way, también de UCLA, estos hallazgos sugieren que tener una decepción amorosa o no ser elegido para formar parte del equipo de la escuela podría activar los mismos circuitos que la morfina. Eisenberger dice que este solape entre la neurología del dolor físico y social tiene mucho sentido. Según él, cómo las conexiones sociales son tan importantes, sentir literalmente dolor al sentirse excluido socialmente puede ser una mecanismo adaptativo que asegure que tenemos esas conexiones sociales. Añade que en el transcurso de la evolución, el sistema de integración social, que asegura las conexiones sociales, pudo ser tomado prestado de alguno de los mecanismos del sistema del dolor para así mantener dichas conexiones.
Fuentes y referencias:
Imagen;innatia

lunes, 1 de junio de 2009

En los prematuros, la música podría aliviar el dolor

Tocar música parece reducir el dolor y fomentar la alimentación en los bebés prematuros, según informan investigadores de la Universidad de Alberta. Muchas unidades neonatales de América del Norte utilizan la música, pero no está claro qué tanto beneficia a los bebés. El Dr. Manoj Kumar, investigador principal y profesor clínico asistente de la división neonatal del departamento de pediatría de la universidad, dijo que el estudio "encontró cierta evidencia que sugiere que la música podría tener efectos benéficos en cuanto a los parámetros fisiológicos, los estados conductuales y la reducción del dolor durante procedimientos médicos dolorosos en los recién nacidos". "También se notó que la música mejoraba la alimentación oral entre los bebés prematuros que tenían dificultades para hacer la transición a este tipo de alimentación", apuntó. Si se confirman, estos beneficios tienen el potencial de ahorrar recursos de atención de la salud al usar menos analgésicos y permitir una transición anterior a la alimentación oral y el alta hospitalaria, señaló. El informe aparece en la edición en línea del 27 de mayo de la revista Archives of Disease in Childhood. Para el estudio, el equipo de Kumar analizó datos de nueve ensayos, entre ellos seis que evaluaban la música que se reprodujo mientras los bebés se sometían a procedimientos dolorosos como la circuncisión o que tomaran muestras de sangre de sus talones con agujas. Los demás evaluaban la música reproducida a bebés prematuros. Para evaluar el beneficio de la música se usaron medidas como el ritmo cardiaco, el ritmo respiratorio, la saturación de oxígeno y el dolor. En estudios sobre la circuncisión, se encontró que la música tenía beneficios para el ritmo cardiaco, la saturación de oxígeno y el dolor de los bebés. Varios estudios sobre pinchazos en los talones también arrojaron evidencia de que la música podía tener un beneficio en la reducción del dolor y la mejora de la conducta. La música reproducida iba desde clásica y canciones de cuna hasta canciones infantiles.  Kumar señaló que se informó que los "bebés más calmados, una condición estable de las funciones fisiológicas del niño como el ritmo cardiaco y una mayor saturación de oxígeno, y menor dolor durante procedimientos dolorosos como la circuncisión y la toma de muestras de sangre obtenidas pinchando el talón"."Un estudio notó que el uso de un sistema de canciones de cuna activado mediante un chupete ayudó a mejorar los índices de alimentación oral de bebés prematuros", dijo. "Anteriormente, se había documentado que esos bebés tenían dificultades  para realizar la transición a la alimentación oral". Sin embargo, el Dr. F. Sessions Cole, director de medicina neonatal y de la unidad de cuidados intensivos neonatales del Hospital pediátrico de San Luis, piensa que todavía no se puede afirmar contundentemente que la música en las unidades de cuidados intensivos reduzca la incomodidad de los bebés. "Este artículo ofrece un análisis sistemático de la información disponible sobre la posible utilidad de la música para la gestión del dolor entre recién nacidos enfermos que se someten a procedimientos", apuntó Cole, pero señaló que "los autores indican que los problemas metodológicos de todos los estudios sobre los que se ha informado descartan cualquier conclusión sobre la eficacia de la terapia musical en la unidad de cuidados intensivos neonatales". "Sé de muchos a quienes nos gustaría que esta estrategia basada en música funcionara para reducir el uso de analgésicos y mejorar los resultados de estos frágiles bebés de alto riesgo", enfatizó Cole. "Sin embargo, a partir de este artículo, la evaluación del uso de la música para el alivio de dolor entre recién nacidos enfermos es experimental en el mejor de los casos, y requerirá estrategias más cuidadosamente diseñadas y metodológicamente rigurosas antes de que se pueda sacar cualquier conclusión sobre su utilidad". El Dr. Charles R. Bauer, profesor de pediatría, obstetricia y ginecología y psicología de la Facultad de medicina Miller de la Universidad de Miami, anotó que la investigación sobre el beneficio de la música para los bebés es, en el mejor de los casos, poco sólida. "El uso de la música como una intervención calmante para los bebés es bien conocido", aseguró Bauer. "Sabemos que una unidad de cuidados intensivos neonatales es una situación anormal. Las intervenciones a las que se somete a los bebés siempre son dolorosas e incómodas, así que cualquier esfuerzo por mejorar ese ambiente es una intervención positiva". Bauer aseguró que como esfuerzo por mejorar el ambiente del bebé, la música vale la pena. "Desde un punto de vista académico, se considera como ciencia muy poco sólida así que no se usa ampliamente, y este artículo no hace que la causa avance"Bauer cree que se necesitan ensayos aleatorios para realmente mostrar si la terapia musical es beneficiosa o no en tales situaciones.
Via:HealthDay

lunes, 21 de julio de 2008

El dolor emocional realmente duele

Las nuevas investigaciones cerebrales revelan que la misma parte del cerebro que procesa el dolor físico también se encarga de procesar el dolor emocional.
Y esto explica, afirman los expertos, que de la misma forma como una lesión física puede causar dolor crónico, mucha gente nunca se recupera de una herida emocional. El dolor emocional, sabemos, puede adquirir muchas formas. Puede ser el rompimiento de una relación, la exclusión social, o la forma más extrema que es la pérdida de un ser querido. Muchas personas que han experimentado este tipo de dolor extremo a menudo hablan de "un dolor en el pecho", "un vacío debajo del esternón", o de pensar que se están volviendo locos por tanto dolor.
"La gente que ha sufrido daños emocionales a menudo traduce ese dolor en algo físico", afirma el profesor David Alexander, director del Centro de Investigación de Trauma en Aberdeen, Escocia y quien ha ayudado a sobrevivientes de desastres, incluidos en tsunami en Asia y la guerra de Irak.
"Hablan, por ejemplo, de que les explota la cabeza o de un dolor en el estómago. Es un paralelo muy fuerte", agrega.
Y sin embargo, afirma el experto, las investigaciones médicas tienden a concentrarse en el dolor físico.
Supervivencia
Un equipo de neurocientíficos de la Universidad de California Los Ángeles, (UCLA), está intentando cambiar esa tendencia centrando sus estudios en el dolor emocional.
Gracias a la nueva tecnología, dicen los investigadores, ahora es posible analizar lo que pasa en el cerebro y en el corazón.
La doctora Naomi Eisenberger ha logrado demostrar qué partes del cerebro se activan cuando sentimos dolor emocional.
La investigadora desarrolló un juego de computadora en el que deliberadamente se hace que los participantes se sientan excluidos.
Los escáneres cerebrales que se toman simultáneamente han revelado que el cerebro procesa de la misma forma el dolor que la persona siente al ser rechazada socialmente que el que siente con el dolor físico.
Este proceso se lleva a cabo en una zona cerebral llamada corteza cingular anterior.
La investigadora cree que el dolor físico y el dolor emocional están relacionados de esta forma porque las relaciones sociales son cruciales para nuestra supervivencia como especie.
Enfrentado a una situación de peligro, un hombre solo tiene menos posibilidades de sobrevivir que un grupo de humanos.
"El sistema de uniones sociales está muy vinculado al sistema de dolor físico para asegurar que el ser humano permanece conectado de cerca a los otros", afirma Naomi Eisenberger.
"Cuando se nos separa de una relación, o un grupo nos rechaza, es muy doloroso -agrega- así que intentamos evitarlo".
El dolor físico es una advertencia de nuestro organismo para no hacer algo que nos hace daño, por ejemplo, caminar con un tobillo o una pierna rota.
El dolor emocional, afirman los expertos, también puede ser una advertencia, por ejemplo, para no volvernos a acercar a cierto tipo de hombre o de mujer que nos puede herir emocionalmente.
Y de la misma forma como el dolor físico puede volverse crónico, también ocurre los mismo con el dolor emocional.
Mary Frances O'Connor, otra investigadora de UCLA lo llama "pena compleja" y ésta, dice, ocurre en aproximadamente 10% de las personas que sufren la pérdida de un ser querido.
"Estas personas experimentan mucha amargura y enojo, y sienten que su futuro no tiene sentido. Además no pueden adaptarse al dolor con el paso del tiempo, como muchas otras personas sí lo hacen", afirma O'Connor.
Los científicos sospechan que estas personas que no logran adaptarse al dolor, también son las que experimentan los mayores niveles de dolor físico.
Es por eso, afirman los expertos, que sí es posible morir de un corazón roto.
"Una persona tiene mayor riesgo de morir en los seis meses después de que perdió a un ser querido" afirma el Martin Cowie profesor de cardiología del Hospital Brompton, en Londres.
"Y esta tendencia ocurre más entre los hombres", agrega.
Esto se debe a que la gente que sufre una muerte cercana tiene más probabilidad de tener un accidente o de sufrir un infarto o embolia.
Porque las hormonas que están involucradas en el estrés de la pérdida de un ser querido aumentan las posibilidades de que ocurran estos eventos, explica el experto.
Por eso, agrega, es muy importante identificar y tratar a las personas cuyo dolor emocional podría convertirse en dolor crónico y provocar una debilitante depresión o incluso la muerte.

domingo, 30 de marzo de 2008

Cerebro y dolor cronico


Los investigadores encontraron que en un cerebro sano todas las regiones se hallan en un estado de equilibrio. Cuando se activa una región, las demás mantienen una baja actividad. Pero en personas con dolor crónico, una región frontal de la corteza asociada principalmente con las emociones nunca está "en silencio", y acaba interfiriendo en conexiones entre neuronas. Las áreas que resultan afectadas dejan de desactivarse cuando debieran.

Ésta es la primera demostración de la existencia de perturbaciones en los cerebros de pacientes de dolor crónico no directamente relacionadas con la sensación de dolor.

Dante Chialvo, Marwan Baliki, Paul Geha y Vania Apkarian utilizaron resonancia magnética funcional por imágenes (fMRI) para examinar los cerebros de personas con dolor crónico en la zona baja de la espalda, y los de un grupo de voluntarios sin dolor, mientras seguían una barra móvil en una pantalla de ordenador. El estudio mostró que las personas con dolor crónico ejecutaban bien la tarea, pero a expensas de usar el cerebro de una manera distinta a como lo hacían quienes estaban libres de dolor.

Cuando ciertas partes de la corteza eran activadas en los cerebros de los sujetos sin dolor, algunas otras resultaban desactivadas, manteniéndose un equilibrio cooperativo entre las regiones, a modo de red. En cambio, en los cerebros de las personas aquejadas de dolor crónico, uno de los nodos de esta red no cesaba en su actividad intensa.

Este disparar constante de las neuronas en tales regiones del cerebro podría causar daños permanentes. Los científicos saben que cuando las neuronas disparan en exceso sus señales, eso puede cambiar sus conexiones con otras y/o incluso llevarlas a morir, porque son incapaces de sostener ese nivel tan elevado de actividad durante mucho tiempo.

Via:http://www.solociencia.com/medicina/