AGENCIAS ELMUNDO.ES /HOUSTON Más de 60.000 operaciones cardiacas, técnicas revolucionarias, ilustres pacientes... Durante más de siete décadas, Michael DeBakey desarrolló una serie de procedimientos quirúrgicos, hoy en día comunes para tratar dolencias coronarias, que llevaron a muchos a considerarlo el padre de la cirugía cardiovascular moderna. DeBakey ha fallecido a los 99 años."Ha mejorado la salud humana y marcó las vidas de las generaciones futuras" dijo Ron Girotto, presidente del sistema del Hospital Metodista de Houston. Este hospital y el centro docente Baylor College of Medicine, donde el galeno desarrolló gran parte de su carrera, han anunciado que DeBakey murió el viernes por causas naturales.
De Bakey formó a miles de cirujanos durante su carrera, fue un gran cirujano y, sobre todo, un ingenioso inventor de técnicas y dispositivos médicos. La innovación más famosa de este cirujano fue la operación de 'by pass' coronario para destapar arterias obstruidas (una especie de puente que 'sortea' la obstrucción del vaso), que realizó por primera vez en 1964, usando venas de la pierna para hacer un 'puente' ('by pass', en inglés) sobre las áreas bloqueadas o dañadas entre la aorta y las arterias coronarias.
DeBakey había empezado a desarrollar su 'magia' de niño, aprendiendo a coser de manos de su madre, una virtuosa costurera. Más tarde, DeBakey contaría que se dedicó a la cirugía "porque quería poner en práctica la destreza manual que desarrollé de niño".
DeBakey, nacido en Louisiana de padres inmigrantes libaneses, aún era estudiante de la Tulane University en Nueva Orleans cuando en 1932 creó una bomba de infusión, un componente fundamental de la máquina corazón-pulmón. Este artilugio es el que permite seguir bombeando la sangre cuando se realiza una operación a corazón abierto.
Durante la Segunda Guerra Mundial, trabajó en la oficina del Surgeon General (la máxima autoridad en salud pública en EEUU), donde se le atribuyó el desarrollo de los hospitales quirúrgicos móviles del Ejército (las célebres unidades MASH) que acercaron la atención médica al campo de batalla y aceleraron el tratamiento de soldador heridos.
En los 50, volvió a echar mano de sus destrezas costureras y, utilizando la máquina de coser de su mujer, creó en 1953 los primeros injertos artificiales para reparar arterias con un nuevo material, el Dracon.
Durante las décadas de los 50 y los 60, DeBakey realizó pioneras cirugías, como la primera reparación de una obstrucción en la arteria carótida (1950), el primer by pass aorto.coronario (1964) y algunos de los primeros trasplantes de corazón que se hacían en EEUU (entre 1968 y 69).
DeBakey se convirtió en una celebridad médica en aquellos años, cuando los cirujanos desarrollaron tratamientos como trasplantes de corazón, que capturaron el interés de la prensa y el público. En mayo de 1965, apareció en la portada de la revista Time y su popularidad creció. Las celebridades enfermas y los líderes mundiales acudían a DeBakey en busca de tratamiento. Desde actores como Marlene Dietrich y Jerry Lewis hasta el armador Aristoteles Onasis se convirtieron en sus pacientes. DeBakey conoció a su segunda mujer en una fiesta en casa de Frank Sinatra.
DeBakey tenía una cordial relación con el presidente estadounidense Lyndon Johnson, quien le pidió que fuese su secretario de Salud, Educación y Bienestar. DeBakey declinó la oferta pero convenció a Johnson para que aprobase el programa Medicare (un programa de atención sanitaria estatal para personas mayores, un 'oasis' en la sanidad privada de EEUU). Johnson también fue paciente de DeBakey, quien le examinaba en escapadas secretas a Houston. En realidad, durante el último medio siglo fue asesor de casi todos los presidentes de EEUU.
El galeno tuvo una famosa rivalidad con otra 'super-estrella', el cirujano cardiaco Denton Cooley, de Houston. Habían trabajado juntos en los años 50, pero se distanciaron cuando Cooley logró reconocimiento mundial por implantar el primer corazón artificial en un humano, en 1969. DeBakey dijo que el dispositivo era idéntico a uno en el que estaba trabajando y que lo había utilizado sin su permiso.
La contienda entre los dos cirujanos fue difundida en un gran reportaje de la revista Life, si bien en noviembre de lado pasado, anunciaron que se habían reconciliado. En sus últimos años, DeBakey se erigió en uno de los grandes defensores de la necesidad de hacer investigación animal, oponiéndose a los grupos que defienden que son investigaciones crueles e innecesarios. También fue un defensor de la atención sanitaria a veteranos de guerra y, de hecho, el hospital de veteranos de Houston lleva su nombre.
Siendo ya nonagenario, trabajaba aún diariamente, haciendo las rondas en el Hospital Metodista de Houston y en el Baylor College of Medicine, donde era rector emérito. A lo largo de su carrera, el cirujano recibió numerosos premios, incluida la Medalla de Oro del Congreso en abril de este año, por sus logros en medicina.
DeBakey, nacido en Louisiana de padres inmigrantes libaneses, aún era estudiante de la Tulane University en Nueva Orleans cuando en 1932 creó una bomba de infusión, un componente fundamental de la máquina corazón-pulmón. Este artilugio es el que permite seguir bombeando la sangre cuando se realiza una operación a corazón abierto.
Durante la Segunda Guerra Mundial, trabajó en la oficina del Surgeon General (la máxima autoridad en salud pública en EEUU), donde se le atribuyó el desarrollo de los hospitales quirúrgicos móviles del Ejército (las célebres unidades MASH) que acercaron la atención médica al campo de batalla y aceleraron el tratamiento de soldador heridos.
En los 50, volvió a echar mano de sus destrezas costureras y, utilizando la máquina de coser de su mujer, creó en 1953 los primeros injertos artificiales para reparar arterias con un nuevo material, el Dracon.
Durante las décadas de los 50 y los 60, DeBakey realizó pioneras cirugías, como la primera reparación de una obstrucción en la arteria carótida (1950), el primer by pass aorto.coronario (1964) y algunos de los primeros trasplantes de corazón que se hacían en EEUU (entre 1968 y 69).
DeBakey se convirtió en una celebridad médica en aquellos años, cuando los cirujanos desarrollaron tratamientos como trasplantes de corazón, que capturaron el interés de la prensa y el público. En mayo de 1965, apareció en la portada de la revista Time y su popularidad creció. Las celebridades enfermas y los líderes mundiales acudían a DeBakey en busca de tratamiento. Desde actores como Marlene Dietrich y Jerry Lewis hasta el armador Aristoteles Onasis se convirtieron en sus pacientes. DeBakey conoció a su segunda mujer en una fiesta en casa de Frank Sinatra.
DeBakey tenía una cordial relación con el presidente estadounidense Lyndon Johnson, quien le pidió que fuese su secretario de Salud, Educación y Bienestar. DeBakey declinó la oferta pero convenció a Johnson para que aprobase el programa Medicare (un programa de atención sanitaria estatal para personas mayores, un 'oasis' en la sanidad privada de EEUU). Johnson también fue paciente de DeBakey, quien le examinaba en escapadas secretas a Houston. En realidad, durante el último medio siglo fue asesor de casi todos los presidentes de EEUU.
El galeno tuvo una famosa rivalidad con otra 'super-estrella', el cirujano cardiaco Denton Cooley, de Houston. Habían trabajado juntos en los años 50, pero se distanciaron cuando Cooley logró reconocimiento mundial por implantar el primer corazón artificial en un humano, en 1969. DeBakey dijo que el dispositivo era idéntico a uno en el que estaba trabajando y que lo había utilizado sin su permiso.
La contienda entre los dos cirujanos fue difundida en un gran reportaje de la revista Life, si bien en noviembre de lado pasado, anunciaron que se habían reconciliado. En sus últimos años, DeBakey se erigió en uno de los grandes defensores de la necesidad de hacer investigación animal, oponiéndose a los grupos que defienden que son investigaciones crueles e innecesarios. También fue un defensor de la atención sanitaria a veteranos de guerra y, de hecho, el hospital de veteranos de Houston lleva su nombre.
Siendo ya nonagenario, trabajaba aún diariamente, haciendo las rondas en el Hospital Metodista de Houston y en el Baylor College of Medicine, donde era rector emérito. A lo largo de su carrera, el cirujano recibió numerosos premios, incluida la Medalla de Oro del Congreso en abril de este año, por sus logros en medicina.

Brad Williams recuerda con detalle los últimos cuarenta años de su vida y responde a las preguntas que le formulan sus oyentes más deprisa que el buscador Google.Este periodista radiofónico norteamericano goza de una memoria personal tan prodigiosa que es capaz de convertir el pasado en presente sin que le suponga ningún esfuerzo, mientras intenta comprender extrañado por qué sus amigos y familiares tienen un mecanismo en el cerebro que les permite olvidar. Hace años, Ireneo Funes tuvo un problema parecido. Guardaba sin descanso millones de fotogramas en la cabeza, hasta que determinó reducir su vida a unos setenta mil recuerdos. Iba a empezar la tarea, cuando descubrió que llegaría la hora de la muerte y aún no habría terminado de clasificar los mejores momentos de la infancia. Ireneo es el protagonista de un relato de ficción que el escritor argentino Jorge Luis Borges escribió en 1942. En cambio, Brad es un hombre que se ha hecho famoso en Estados Unidos tras el estudio científico realizado por los doctores James L. McGaugh y Larry Cahill, del Centro de Neurobiología del Aprendizaje y la Memoria de la Universidad de Irvine (California). Brad nunca imaginó que le diagnosticarían una afección inaudita y sorprendente, hipertimesia. “Los investigadores me interrogaron durante 40 minutos sobre acontecimientos de mi pasado, fui sometido a tests de memoria y me escanearon la cabeza para explorarla mediante imágenes digitalizadas. Planean estudiar mi caso detenidamente en un futuro próximo, sin recurrir a las pruebas genéticas. Disfruto de la fama, aunque no soy tan popular como Tom Cruise o Britney Spears”, comenta. Esta historia empezó el lunes 27 de marzo de 2006, cuando Eric Williams, hermano pequeño de Brad, leyó en la página web de la cadena de televisión ABC una noticia que le resultó familiar. Se trataba de AJ (su nombre es Jill Price, pero prefirió conservar el anonimato. Véase el recuadro), una mujer norteamericana de 41 años, que rememoraba todo lo que había hecho desde 1974. Podías preguntarle la fecha de un acontecimiento histórico significativo y ella respondía rápida y correctamente. Sus familiares y amigos la llamaban “el calendario humano”.
