
Desde Facebook hasta YouTube y en los blogs personales se ha detectado un creciente número de casos en que futuros médicos violan las normas de la ética profesional y en casos extremos eso les ha costado ser expulsados de sus universidades. Un nuevo estudio señala que muchos decanos de escuelas de medicina entrevistados manifestaron haber notado que hay estudiantes que ponen contenido no profesional en internet, inclusive fotos de accesorios para consumir droga y violaciones a la privacidad de los pacientes. Algunas infracciones derivaron en una advertencia de las autoridades, y en otros casos en la expulsión. La encuesta citó unos cuantos casos. En uno, un estudiante publicó detalles que permitían identificar a un paciente en Facebook. Otro solicitó una amistad inadecuada con un paciente en ese mismo sitio de internet. Otros usaban palabras obscenas, dijeron los decanos. "El número detectado es mayor de lo que se pensaba", destacó la doctora Katherine Chretien, del Centro Médico de Veteranos, de Washington, que dirigió el estudio. "Y esos son los incidentes que captaron la atención de los decanos. Y son sólo una muestra" del problema. Pero la mayoría de decanos dijeron que sus escuelas no habían establecido políticas que ayuden a los estudiantes a saber comportarse bajo ciertas normas en internet y a conocer lo que podría provocar su expulsión de las escuelas de medicina. En una rápida mirada a YouTube se pueden ver videos colocados por estudiantes de medicina, desde inofensivos números musicales hasta una broma que parece presentar un cadáver. Puede que la broma sobre el cadáver sea real o una simulación, pero de cualquier forma el concepto no da una buena imagen de la profesión médica, destacó Chretien. "Lo vi y definitivamente me produjo vergüenza ajena", destacó. "La falta de respeto por los cadáveres es una cosa, pero filmarlo y ponerlo en YouTube es otra. Socava la credibilidad de nuestra profesión", agregó. El estudio, que será publicado el miércoles en la revista Journal de la Asociación Médica de Estados Unidos, señaló que 47 de 78 decanos de escuelas de medicina que respondieron a una encuesta se habían enterado de incidentes relacionados con el comportamiento carente de profesionalismo en internet. Pero sólo un 38% de los que respondieron la encuesta se refirieron a políticas que abordaran ese comportamiento. Los incidentes por lo general eran reportados por otros estudiantes o médicos en programas de residencia, un indicio de que los mismos estudiantes vigilan ese comportamiento. Muchos de los transgresores recibieron reprimendas informales. Los decanos también informaron que hubo tres expulsiones. Las escuelas de medicina deberían abordar el profesionalismo en internet en clases especiales y deberían desarrollar políticas que correspondan a la era digital, destacó Chretien. La Asociación de Escuelas de Medicina de Estados Unidos ayudó a distribuir la encuesta este año. Los investigadores invitaron a tomarla a los decanos de 130 escuelas, y 78 respondieron.
Via:news.yahoo



La tortura, práctica común en un centenar de países, se lleva a cabo muchas veces bajo la mirada cómplice de un médico. En estos casos, los facultativos son los encargados de dictaminar si un prisionero está listo para el tormento, tratan de minimizar el tamaño de las cicatrices, controlan las constantes vitales de la víctima e, incluso, dan el visto bueno para intensificar la tortura. Ante este panorama, y con el fin de que estos torturadoresde bata blanca puedan vérselas con la justicia internacional, dos expertos en deontología médica reclaman, en un artículo publicado en la prestigiosa revista científica The Lancet, una revisión de la Declaración de Tokio sobre ética médica de 1975, de forma que que se pueda exigir responsabilidad a los galenos cómplices de la tortura. "Entre un tercio y la mitad de los supervivientes de torturas aseguran que había médicos supervisando el proceso; este número no incluye a aquellos que no vieron a los facultativos cómplices ni tampoco los que fallecieron por torturas que después un médico, ya sea bajo coacción o de buen grado, certificó como muerte natural. Hay muchos más médicos siendo cómplices de abusos a prisioneros que trabajando en programas de tratamiento de los supervivientes", señalan los autores, Steven H. Miles, del Centro de Bioética de la Universidad de Minnesota (EEUU), y su colega Alfred M. Freedman, del Colegio de Medicina de Nueva York. Ambos expertos abogan por establecer medidas concretas que hagan a los facultativos no sólo responsables legalmente por sus actos ante le legislación internacional, lo que no ocurre en muchos casos, sino que también permitan su inhabilitación. De hecho, aunque la mayor parte de las organizaciones médicas tienen aprobados códigos condenando la participación de los médicos en el maltrato a prisioneros, suelen secundar las políticas de los gobiernos que abogar por no imputar responsabilidad a los médicos. Según los especialistas, "la experiencia de Estados Unidos es paradigmática a este respecto: ningún organismo, ni militar o civil, o sociedad profesional, ha puesto en marcha actuaciones contra ningún médico implicado en el maltrato a prisioneros dentro de la llamada guerra contra el terror". Asimismo, reclaman que siempre que se produzca el fallecimiento de un detenido se haga público un certificado de defunción con las circunstancias de la muerte. “La complicidad médica con la tortura y el maltrato es una conducta punible que no puede estar amparada por la ley”, señalan.
