martes, 30 de junio de 2009

Michael Jackson, y la psicología de la adoración de las celebridades


Expertos afirman que desde la antigüedad, a la gente le han fascinado los personajes fuera de lo común, como Michael Jackson.
Al observar a las legiones de admiradores que están de luto por la muerte de Michael Jackson, se podría pensar que la admiración por las celebridades se trata de un fenómeno moderno. Pero los psicólogos señalan que, desde los dioses del Olimpo en la antigua Grecia hasta las adolescentes que se desmayaban por Frank Sinatra a finales de los 30 y los 40, hasta Brad y Angelina hoy en día, la adulación de las estrellas es una antiquísima tradición. La muerte repentina de Michael Jackson a los 50 años de edad, apenas semanas antes de que iniciara una importante gira de conciertos, capturó la atención del mundo. Y horas antes, la noticia de que Farrah Fawcett, el símbolo sexual de los 70, había muerto de cáncer, sorprendió a los estadounidenses, que la recordaban por su primer papel en la televisión en "Los Ángeles de Charlie", y más adelante como una valiente mujer que compartió los detalles íntimos de su batalla con la enfermedad. La fascinación del público con las celebridades podría parecer nuevo porque vivimos en una sociedad tan inmersa en los medios de comunicación, pero en realidad no lo es, apuntó Stuart Fischoff, editor principal de la revista Journal of Media Psychology y profesor emérito de psicología de los medios en la Universidad estatal de California en Los Ángeles.Cuando los compositores Frederic Chopin y Franz Liszt se presentaban en el siglo XIX, las mujeres les arrojaban su ropa interior. Ochenta años después de la muerte de Rodolfo Valentino, estrella del cine mudo, los fanáticos continúan visitando su tumba.
Las celebridades se conectan con las fantasías primordiales y las emociones básicas del público, sacan a la gente de sus vidas cotidianas y les hacen creer que cualquier cosa es posible.
En el caso de Jackson, con lo que parecieron ser varias cirugías plásticas y blanqueado de la piel, la extrañeza resuena con nuestros propios deseos internos reprimidos, de inmortalidad, gratificación de impulsos sexuales y nuestro deseo de belleza imperecedera.
Los humanos son básicamente seres sociales y la investigación ha demostrado que mientras menos conectada se siente la gente, más recurre a las celebridades, apuntó Adam Galinsky, experto en ética y psicología social, así como profesor de la Facultad de administración Kellogg de la Universidad Northwestern. Se trata de una conducta muy adaptativa y funcional.
Sin embargo, Lucas añadió que aunque adorar a los ricos y famosos no es perjudicial en sí, podría percibirse como un síntoma de una cultura sin raíces en que muchas personas tienen una sensación de aislamiento. Lo que sabemos sobre ellos [las celebridades] a través de la revista People y otros medios de comunicación satisface un vacío profundo y doloroso en nuestras vidas. La decreciente influencia de la religión incrementa esa sensación de vacío en la gente, añadió, haciendo que los logros y excentricidades de las estrellas, sus amores y tragedias, sean más que una forma de entretenimiento.
La religión falla y en ese proceso la gente se enfrenta a deseos infantiles, con pensamiento mágico. Mayormente, el estatus de estrella provee una sensación de inmortalidad e invencibilidad, y  nos choca cuando muere.
Antiguos rituales ayudan a las personas a afrontar la muerte de sus seres queridos. Pero con las celebridades, los fanáticos pueden no saber qué hacer. No sabemos con precisión cómo mostrar luto por la muerte de las estrellas, porque no esperamos que mueran.
Fischoff apuntó que opina que mostrar luto por la muerte de una estrella es perfectamente adecuado. Comentó que su propia esposa lloró al escuchar que Jackson había muerto. Con la muerte de alguien de la estatura de Jackson, la historia cultural de la gente desaparece, se siente que alguien a quien se quería ha muerto y la herida tarda en cerrarse.
Cuando muere un famoso, la pérdida es personal, no porque lo conociéramos sino porque nos acompañaron mientras crecíamos y en nuestros momentos especiales.
Si la emoción le embarga, Fischoff sugiere escribir o hablar sobre los sentimientos, con un amigo o en una grabadora. Piense como si se tratara de la pérdida de un familiar.  Aunque ya no estén aquí, los famosos muertos nos dejan su arte, esos son los recuerdos.
Pero en una cultura desechable como la de hoy en día, el luto con frecuencia no dura tanto, anotó Fischoff. La muerte de Jackson eclipsó la de Fawcett, dijo, y tal vez algún famoso le quite mañana a Michael su lugar en la conciencia colectiva del público.

Via:HealthDay

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