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martes, 8 de septiembre de 2009

La enfermedad mexicana y la cura de Hartwick

El año pasado, si usted hubiera sido uno de los habitantes más pobres de México, el Gobierno le habría dado en promedio 1.380 pesos mensuales, como parte del programa llamado Oportunidades, creado para atender a la población en condiciones económicas extremas. Sin embargo, si usted fuera una persona rica dueña de una camioneta SUV, el Estado Mexicano le habría otorgado mensualmente 1.840 pesos en subsidios a la gasolina. A más visitas a la gasolinera, más subsidio habría recibido, mientras que el subsidio a la pobreza es fijo.Este tipo de paradojas son comunes bajo el pacto fiscal en el que viven los mexicanos. Mientras su Gobierno cabildea activamente para lograr una mayor recaudación, la gente se pregunta si debe entregar más recursos a un gobierno que gasta mucho y lo hace ineficaz e ineficientemente. En el centro de la discusión está el petróleo, el cual el Gobierno de México utiliza para complementar la parte del gasto público que no puede financiar con impuestos, simplemente porque no cobra impuestos suficientes. En México los Estados y municipios recaudan muy poco. Sin embargo, gastan pródigamente los recursos que les ha entregado el Gobierno Federal como excedentes del precio del petróleo en los últimos años. Los excedentes totales del año 2008 repartidos a los gobiernos locales ascendieron a 5.080 millones de euros. La mayor parte de dichos excedentes vino del superávit petrolero de ese año. Otras naciones petroleras, como Noruega y Brasil, han aprovechado su riqueza petrolera a favor de la nación, no en su contra. A diferencia de esos países, el petróleo mexicano se convierte en gasto público y eso eleva el tipo de cambio del peso con respecto al dólar, restándole competitividad a industrias distintas a las del petróleo. Este es un fenómeno conocido como enfermedad holandesa. Hartwick, economista de los recursos naturales de los años 70, sintetizó la cura a la enfermedad holandesa mediante la regla que lleva su nombre, la cual implica que el capital de los recursos naturales debe convertirse en otra forma de capital. Los noruegos siguen a pie juntillas la regla de Hartwick . En ese país escandinavo, los excedentes del petróleo se guardan en un fondo para las generaciones futuras. México gasta todo para la generación presente. De seguir así, les dejará muchas deudas a los mexicanos del mañana. El contexto actual no podría ser peor. El producto interno bruto trimestral de México cayó más de un 10% anualizado durante el último trimestre. Esta es, quizás, la caída más grande del PIB para el conjunto de economías grandes del planeta, superada solamente por Rusia (-10,9%), Turquía (-13,8%) y Taiwan (-10,2%), de acuerdo a datos de la revista inglesa The Economist. El desempleo en México es muy agudo: en el segundo trimestre de 2009 alcanzó un máximo de 5,17%, y hoy ya se habla de cifras cercanas al 6% de la población económicamente activa, lo cual es inusualmente alto. La publicidad política del Gobierno de México y del partido en el poder, Acción Nacional, tiende a enfatizar que la crisis vino de afuera y que nadie pudo haberla previsto, ni nadie puede hacer algo para contenerla en este momento. Sin embargo, sí podía hacerse algo. Una política de gasto público como la que se observó en México durante los últimos años ha profundizado la crisis actual. La descentralización del gasto en México hacia los Estados y municipios ha resultado en menores controles sobre el gasto y efectos dudosos sobre el crecimiento económico. Mientras que otros países de la región, como Brasil o Chile, están saliendo de la crisis bien librados, y han podido aplicar políticas anticíclicas con relativo desparpajo, la recuperación en México será lenta y agónica. Lo peor, es que la lección no ha calado cabalmente en la conciencia de la clase política del país. ¿Qué se necesita para que eso ocurra?
Via:elpais

lunes, 21 de julio de 2008

La adicción a Pemex


La falta de liderazgo tiene sumido a Estados Unidos en un marasmo económico impensable hace algunos meses. El ex vicepresidente Al Gore lo definió la semana pasada en unas cuantas líneas: “pedimos prestado a China para comprar petróleo al Golfo Pérsico…”
La importación de petróleo de los Estados Unidos llega a 2 mil millones de dólares diarios, lo que hace crecer su déficit comercial y provoca la debilidad del dólar. Un círculo vicioso que podría llevar al vecino a una prolongada recesión y arrastrarnos en ella.
Gore propuso un plan, asumiendo el hueco de liderazgo que deja George Bush: eliminar el consumo de combustibles fósiles en la generación de energía eléctrica en 10 años. Un reto que parece increíble, pero que Gore asegura es indispensable para reducir el calentamiento global y la tragedia que proyecta sobre el futuro de la humanidad.
La frase del momento es “terminar la adicción de Estados Unidos al petróleo importado”. Con 21 millones de barriles de consumo diario, los norteamericanos queman uno de cada cuatro barriles de petróleo que se producen en el mundo.
En México la adicción es distinta. El Gobierno recurre a los ingresos de Pemex para completar su gasto. De cada peso que gasta, 40 centavos provienen de la paraestatal. Con la declinación de la producción petrolera y los precios, el Gobierno quedaría imposibilitado de pagar la nómina y las participaciones a los estados y municipios. Por eso la discusión sobre el futuro de Pemex es una gran cortina de humo que esconde el monstruo que está detrás: el gasto del Gobierno que no pagamos los ciudadanos.
La adicción a Pemex traerá gravísimas consecuencias en el futuro. Si el Gobierno hace una reforma para extraer aún más riqueza del suelo para cumplir sus tareas, lo único que estará generando es mayor adicción. La verdadera reforma sería plantear el uso de los recursos de Pemex para infraestructura. Comenzar de una vez a construir las granjas de molinos de viento para producir energía limpia; desarrollar tecnología solar e invertir en carreteras, parques industriales, puertos y ferrocarriles de carga eficientes.
Si el Gobierno no usara todos los recursos que toma del petróleo, se podrían fortalecer proyectos de inversión industrial de largo alcance. Se podrían construir millones de casas con créditos a largo plazo, con mejor infraestructura urbana; podríamos despegar con un crecimiento económico sano y superior al 5%. Necesitamos plantearnos retos que vayan más allá de un sexenio o un partido político. Por eso da risa cuando los partidos discuten si se deben o no abrir las puertas a empresas particulares para la petroquímica básica o la conducción y almacenamiento de gasolina, gas y diesel. Desde hace años Pemex da contratos a particulares; desde hace años se vale de transportistas privados.
La discusión que no quiere tener el Gobierno es su propia sustentabilidad. O es muy obeso e ineficiente en el gasto público o los ciudadanos no aportamos lo suficiente para mantenerlo. Podríamos decir en una aproximación que el 75% es responsabilidad de un Gobierno burocrático e ineficiente y el 25% recae en la poca tributación y la terrible complicación de pagar impuestos, además del terror de los diputados de hacer universal el pago del IVA. El PAN ni siquiera dice pío ante estos planteamientos, porque ya entró en la dinámica de ganar elecciones a como dé lugar en vez de asumir la responsabilidad histórica que le toca. Contra todos sus principios, el Gobierno de Felipe Calderón cada día asume más responsabilidades del ciudadano y contribuye al paternalismo heredado del PRI. Dice adiós a la subsidiaridad.
En Estados Unidos el solo hecho de que Barack Obama acepte como propio el reto planteado por Gore, haría que los precios del petróleo disminuyeran. La búsqueda de nuevas formas de producción eléctrica está basada en tres fuentes: eólica, solar y geotérminca. Todas renovables.
Aquí no tenemos un plan. El Gobierno quiere que el petróleo nos resuelva los problemas, pero lo que está pasando es que hunde poco a poco nuestras exportaciones renovables con una moneda sobrevaluada. La fortaleza del peso a niveles de 10 por un dólar, contribuirá a destruir la competitividad de nuestra industria de exportación. Al PAN le es cada día más difícil gobernar sin atender a sus ideales, a su plataforma original: menos burocracia y más sociedad.
Por:Enrique Gòmez

sábado, 19 de julio de 2008

no a la reforma Petrolerta

El próximo 27 de julio, los habitantes del DF tendremos la oportunidad de rechazar o aceptar, en una consulta pública, la Reforma Energética que propone el gobierno de Felipe Calderón. Les aviso que votaré (aunque el formulario sea “tendencioso” o “mañoso”) (total, nadie más se preocupó en preguntarme qué opinaba). Y les aviso también que expresaré un rotundo ¡NO! a esa reforma, por una simple razón: NO creo en los políticos. Pemex seguramente está muy dañado; seguro que el saqueo de décadas lo tiene en ruinas. Pero todavía nos queda petróleo. Si les soltamos a los políticos nuestro recurso energético, si les damos manos libres, se lo van a quedar, de una manera u otra, los ruines de toda la vida: los sátrapas en turno, las Elba Estheres, los Romeros Deschamps, los Bibriescas Sahagún, los Mouriños y toda esa runfla de ladrones, mañosos con permiso presidencial. Sí, sí, que el hidrocarburo se quede en el subsuelo y sí, sí, que bajen los ingresos petroleros del gobierno. ¿Para qué quiere más recursos Calderón? ¿Para alimentar a la jauría voraz, a sus nuevos amigos, los líderes sindicales? ¿Para qué quiere dinero Calderón? ¿Para campañas políticas y guerras suicidas y poco inteligentes contra el narco? ¿Por qué les vamos a dar permiso de chuparnos la última gota? NO a su Reforma Energética. Sabemos que Pemex agoniza, y con ese pretexto pretenden saquearlo de lo que le queda. NO a su Reforma Energética. Suena radical, pero yo prefiero que el litro de petróleo que me corresponde se quede guardadito cien años más, hasta que otra generación de mexicanos honestos (no estos que nos gobiernan) llegue al poder, y sepa cómo disponer de él para el bien de todos y no de unos cuantos, como seguramente sucederá si Felipe y sus amigos ganan esta batalla.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Ese petroleo nuestro


Nos estamos acabando el dinero de la bonanza petrolera.
Pero ¿en qué, preguntará usted?

¿En educación?
¿En inversión productiva?
¿En infraestructura?
¿En la lucha contra la delincuencia?
¿En el combate a la pobreza?

No, en ningún uso que pudiera tener sentido en el largo plazo.

Estamos usando el dinero de un recurso natural no renovable para subsidiar un creciente consumo de gasolina.

Via:AM

Pemex: privatizaciones, rescates, corrupcion y deuda


Sin lugar a dudas, a los problemas de inconstitucionalidad, ineficiencia, ineficacia, pérdida de soberanía y seguridad nacional que se observan en la propuesta de reforma petrolera de Felipe Calderón, se debe añadir un elemento que es y será determinante en el sentir de la gente. Me refiero a la falta de credibilidad en el gobierno, sobre todo cuando en este contexto se añade la palabra “privatización”.

Al mes de diciembre de 2007 la deuda total del sector público se ubicó en 3.5 billones de pesos, de los cuales 45 por ciento, es decir, 1.6 billones, corresponde a conceptos que están directamente ligados con privatizaciones, como son el rescate bancario y el carretero, sin olvidar los Pidiregas, que han sido al final de cuentas intentos ilegales y poco transparentes de promover la inversión privada en el sector energético.

Así, de los 33 mil pesos que cada mexicano ya debe al nacer, poco más de 15 mil son producto de privatizaciones. Y a esto hay que añadir que pese a esta deuda enfrentamos bancos que cobran altas comisiones y elevadas tasas de interés, carreteras costosas y en mal estado, y por si fuera poco, elevadas tarifas de energía eléctrica y una gasolina cara.

De esta manera, para los mexicanos las privatizaciones están asociadas directamente con las palabras “rescate”, “falta de transparencia”, “corrupción” y “deuda”.

Luego entonces, resulta absurdo que ahora se pretenda resolver el grave problema que enfrenta el sector petrolero utilizando como herramienta principal a la “privatización” o la “inversión privada extranjera”.

Pero, la propuesta se convierte en un disparate si por un lado se reconoce que gran parte del problema que enfrenta Pemex es fiscal y presupuestario, cuando al mismo tiempo se debe aceptar que ha sido con dinero del presupuesto y proveniente del petróleo con el que se han llevado a cabo los costosos rescates, producto precisamente del fracaso de las privatizaciones.

Así, por ejemplo, mientras en los últimos ocho años se han destinado poco más de 280 mil millones de pesos sólo para cubrir los intereses de la deuda generada por el rescate bancario, Pemex ha contado en el mismo periodo con recursos para inversión por 186 mil millones de pesos (cabe señalar que esta diferencia acumulada representa el costo de 10 refinerías).

Lo grave de esta situación es que ha sido el PRI el “padre” de estas privatizaciones y rescates, en tanto que el PAN se ha convertido en la “madre” de las mismas, al rehusarse permanentemente a investigar y esclarecer todas las ilegalidades y corrupción observadas en ellas.

Esto acentúa el problema de credibilidad pues con Calderón, lejos de dar muestras de transparencia y probidad, se han visto multiplicados los indicios de tráfico de influencias, manejo de información privilegiada, conflictos de interés y, en suma, de corrupción y de mentiras, como el asunto Mouriño o el de Zhenli Ye Gon.

Más aún a Germán Martínez, actual presidente del PAN y quien se escandalizó por la toma de las tribunas del Congreso, le tembló algo más que la mano cuando como secretario de la Función Pública tuvo en sus palmas a Francisco Gil Díaz y simplemente se rehusó a fincarle responsabilidades.

Ya ni qué decir en materia fiscal: hace menos de seis meses Calderón señaló que con su “reforma” las “grandes empresas” pagarían impuestos, pero ahora se sabe que son esas grandes empresas –que por cierto, de acuerdo con el auditor superior de la Federación pagaron durante 2005 sólo 74 pesos de impuesto sobre la renta (ISR)– las que han interpuesto cientos de “amparos” contra el pago del impuesto empresarial a tasa única (IETU), lo cual también nos cansamos de advertir que sucedería.

Cabe señalar que la interposición de estos “amparos” ha sido comandada por Fernando Sánchez Ugarte, quien hasta diciembre del año pasado se desempeñó como subsecretario de Ingresos de Hacienda y en tal virtud se le atribuye el diseño e implementación del IETU, pero a quien a partir de enero de este año no le importó violar la ley y aceptó una chambita como director general de Transportación Marítima Mexicana (TMM). Aunque sobra decirlo, esta empresa también se amparó contra el pago del IETU.

Sin embargo, en su momento, Salvador Vega Casillas, secretario de la Función Pública, guardó silencio y fue incapaz de actuar.

Así, los hechos demuestran que no es posible creer en lo que dice Felipe Calderón. Más aún, cuando en su discurso utiliza los mismos calificativos de bienestar y desarrollo que refería Carlos Salinas de Gortari cuando promovió sus privatizaciones y el Tratado de Libre Comercio.

Yo me pregunto: si se aprueba su reforma petrolera, ¿a cuántos funcionarios de Pemex o cuántos legisladores del PRI y del PAN veremos trabajando para Shell, Exxon o Halliburton, tal y como sucedió con los principales artífices del rescate bancario, quienes ahora se desempeñan como “respetables” miembros del sector financiero?

Por eso digo: la mula no era arisca, la hicieron.

Via:Mario Di Costanzo Armenta, La Jornada

martes, 13 de mayo de 2008

Despenalizar el robo por hambre, propone el PAN


La Asamblea Legislativa discutirá durante el próximo periodo extraordinario de sesiones una iniciativa de reformas que busca despenalizar el robo por hambre en la Ciudad de México. ,Así lo informó el promotor de la iniciativa, José Antonio Zepeda, quien explicó que, de aprobarse esta propuesta, las personas que hurten alimentos, medicinas o ropa ya no irán a la cárcel, sino que serán castigadas con trabajo comunitario. Incluso, quienes incurran en esa falta deberán ser incorporadas a los programas de empleo del Gobierno del Distrito Federal.

El también secretario de la Comisión de Administración y Procuración de Justicia, explicó que dicha comisión dictaminará su propuesta en la sesión de este miércoles.
Aseguró que la despenalización de este delito cuenta con el apoyo de la mayoría de los grupos parlamentarios, por lo que “es casi un hecho” que sea aprobada en el próximo periodo extraordinario que se realizará a finales de mes.

De acuerdo con la propuesta de dictamen, establece que en los centros de readaptación social de esta capital, 50 por ciento de los más de 30 mil reclusos, alrededor de 15 mil, se encuentran presos por cometer robo sin violencia; mientras que 25 por ciento, poco más de siete mil 500, fueron privados de su libertad por cometer robos menores a mil pesos. Lo anterior, señala el documento, no sólo ha ocasionado sobrepoblación en los centros de reclusión, sino que genera que los delincuentes no peligrosos se contagien en las cárceles al estar en contacto con quienes que sí lo son.

Sostiene que la pobreza y la marginación, en ocasiones obligan a las personas a cometer ciertos delitos, como el llamado hurto o robo de famélico (de alimentos, vestido y medicinas) que ocurre en nuestra ciudad, principalmente en zonas rurales.
De ahí que destaca la necesidad de reformar el Código Penal para no enviar a la cárcel a personas que por única ocasión roben sin violencia alimentos, medicinas y ropa por un monto inferior a diez salarios mínimos y acrediten que este ilícitro se cometió para satisfacer una necesidad personal.

De esta forma, se adiciona el artículo 226 bis al Código Penal que establece:

“No se impondrá pena al que sin emplear los medios de violencia física o moral, engaño ni medios violentos, se apodere por única ocasión de los insumos o productos alimenticios estrictamente indispensables para satisfacer sus necesidades personales o familiares del momento, cuando el monto no rebase los diez salarios mínimos”.
Sostiene que las personas que comentan robo por hambre serán turnadas a un juez cívico que le impondrá sanciones de trabajo comunitario, como la limpieza de calles, poda de árboles en la vía pública y pinta de banquetas, entre otras.

Considera necesario que las personas que cometan este tipo de delitos sean inscritas en programas de capacitación y ayuda de desempleo del GDF.
En caso de los medicamentos que superen el monto establecido, como los que se utilizan para enfermedades virales como el sida, Zepeda Segura explicó que la naturaleza clínica del medicamento será la que acredite si satisface la urgencia de una necesidad personal.

En ese sentido, el diputado panista advirtió que esta reforma no se aplicará a las personas que cometan este delito por segunda ocasión, a fin de evitar que la despenalización del robo por hambre se convierta en un modus vivendi.

Lo que dice el Código Penal
El Código Penal federal, en su artículo 379, establece que no se castigará a la persona que, sin engaño ni medios violentos, cometa robo por hambre.

En Michoacán y Oaxaca, el robo por hambre no es considerado delito penal, por lo que las persona que lo cometen en una sola ocasión no van a prisión.

En caso de que la propuesta sea aprobada por el pleno de la ALDF, la reforma al Código Penal entraría en vigor un día después de su publicación.

Via:http://www.milenio.com/mexico/milenio/nota por:Georgina Pineda

Total, estamos en jauja con los exedentes petroleros, cual pobreza?