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sábado, 5 de diciembre de 2009

¿Decepción? ¡No, Gracias!!!!!!

Todos sufrimos decepciones, en nuestras relaciones personales, en nuestro trabajo… A veces éstos pequeños fracasos van creando cierta frustración, y o bien merman la autoestima o forman cierto resentimiento contra los posibles culpables.

La tendencia habitual es “echar balones fuera”, es decir, culpar de nuestras decepciones a otros. Buscar culpables fuera es la manera más común de salvarnos a nosotros mismos.

Pero la realidad es otra bien distinta. Una decepción se debe en el 100% de los casos, a un desequilibrio entre las expectativas que nos generamos y la realidad que luego se impone. Muchas veces elaboramos unas altísimas expectativas, que al confrontar con lo concreto, con lo real, se ven rotas. Este es el origen de las decepciones.

¿Alguien no te trata como esperabas? Y… ¿por qué iba a hacerlo? Los demás son como son, no como queremos que sean.

¿Tu trabajo no tiene la repercusión que deseabas?… Tendrás que revisarlo, quizás no era el trabajo adecuado o le valorabas por encima de lo real.

¿No eres querido como necesitas?… ¿Quieres como necesitan los demás?

No busquemos culpables fuera. Las decepciones provienen de una mala elaboración de expectativas propias. Aprendamos a crearlas correctamente, y a asumir que no debemos esperar de los demás más de lo que esperamos de nosotros mismos.

Resumiendo, los culpables de nuestras decepciones somos nosotros mismos, pero también en nosotros está la solución. Buscar culpables no es alternativa.

Equivocarse no es malo, lo malo es no reconocerlo. La decepción es una alternativa cobarde. Aprendamos de nuestros errores para no volver a cometerlos y no culpemos a los demás de ellos.

miércoles, 21 de enero de 2009

Riesgo de decepción por altas expectativas en Obama

Las altas expectativas generadas en el mundo por el “ascenso fulgurante” de Barak Obama a la Casa Blanca podrían transformarse en decepción si éste muestra incapacidad para transformar la realidad. “La historia de las democracias ofrece pocos ejemplos de un ascenso tan fulgurante, menos aún cuando viene acompañado de tamaño fervor popular y suscita tantas esperanzas en Estados Unidos y en el mundo”. A unas horas de que el primer presidente afroamericano de Estados Unidos sea juramentado, las expectativas en Obama puede reservarle una “caída meteórica si se muestra incapaz de transformar en sólida realidad los cuentos de hadas de los que es héroe”. La Libre Belgique (diario) subrayó que “esperamos de Obama que finalice la integración racial en Estados Unidos y que lleve la paz a Oriente Medio”. “Que saque a Estados Unidos, y al mundo, de la recesión y salve al planeta del desastre ecológico anunciado. Que devuelva a los estadunidenses las casas que la crisis de las hipotecas les ha quitado y que proteja a Darfur del genocidio”, agregó. “Que reforme los sistemas educativo y sanitario estadunidenses y que impulse las negociaciones de Doha”, enlistó el rotativo en su editorial. Sobre las espaldas del nuevo presidente estadunidense pesa “la esperanza ansiosa de millones que esperan de él un milagro”, señaló. Indicó que lo más “impresionante” es que Obama “piensa realmente que le puede hacer y da la impresión de querer lograrlo”, y el mundo tiene motivos para creerle. “Está aconsejado por gente brillante, puede contar con en el apoyo del Senado y de la Cámara, donde su partido dispone de una confortable mayoría”, apuntó el rotativo. Además, podrá culpar a su predecesor George W. Bush por “casi todo que no vaya bien” y tiene la ventaja que “el país que él encabezará difícilmente se portará peor que éste, desorientado, que él hereda hoy”, consideró. “Aun así, será necesario que las disputas de ego no arruinen los esfuerzos y los proyectos”, señaló el editorial.