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lunes, 20 de octubre de 2008

Aprender de los errores no es fácil si se tienen 8 años


Los niños de 8 años aprenden de una manera completamente distinta a los adultos. Un niño de esa edad aprenderá de la retrolimentación positiva en lugar de hacerlo de los errores.
Los humanos aprendemos de nuestros errores. Como adultos sabemos que si realizamos mal nuestras tareas se nos impondrá un correctivo. Incluso si nos portamos realmente mal el castigo puede ser elevado y daremos con nuestros huesos en la cárcel. También queremos pensar que si las realizamos bien seremos recompensados de alguna manera. Quizás este sistema meritocrático es el que ha permitido al sistema capitalista progresar o deshumanizarse, no lo sabemos. Pero, ¿cómo funciona este tipo de retroalimentación positiva o negativa a nivel cerebral? ¿Funciona igual en los niños?Según un estudio reciente los niños de 8 años aprenden de una manera completamente distinta a los adultos. Un niño de esa edad aprenderá de la retrolimentación positiva. Así, si reforzamos un buen comportamiento de un niño de esa edad con un “bien hecho” el niño aprenderá de la experiencia. Sin embargo, no aprenderá de la retroalimentación negativa. De este modo regañarlo será menos efectivo que en el primer caso de reforzamiento positivo. Los niños de 12 años operan mejor al contrario y un reforzamiento negativo sí funciona mejor en su caso. Para los adultos es igual a estos últimos, pero de una manera más eficiente. Eveline Crone y sus colaboradores de la Universidad de Leiden han demostrado que esta transición de aprender de los aciertos a aprender de los errores se ve en la actividad cerebral, especialmente en las regiones de control cognitivo del córtex cerebral.Para ello emplearon un sistema de resonancia magnética nuclear funcional y tres grupos de voluntarios compuestos por niños de 8 y 9 años, niños de 11 y 12 años y adultos de 18 a 25 años.Para realizar los experimentos los científicos implicados asignaron a todos los voluntarios una serie de tareas a realizar con un ordenador mientras observaban su actividad cerebral. Las tareas requerían que descubriesen las reglas de un juego. Si lo hacían correctamente aparecía una señal en la pantalla comunicándoselo, en caso contrario aparecía una cruz.Pudieron comprobar que en niños de 8 ó 9 años ciertas regiones de control cognitivo del córtex reaccionaban fuertemente al refuerzo positivo, pero no respondían en absoluto a la retroalimentación negativa. En niños de 12 ó 13 años y en adultos se daba el caso contrario: sus centros de control cognitivos son más fuertemente activados por los refuerzos negativos y mucho menos por los positivos.Crone se sorprendió de los resultados. Esperaba que la actividad cerebral fuera la misma para todas las edades, aunque quizás las respuestas tuvieran diferente intensidad. Los niños están aprendiendo todo el tiempo, por tanto, esta información nueva podría ser interesante para aquellos que educan a los niños para adaptar sus métodos de educación en función de la edad.Según Cron los niños de 8 años aprenden de manera eficiente, pero lo hacen de una manera diferente a como lo hacen los de más edad. Según la literatura existente sobre Pedagogía parece que los niños responden mejor al premio que al castigo, y este nuevo resultado sería coherente con ello. Según Cron la razón residiría en que la información relativa a qué se ha hecho mal sería más complicada de procesar que la contraria. Aprender de los errores es más complejo que seguir por el mismo camino.Quizás la diferencia en el aprendizaje entre niños de 8 años y los de 12 se deba a la experiencia o una combinación entre experiencia y maduración cerebral, aunque todavía no se sabe la respuesta.Hay una región cerebral que responde fuertemente al refuerzo positivo: el ganglio basal, justo fuera del córtex cerebral. La actividad de esta área del cerebro no cambia, permaneciendo con el mismo nivel de actividad para los tres grupos estudiados.
Foto: Universidad de Leiden.
Tomado de :neofronteras.com

lunes, 21 de enero de 2008

Descubren el gen que forma el córtex cerebral


Han conseguido identificar un gen que es el responsable de la formación del córtex cerebral, el gen denominado Lhx2. Este descubrimiento podría ser de utilidad en la investigación del uso de células madre para el tratamiento del Alzheimer, del infarto cerebral o de los traumatismos neurológicos.

Todas las facultades que consideramos superiores en nosotros, como nuestra capacidad de pensamiento abstracto, el pensamiento lógico, el lenguaje, la visión, la toma de decisiones, la percepción que tenemos del mundo… Todo ello depende del córtex cerebral. Es la capa superior del cerebro que, aunque está presente en todos los mamíferos, es en el ser humano donde se ha replegado sobre sí misma y crecido para así aumentar sus capacidades hasta unos niveles que no tienen comparación con otras especies.
Ahora unos investigadores de la Universidad de California en Irvine, entre los que se encuentran Edwin Monuki y Karla Hirokawa, han conseguido identificar el gen responsable de la formación del córtex cerebral: el gen Lhx2. Sin el gen Lhx2 las células corticales no formarían en córtex cerebral y desaparecería todo aquello que nos define como humanos.

Este descubrimiento podría ser de utilidad en la investigación del uso de células madre para el tratamiento del Alzheimer, del infarto cerebral o de los traumatismos neurológicos.
Según Monuki la comprensión de cómo funciona este gen y su papel en el desarrollo de las células corticales podría ayudar a desarrollar un tratamiento que haga crecer nuevas células corticales a partir de células madre para reemplazar las células dañadas.
El gen Lhx2 es un gen perteneciente al grupo de genes denominados “genes selectores”, genes que actúan en momentos clave durante el desarrollo embrionario y directamente sobre las células madre (también denominadas troncales) en partes específicas del embrión, en este caso del gen Lhx2 actúa precisamente en el cerebro.
En los experimentos realizados con roedores los investigadores descubrieron que la actividad del gen Lhx2 es crítica sólo durante la fase en la cual el córtex se forma a partir de las células madre, pero ni antes ni después. Las células corticales que no expresan este gen terminan produciendo un tipo de células diferentes que inducen a las células vecinas a transformarse en células del hipocampo. El hipocampo es una parte del cerebro muy antigua desde el punto de vista evolutivo y encargado, entre otras cosas, de organizar la memoria y el procesamiento espacial.
El papel de este gen en el desarrollo del córtex tiene implicaciones en la investigación de células madre. El laboratorio de Monuki está estudiando actualmente cómo activar el gen Lhx2 en células madre nerviosas para iniciar el proceso de formación de células corticales nuevas. Si tuvieran éxito podría significar que tendrían ya una posible herramienta básica de futuras técnicas regenerativas neurológicas para su uso en potenciales pacientes.

tomado de : http://today.uci.edu/news/release_detail.asp?key=1720