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domingo, 19 de octubre de 2008

Crimen (financiero) contra la humanidad

La historia es conocida, y, en aquellos tiempos antiguos en que la escuela se proclamaba educadora perfecta, se le enseñaba a los niños como ejemplo de la modestia y la discreción que siempre deberían acompañarnos cuando el demonio nos tentara para opinar sobre lo que no conocemos o conocemos poco y mal. Apeles podía consentir que el zapatero le apuntase un error en el calzado de la figura que había pintado, por aquello de que los zapatos eran su oficio, pero que nunca se atreviera a dar su parecer sobre, por ejemplo, la anatomía de la rodilla. En suma, un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar. A primera vista, Apeles tenía razón, el maestre era él, el pintor era él, la autoridad era él, mientras que el zapatero sería llamado cuando de ponerle medias suelas a un par de botas se tratase. Realmente, ¿hasta dónde vamos a llegar si cualquier persona, incluso la más ignorante de todas, se permite opinar sobre lo que no sabe? Si no tiene los estudios necesarios es preferible que se calle y deje a los sabedores la responsabilidad de tomar las decisiones más convenientes (¿para quién?).
Sí, a primera vista Apeles tenía razón, pero solo a primera vista. El pintor de Felipe y de Alejandro de Macedonia, considerado un genio en su época, ignoró un aspecto importante de la cuestión: el zapatero tenía rodillas, luego, por definición, era competente en estas articulaciones, aunque fuera solo para quejarse, si ese era el caso, de los dolores que sentía. A estas alturas, el lector atento ya habrá entendido que no es de Apeles ni del zapatero de lo que se trata en estas líneas. Se trata, sí, de la gravísima crisis económica y financiera que está convulsionando el mundo, hasta el punto de que no podemos escapar a la angustiosa sensación de que llegamos al final de una época sin que se consiga vislumbrar qué y cómo será lo que venga a continuación, tras un tiempo intermedio, imposible de predecir antes de que se levanten las ruinas y se abran nuevos caminos. ¿Cómo lo hacemos? ¿Una leyenda antigua para explicar los desastres de hoy? ¿Por qué no? El zapatero somos nosotros, todos nosotros, que presenciamos, impotentes, el avance aplastante de los grandes potentados económicos y financieros, locos por conquistar más y más dinero, más y más poder, con todos los medios legales o ilegales a su alcance, limpios o sucios, normalizados o criminales.
¿Y Apeles? Apeles son, precisamente, los banqueros, los políticos, las aseguradoras, los grandes especuladores que, con la complicidad de los medios de comunicación social, respondieron en los últimos 30 años, cuando tímidamente protestábamos, con la soberbia de quien se considera poseedor de la última sabiduría; es decir, aunque la rodilla nos doliera, no se nos permitía hablar de ella, se nos ridiculizaba, nos señalaban como reos de condena pública. Era el tiempo del imperio absoluto del Mercado, esa entidad presuntamente auto reformable y auto regulable encargada por el inmutable destino de preparar y defender para siempre jamás nuestra felicidad personal y colectiva, aunque la realidad se encargase de desmentirlo cada hora que pasaba.
¿Y ahora? ¿Se van a acabar por fin los paraísos fiscales y las cuentas numeradas? ¿Será implacablemente investigado el origen de gigantescos depósitos bancarios, de ingenierías financieras claramente delictivas, de inversiones opacas que, en muchos casos, no son nada más que masivos lavados de dinero negro, de dinero del narcotráfico? Y ya que hablamos de delitos: ¿tendrán los ciudadanos comunes la satisfacción de ver juzgar y condenar a los responsables directos del terremoto que está sacudiendo nuestras casas, la vida de nuestras familias, o nuestro trabajo? ¿Quién resuelve el problema de los desempleados (no los he contado, pero no dudo de que ya son millones) víctimas del crash y qué desempleados seguirán, durante meses o años, malviviendo de míseros subsidios del Estado mientras los grandes ejecutivos y administradores de empresas deliberadamente conducidas a la quiebra gozan de millones y millones de dólares cubiertos por contratos blindados que las autoridades fiscales, pagadas con el dinero de los contribuyentes, fingen ignorar?
Y la complicidad activa de los gobiernos, ¿quién la demanda? Bush, ese producto maligno de la naturaleza en una de sus peores horas, dirá que su plan ha salvado (¿salvará?) la economía norteamericana, pero las preguntas a las que tendría que responder están en la mente de todos: ¿no sabía lo que pasaba en las lujosas salas de reunión en las que hasta el cine nos ha hecho entrar, y no solo entrar, sino asistir a la toma de decisiones criminales sancionadas por todos los códigos penales del mundo? ¿Para qué le sirven la CIA y el FBI, además de las decenas de otros organismos de seguridad nacional que proliferan en la mal llamada democracia norteamericana, esa donde un viajero, a su entrada en el país, tendrá que entregar a la policía de turno su ordenador para que este copie el respectivo disco duro? ¿No se ha dado cuenta el señor Bush que tenía al enemigo en casa, o, por el contrario, lo sabía y no le importó?
Lo que está pasando es, en todos los aspectos, un crimen contra la humanidad y desde esta perspectiva debe ser objeto de análisis, ya sea en los foros públicos o en las conciencias. No exagero. Crímenes contra la humanidad no son solo los genocidios, los etnocidios, los campos de muerte, las torturas, los asesinatos selectivos, las hambres deliberadamente provocadas, las contaminaciones masivas, las humillaciones como método represivo de la identidad de las víctimas. Crimen contra la humanidad es el que los poderes financieros y económicos de Estados Unidos, con la complicidad efectiva o tácita de su gobierno, fríamente han perpetrado contra millones de personas en todo el mundo, amenazadas de perder el dinero que les queda después de, en muchísimos casos (no dudo de que sean millones), haber perdido su única y cuántas veces escasa fuente de rendimiento, es decir, su trabajo.
Los criminales son conocidos, tienen nombre y apellidos, se trasladan en limusinas cuando van a jugar al golf, y tan seguros están de sí mismos que ni siquiera piensan en esconderse. Son fáciles de sorprender. ¿Quién se atreve a llevar a este gang ante los tribunales? Todos le quedaríamos agradecidos. Sería la señal de que no todo está perdido para las personas honestas.

viernes, 30 de mayo de 2008

Niños y plomo, riesgo de conducta criminal


Un estudio que aparece en la edición del 27 de mayo de PLoS Medicine constituye la primera evidencia empírica de que los niveles elevados de plomo en la sangre, tanto en la madre embarazada como en el niño, se relacionan con conducta criminal en la adultez temprana.

La exposición al plomo en la infancia se ha relacionado con conducta antisocial, un CI más bajo, déficits de atención, hiperactividad y funciones débiles del control ejecutivo, factores de riesgo de conducta delincuente en el futuro (en particular, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad es un factor de riesgo de conducta criminal en la adultez). Los estudios también han relacionado las ventas de gasolina con plomo o los altos niveles de plomo atmosférico a la conducta criminal.

Pero muchos edificios más antiguos, sobre todo los que se encuentran en barrios pobres y marginados, siguen teniendo plomo en las paredes y alfeizares. A principios de este año, el gobierno de los EE.UU. emitió nuevas reglas diseñadas para proteger a los niños de la exposición a la pintura con base de plomo durante las reparaciones y renovaciones de viviendas y edificios. Las nuevas reglas entrarán en vigencia en 2010.

El artículo de Dietrich es parte de un estudio de mayor tamaño iniciado en 1979 para estudiar los efectos de la exposición al plomo tanto prenatal como en la infancia temprana sobre el crecimiento y desarrollo de los niños. Las mujeres embarazadas reclutadas para el estudio vivían en áreas de Cincinnati con una alta concentración de viviendas más antiguas contaminadas con plomo.

Para el informe actual, los investigadores evaluaron las concentraciones de plomo en la sangre durante el embarazo además de las concentraciones en 250 niños a intervalos regulares hasta que tenían casi siete años de edad. Información sobre arrestos y encarcelamiento proveniente de los registros del condado años más tarde se correlacionó con esos niveles de plomo en la sangre.

Los índices de arresto eran más altos a medida que aumentaban las concentraciones de plomo en la sangre. La asociación entre niveles altos de plomo en la sangre y los crímenes violentos fue aún más intensa. Cualquier elevación de cinco microgramos por decilitro de los niveles de plomo en la sangre aumentaba el índice de arresto por ofensas violentas en más de 25 por ciento, segun el autor.
Esto se sostuvo aún tras ajustar una multitud de otros factores.

Y aunque el plomo se ha eliminado en gran parte en los países desarrollados, lo mismo no pasa necesariamente en otras partes del mundo.

Via:PLoS Medicine, http://www.nlm.nih.gov/
Imagen tomada de:http://www.deperu.com/prensa/