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domingo, 7 de junio de 2009

Vida media de los amigos; 7 años

¿Ha tenido una buena conversación con algún amigo recientemente? ¿Le ha ayudado algún otro en la mudanza? Pues será afortunado si esas personas están todavía en su vida al cabo de siete años. Al menos eso es lo que afirma el sociólogo Gerald Mollenhorst, que investiga cómo el contexto en el que conocemos a alguien influye en nuestra red social personal. Según él usted pierde la mitad de los miembros de su red social cada siete años. Durante años los sociólogos han discutido si la ampliación de nuestra red social es el resultado de nuestras preferencias o si es el contexto en el que conocemos a alguien el factor más importante. ¿Sería su amigo del alma su mejor amigo si no hubiera estado con él en la misma clase durante tres años? Y si en lugar de haber conocido a su mujer a través de amigo común, la hubiese conocido en un bar de mala muerte, ¿seguiría siendo su esposa? Para intentar responder a estas preguntas Mollenhorst realizó una encuesta a 1007 personas con edades comprendidas entre los 18 y los 65 años de edad. Siete años después volvió a contactar con los mismos. De todos ellos 604 estaban dispuestos a ser entrevistados de nuevo. En ambos casos tuvieron que contestar a preguntas acerca de sus relaciones personales, cómo habían conocido a sus amigos y cómo era su relación con ellos.  Mollenhorst investigó si el contexto social en el que se hace el primer contacto influye en el grado de similitud entre miembros de la pareja, entre amigos o simplemente entre conocidos. Se esperaba que la influencia del contexto social sobre el parecido en la relación fuera más importante en relaciones débiles que en las fuertes. Después de todo usted probablemente sea menos quisquilloso a la hora de elegir a un conocido que a su cónyuge. Mollenhorst encontró más similitudes en las relaciones de pareja que en relaciones de amistad. Pero curiosamente la influencia del contexto social sobre la similitud no difería demasiado entre cónyuges, amigos y conocidos. Esto revela cómo de fuertemente influyen en las composiciones de las redes sociales de las personas las oportunidades de conocer a alguien. Con este estudio Mollenhorst ha confirmado que estas redes no están basadas solamente en las elecciones personales y que dichas elecciones están limitadas por las oportunidades que se tiene de conocer gente. Más aún, la amplitud con las que nuestros amigos se conocen entre sí depende fuertemente del contexto en el que la gente conoce a los demás. Muchos sociólogos asumen que nuestra sociedad se está haciendo más individualista. De este modo se mantiene por ejemplo que separamos estrictamente los compañeros de trabajo, los del club de tenis y los amigos. Sin embargo, Mollenhorst sostiene que los contextos públicos del trabajo, el vecindario y el privado se solapan frecuentemente entre sí.  El estudio de este investigador revela además que la red social no mengua, pese a que algunas investigaciones norteamericanas sostienen lo contrario. Sobre un periodo de siete años el tamaño promedio de la red personal promedio se mantiene estable. No obstante, durante el transcurso de siete años reemplazamos muchos miembros de nuestra red por otras personas. Sólo un 30% de nuestros amigos de conversación o los que nos echan una mano si los necesitamos estarán con nosotros siete años más tarde. Sólo el 48% de los antiguos miembros formarán parte de nuestra red al cabo de ese tiempo. Por tanto, valore los amigos que tiene, al menos por el tiempo que los tenga.

martes, 9 de diciembre de 2008

La felicidad es contagiosa

Rodearse de amigos felices aumenta un 9% las probabilidades de sentirse satisfechos.¿Quién no se ha sentido alguna vez contagiado por la felicidad de un amigo, un padre, un hermano? ¿Quién no se alegra por el júbilo ajeno? ¿Y no parece acaso que las penas vienen todas juntas entre conocidos y allegados? Un estudio que combina la epidemiología y la sociología sugiere que la felicidad es contagiosa, y que las personas con amigos dichosos son más proclives a sentir la felicidad en sus propias carnes. Para darle base científica a una idea que muchos ya mascaban, investigadores de las universidades de California y San Diego (ambas en EEUU), han utilizado los datos de una de las investigaciones más famosas de la historia de la medicina, el estudio Framingham. Desde 1948, 5.209 ciudadanos de la localidad estadounidense del mismo nombre (y ahora, además, sus hijos y nietos) se someten periódicamente a estudios y análisis para conocer su estado de salud. Sus conclusiones se han publicado en la revista 'British Medical Journal' (BMJ) y pueden tener implicaciones sanitarias: "Lo más importante es el reconocimiento de que las personas son seres sociales y el bienestar y la salud de un individuo afecta a la de quienes le rodean". Los autores seleccionaron a 5.124 individuos (a los que se denominó 'egos') y a varios de sus conocidos ('alter'): padres, hermanos, pareja, hijos, vecinos, compañeros de trabajo, amigos (y también amigos de amigos). En total, más de 12.000 individuos que estaban conectados entre sí de alguna manera en la localidad de Framingham entre los años 1971 y 2003, y que constituían entre ellos alrededor de 53.200 vínculos sociales.Para definir la 'felicidad', James Fowler y Nicholas Christakis utilizaron una escala de valores, en la que los participantes tenían que responder a varias cuestiones sobre sus sentimientos en las últimas semanas: "Me siento esperanzado con el futuro", "me siento feliz", "disfruto de la vida", "siento que soy tan bueno como otras personas"... Como muchos de los 'alter' también estaban incluidos en el estudio Framingham no fue difícil obtener sus sensaciones y establecer cómo se distribuía este sentimiento a través de las redes sociales. Sus análisis demostraron que las personas felices suelen estar vinculadas entre sí (lo mismo que las desdichadas). Una persona tiene un 15% más de probabilidades de sentirse ufana si está conectada con un 'alter' feliz; aunque a medida que la relación se va distanciando (amigos de amigos, vecinos, compañeros de trabajo...) estos porcentajes se van reduciendo al 9,8% o incluso al 5,6% en el caso de conocidos de 'tercera línea' (amigos de amigos de amigos, por ejemplo). Además, se atreven a decir que hay individuos que viven en el centro mismo de la dicha, mientras que las personas que ocupan la periferia de las relaciones sociales se sienten menos satisfechas. Así, los individuos que son el centro de muchas relaciones tienen más probabilidades de seguir siendo felices en el futuro. La investigación subraya que la felicidad de cada 'alter' influye directamente en las emociones del 'ego': tener amigos alegres incrementa un 9% las probabilidades de ser feliz en el futuro o convivir con una pareja dichosa equivale a un 8% de felicidad; y, al contrario, rodearse de pesimistas reduce un 7% las emociones positivas. Los autores, además, sugieren que en el contagio de la felicidad las distancias cuentan. Por ejemplo, vivir a menos de 1,6 kilómetros de distancia de un hermano optimista aumenta un 14% la dosis de felicidad personal, mientras que si residen más alejados, los sentimientos fraternales no parecen tener efecto. Si quien vive a menos de 0,8 kilómetros es un amigo, su dicha incrementa un 42% las probabilidades de felicidad del 'ego'. Este análisis de la transmisión de sentimientos señala también que las personas del mismo sexo se contagian la felicidad con más facilidad que los contrarios. Quizás por eso, sugieren, el bienestar de amigos o vecinos puede influir más que el de la pareja (en la muestra eran todas heterosexuales).Como ellos mismos subrayan, la felicidad está relacionada con factores tan diversos como la calidad de vida, la satisfacción en el trabajo, las buenas relaciones sociales y familiares... "Y como tal, no es extraño que se vea mermada cuando alguien está enfermo o que la depresión y la ansiedad influyan negativamente en algunas patologías". En un comentario que publica en la misma revista Andrew Steptoe, de la Fundación Británica del Corazón, reconoce que, a pesar de las pegas metodológicas que se le puedan poner, "el trabajo desata la intrigante hipótesis de que algunos condicionantes psicosociales se pueden transmitir a través de las conexiones sociales. Y esto tiene importantes implicaciones para el diseño de intervenciones eficaces".Steptoe recuerda que hasta la fecha se ha demostrado que los individuos más felices tienen niveles más bajos de cortisol durante todo el día (relacionado con menos estrés o ansiedad), una respuesta inflamatoria atenuada y una mejor salud cardiovascular.
Imagen:flickr