domingo, 1 de marzo de 2009

Aumenta cáncer de pulmón en mujeres

El cáncer de pulmón es una de las principales causas de muerte. Tristemente, es una de las enfermedades oncológicas que con mayor facilidad se podría prevenir. Aunque existen varios factores que pueden desarrollarlo, como la exposición al asbesto y la contaminación, el tabaquismo es la causa de alrededor del 90 por ciento de los casos de cáncer pulmonar. Los países desarrollados como Estados Unidos y algunos europeos enfrentan el aumento de casos de cáncer de pulmón en mujeres, debido a que el tabaquismo se ha convertido en un hábito que se practica desde edades más tempranas y, aunque en la actualidad tal situación aún no se presenta en México, la tendencia está en aumento. Desafortunadamente, el cáncer de pulmón se diagnostica en el 70 y 80 por ciento en etapas avanzadas en el mismo pulmón y otras veces cuando se ha propagado a otros órganos como el hígado, huesos o el cerebro. El cáncer de pulmón es el más mortal de todos. Es la principal causa de muerte por cáncer en los hombres y la segunda entre las mujeres. Anualmente mueren alrededor de 975 mil y 376 mil mujeres, según la Sociedad Estadunidense del Cáncer.
¿Cómo detectarlo?
Los síntomas se esconden porque generalmente son pacientes fumadores que frecuentemente presentan tos crónica, bronquitis y enfisemas, pero cuando aparecen signos como dificultad para respirar, que hacen necesario el uso de oxígeno, quiere decir que el cáncer se encuentra en etapa avanzada. La aparición de un tumor provoca que se comprima el bronquio y causa tos con flemas y sangre, dificultad para respirar y dolor, dependiendo de la localización del cáncer. En cuanto a los casos que se detectan tempranamente cuando el tumor es pequeño y aún no se ha ido al otro pulmón, el tratamiento es la cirugía, que consiste en quitar el tumor, un lóbulo o incluso todo el pulmón y aunque las posibilidades de curación existen, no son tal altas, sin embargo, se dan tratamientos complementarios después de la cirugía con quimioterapia que aumentan la posibilidad de curación. En las etapas más avanzadas, el tratamiento idóneo es la combinación de quimioterapia más radioterapia, en donde se ha logrado mejorar la vida y prolongarla sin enfermedad. Los tratamientos biológicos, como Gefitinib de AstraZeneca, uno de los fármacos novedosos, atacan los blancos moleculares, inhibiendo la producción de las células malignas sin dañar las normales, lo que los hace ser más tolerables al organismo. Una de sus ventajas es que es un medicamento tomado que lo hace accesible y cómodo para el paciente. En este contexto, los resultados del Estudio INTEREST Fase III, publicados hace poco en The Lancet, demuestran que los pacientes con cáncer de pulmón de células no pequeñas avanzado, que antes recibieron quimioterapia con base en platino y a quienes se les recetó el medicamento oral Gefitinib, tuvieron una supervivencia equivalente (no inferior) a aquellos tratados con quimioterapia intravenosa (docetaxel). Sin embargo, el Gefitinib tuvo un perfil de tolerancia más favorable que el Docetaxel y significativamente más pacientes tratados con Gefitinib tuvieron una mejoría en su calidad de vida. Es decir, causa menos efectos secundarios y puede ser una mejor opción para los pacientes que no consiguen buenos resultados con la primera ronda de quimioterapia.
Via:oem

sábado, 28 de febrero de 2009

Médicos enfermos


Parapetados tras una bata blanca y un fonendoscopio, se enfrentan cada día a la enfermedad. Están acostumbrados al olor a hospital, a las retahílas de fármacos, a los largos tratamientos, a ver llegar la muerte... Sin embargo, según aseguran, para un médico nada de esto es suficiente cuando la vida da un vuelco y decide convertirle en paciente. "Es imposible. Eso no puede pasarme a mí" fue cuanto acertó a pensar Pilar Gasca la primera vez que escuchó la palabra cáncer en su diagnóstico. Acostumbrada a comunicar malas noticias como esa a sus pacientes, no era capaz de creer que en aquella ocasión la enferma fuera ella. Sin embargo, "eso" ocurrió. Y, durante nueve meses, mantuvo a esta ginecóloga del Hospital Clínico San Carlos de Madrid al otro lado de la consulta, donde surgen las dudas, la angustia y los miedos. "Como médico, lo peor es conocer más datos que un paciente normal; saber cosas como la tasa de supervivencia. Eso me generaba mucha ansiedad, así que al final decidí no obtener más información que la que me daba mi oncólogo", recuerda esta especialista.Casi cuatro años después y ya recuperada, asegura que la experiencia no ha cambiado su trato con el enfermo, su día a día profesional. Sin embargo, muchos otros aseguran que "haber vivido la experiencia desde el otro lado" hace comprender mejor al paciente, ayuda a ponerse más en su piel. Es el caso de Javier Bayo, diabético y médico de familia en la localidad vizcaína de San Vicente. "Quizá, al haber pasado por lo mismo, entiendes mejor lo que se siente en los momentos de espera, el nerviosismo que se produce antes de un diagnóstico", apunta. "El hecho de haberse sentido enfermo hace que sea más sencilla la relación médico-paciente, posiblemente te humaniza más", añade Eduardo Serna -miembro del servicio de Cirugía Plástica del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Santander- quien, por su condición de celiaco, debe llevar una dieta especial y realizarse revisiones periódicas. Tres días de hospitalización por una operación del ligamento cruzado sirvieron para que Tania Tineo, enfermera en el madrileño Hospital de la Princesa, cambiara su punto de vista profesional. "Desde entonces, no he vuelto a decir cosas como 'es un pinchacito que no duele nada'", recuerda. Aunque la intervención fue un éxito y Tania no tiene más que buenas palabras para los compañeros que la atendieron, asegura que la experiencia marcó un antes y un después: "Todo el personal tendría que pasar una temporada como paciente para ver lo que es; para sentir, por ejemplo, lo que supone perder tu identidad por unos días y pasar a ser 'la rodilla de la habitación x'". Precisamente fue una larga estancia en el hospital para recuperarse de un cáncer de garganta lo que llevó a Itzhak Brook, un pediatra norteamericano, a escribir recientemente una carta abierta a sus colegas en la revista 'Archives of Otolaryngology'. "Experimentar de primera mano las dificultades y tribulaciones que se sufren [...] me mostró lo dependientes que somos y la ayuda que necesitamos", comenta Brook, quien, en ocasiones, sufrió las prisas y los procedimientos encorsetados que a menudo acompañan a la medicina. Por ello, en su escrito, hace un llamamiento a una atención médica que no solo trate a pacientes, sino también a personas.Ese trato cercano fue, justamente, el que puso en el camino de la investigación médica a Marta Zalacain, que de niña tuvo que ser hospitalizada debido a un osteosarcoma -el tumor óseo más frecuente en la infancia y adolescencia-. "Fue un año muy duro", recuerda; pero tras el tratamiento salió del hospital curada, con "otra familia" y una fuerte inclinación por la ciencia. La inclinación era tan fuerte que, años después, con el título universitario en la mano, Marta llamó a la puerta de uno de los doctores que la había tratado en la Clínica Universitaria de Navarra y se ofreció para formar parte de su equipo.Tras unos años de colaboradora –"casi por amor al arte"- hoy forma parte de un grupo puntero en la investigación del osteosarcoma, la enfermedad que tan bien conoce. "Lo que me pasó no me va a hacer ser mejor que ningún otro investigador, pero sí que mi dedicación sea completa. Para mí, lograr un avance importante no sólo sería un éxito profesional, sino también personal", indica. "Y conseguirlo", remarca Marta, "pasa por seguir trabajando". Coinciden con ella todos los profesionales consultados: "Lo importante es no dejar de hacerle frente a la enfermedad, sea cual sea el lado en el que estés".

No veo bien?


Via:freakdelux

Accidente en Moto

jueves, 26 de febrero de 2009

El Efecto Placebo

Pongamos un caso ficticio, el del paciente X. Varias veces al día, durante varios días, se le provoca dolor, que se controla con dósis de morfina. Hasta el último día del experimento. Esas 24 horas, sin que el señor X lo sepa, la morfina se sustituye por una solución salina absolutamente inócua. Parece increíble, pero dicha solución tiene el mismo efecto que la morfina y el dolor desaparece.Es lo que se conoce como el efecto placebo. Antes de la llegada de los fármacos en el siglo XX, era el arma más potente de la Medicina contra la enfermedad. Excremento de cocodrilo, aceite de gusano, sangre de lagarto y hasta ser tocado por el Rey eran medicinas usadas entre el siglo XVI y el XIX. Desde la publicación, en 1955, del libro The Powerful Placebo de H.K. Beecher, se reconoció que el 35% de los pacientes con una amplia variedad de enfermedades podría ser tratada sólo con placebo. En estudios posteriores, se ha visto que puede funcionar en el 70% e, incluso, del 100% de los casos.Nadie sabe todavía qué mecanismos intervienen en el efecto placebo. Algunos estudios sobre el dolor sugieren que reduce la ansiedad y facilita la liberación de endorfinas (sustancias químicas naturales parecidas a los narcóticos) en el cerebro, aunque son hipótesis todavía no confirmadas.