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jueves, 24 de septiembre de 2009

La disciplina física en la infancia eleva los problemas de comportamiento

Se mire por donde se mire un 'golpe a tiempo' no es la fórmula sancionadora más efectiva para educar a un menor. Bloquea al pequeño, daña su autoestima, le enseña a ser víctima, rompe la comunicación padre e hijo y les hace sentir rabia y tristeza. Si, pese a estos datos, usted todavía es de los defensores de la educación 'a la antigua usanza' tome buena nota de los resultados de dos nuevos trabajos. Al parecer, aquéllos que padecen castigos físicos a lo largo de la infancia tienen más riesgo de sufrir problemas de comportamiento durante la adolescencia. "El uso de disciplina severa y castigo físico ha sido objeto de análisis en los últimos años. Algunos trabajos ya han apuntado que su empleo causa más problemas que beneficios en los menores, como el desarrollo de actitudes antisociales... Aún así, el 90% de los padres estadounidenses reconoce haberla aplicado en alguna ocasión con sus hijos, aunque las creencias sobre su utilidad varían considerablemente de unos progenitores a otros... No obstante, la literatura científica sugiere también que los efectos de la sanción física están muy determinados por el contexto en el que se administra", insisten los autores de sendos estudios, publicados en el último 'Child Development'.
Científicos de las Universidades de Duke, Oklahoma, Pittsburgh, Aurbun e Indiana (todas en EEUU) escogieron a los participantes de dos grandes investigaciones: El Proyecto de Desarrollo Infantil [CDP, de sus siglas en inglés] y el Proyecto Pitt Madre-Hijo [PMCP] para llevar a cabo sendos estudios.
Así, en el primero de ellos, los investigadores contaron con los datos de 499 familias (involucradas en el CDP), con hijos de cinco años que recibieron un seguimiento hasta los 16, y que fueron comparados con menores de otras 86 que no participaban en el PDP.
En el segundo, se comparó a los descendientes de 258 familias del PMCP, estudiados desde los cinco a los 15 años, y que fueron comparados con los de otras 52 familias.
Los autores intentaron establecer tanto los cambios producidos en los castigos físicos de grado medio a severo (desde un azote a golpear con la mano o con un objeto al menor) a lo largo de la infancia y de la adolescencia, así como su impacto en el comportamiento posterior, cuando el niño se convierte en un adolescente.
Para ello se llevaron a cabo entrevistas a las madres en las que se les requirió que puntuaran de cero (nunca) a cuatro (a diario) la frecuencia con la que sus hijos recibieron azotes por mal comportamiento a los seis, siete y ocho años y, más tarde, a los 15 y si este golpe era con la mano extendida o con un objeto.
Asimismo, los autores indagaron sobre el temperamento del menor tanto en la infancia como en la adolescencia.
"Valoramos asimismo otros aspectos de la familia, como la formación y el nivel social y económico de los padres o el tipo de relación con sus hijos ya adolescentes", menciona el estudio dirigido por Jennifer Lansford.
Uno de los primeros datos "es que los padres suelen ir adaptando su disciplina en la medida en que las habilidades cognitivas del menor van aumentando, empleando menos castigos físicos según los pequeños crecen. Creen que, según se van haciendo mayores, la sanción física es menos adecuada".
Sin embargo, los resultados muestran que los niños que sufren esta forma de penalización a lo largo de la infancia tiene más riesgo de padecer conductas externalizantes (agresividad, problemas de comportamiento...). Menos educación de los progenitores, niveles socioeconómicos más bajos, problemas de estrés en la familia, padres o madres solteros y vivir en comunidades peligrosas se asocian, en ambos estudios, a más probabilidades de utilizar la 'fuerza' en los castigos. La comunicación y el buen entendimiento de los "padres con sus hijos adolescentes se rompe o es más complicada si la sanción física se sigue ejerciendo durante toda la infancia y adolescencia".
El efecto del castigo es a corto plazo, el niño vuelve a su mal comportamiento. Sin embargo, el refuerzo positivo del menor es una estrategia de beneficios perdurables.
Uno de los riesgos de la disciplina física es que genera "vicios en el educador y en el que se educa. El progenitor tiende a usarla cada vez más y el nivel del castigo también irá aumentando. El padre que da azotes a un menor de cuatro años y que sigue con la sanción física, dará un golpe más fuerte cuando el niño tenga siete... y ¿qué le hace entonces a los 15?.
Tanto él como los autores del trabajo defienden la necesidad de que los profesionales de salud mental y las escuelas de padres tengan en cuenta los datos de la investigación y asesoren a las familias sobre la educación de los hijos, sobre todo las que cuentan con un mayor riesgo de emplear el castigo físico.

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La foto es de Anibal tiene ocho años y la espalda casi destrozada. Fue golpeado por su padre, cuando estaba ordenando la ropa de su hermano menor. Anibal fue atacado por su papá con una manguera plástica. Luego de la golpiza quedó internado en el hospital de. “Me pegó con la manguera, aunque también lo hace con su cinturón”, explicó el pequeño en la entrevista psicológica a la que fue sometido, donde, además, aclaró que su padre no estaba ebrio cuando lo agredió, supuestamente por haber quebrado un huevo. El padre es albañil y la mamá trabaja en una carpintería. La pareja hace cuatro años que volvió a reencontrarse, luego que se separaran por el carácter violento del hombre hacia su mujer y sus hijos.
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jueves, 21 de agosto de 2008

El modelo finlandés de educación ya en España y ¿México seguimos con Elba Esther ?

La comunicación entre profesores, padres y alumnos es la clave del éxito del mejor sistema educativo del mundo según el informe Pisa.
Este curso abre en España un nuevo centro de enseñanza que aplica el sistema finlandés de educación, el primero que lo hace en español. En nuestro país son ya alrededor de una decena los que utilizan con éxito el modelo del país escandinavo, que posee el mejor sistema educativo de todo el mundo según los resultados del Informe Pisa 2006. El país nórdico lidera el ránking de los 28 que analiza la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), al obtener la mejor puntuación en las tres materias que se evalúan —Matemáticas, Ciencias y Lectura—. A gran distancia se queda España, que ocupa el puesto 24, por debajo de la media de los países de la OCDE y superada por República Checa, Irlanda, Polonia, Suecia, Eslovenia, Hungría... ¿Cuál es el secreto de Finlandia para conseguir que sus alumnos sean los mejores? La solución está en el modelo educativo que ha implantado, en el que profesor es la piedra angular. Mientras que en España, con tener el título de docente basta para impartir clase, los nórdicos lo tienen más complicado.
Para conseguir trabajo se les exigen una titulación superior y ser considerados unos expertos en pedagogía; se les evalúa la capacidad empática, comunicativa, lectora y escrita; la nota del expediente tiene que ser superior a 9, e incluso deben tener habilidades musicales, matemáticas y artísticas. De ahí que sean considerados los mayores profesionales de la sociedad. Para Finlandia, el éxito viene de la formación técnica y humana de los profesores.
Aprendiendo desde pequeños
La familia se considera la primera responsable de la educación de sus hijos, por lo que, desde pequeños, inculcan a los hijos el gusto por la lectura leyendo periódicos en casa y acudiendo con ellos a la biblioteca de forma frecuente.
Y es que Finlandia destaca por su red de bibliotecas, que cuenta con una gran accesibilidad para los ciudadanos. Este país dota de mucha importancia a la educación, por lo que el Estado desembolsa el 6% de su producto interior bruto (PIB) en este concepto. Así, los finlandeses no se gastan dinero en la educación de sus hijos.
Toda la educación pública está subvencionada: los libros de texto, el transporte del alumno al centro, —si este vive a más de 5 kilómetros—, y el comedor. Además, el Estado proporciona lo último en tecnologías para que el alumno aprenda de una forma más eficaz. Los idiomas también son muy importantes para esta sociedad, por ello, los jóvenes aprenden sueco, inglés, francés y, de forma optativa, alemán o ruso. Y para ayudarles en esta tarea, la televisión y el cine ofrecen su programación en el idioma original, por lo que los niños aprenden rápido a ver los dibujos o sus series favoritas en subtítulos.
Otro punto a su favor es el respeto por los profesores y los compañeros, lo que hace que no haya tanta diferencia entre alumnos en cuanto a nivel académico. Si existe algún problema con algún niño, el gabinete psicopedagógico se encarga del seguimiento del niño y del apoyo a los padres.
Si el método finlandés tiene tanto éxito como se dice, no deberíamos tardar en implantarlo en nuestros colegios. Sólo hay que hacer un pequeño esfuerzo para conseguir grandes resultados: la educación y el futuro de nuestros hijos está en juego.
Via:http://www.gaceta.es/20-08-2008+modelo_finlandes_se_implanta_espana,noticia_1img,11,11,29694

jueves, 20 de marzo de 2008

Las raíces de la violencia


Es el conocimiento científico lo que permite ver que las desastrosas consecuencias de la traumatización de los niños y niñas producto de los malos tratos inciden inevitablemente en la sociedad:

Baste recordar que;

1. Cualquier niño viene al mundo para crecer, desarrollarse, vivir, amar y expresar sus sentimientos y necesidades.

2. Para desarrollarse, el niño necesita la ayuda de adultos que, conscientes de sus necesidades, lo protejan, lo respeten, lo tomen en serio, lo amen y lo ayuden a orientarse.

3. Cuando se frustran las necesidades vitales del niño, cuando el adulto abusa de él por motivos egoístas, le pega, lo castigan, lo maltratan, manipula, desatiende o engaña sin la interferencia de un testigo que se alíe con el niño y lo defienda, entonces la integridad de este sufrirá un daño irreparable.

4. La reacción normal a una agresión debería ser de enfado y dolor. Sin embargo, en un entorno perjudicial, al niño se le prohíbe enojarse y, en su soledad, el dolor le resultará insoportable. El niño debe entonces ocultar sus sentimientos, reprimir el recuerdo del trauma e idealizar a su agresor. Más adelante, no sabe lo que le ha pasado.

5. Desconectados de su causa original, los sentimientos de enfado, impotencia, confusión, añoranza, aflicción, terror y dolor, conducen a acciones destructivas contra otros (comportamiento criminal o asesinatos masivos) o contra sí mismo (adicción a drogas, prostitución, desórdenes psíquicos y suicidio).

6. Las víctimas de las venganzas de los agresores son a menudo sus propios hijos, utilizados como víctimas propiciatorias. En nuestra sociedad esta agresión está aún legitimada, incluso tenida en alta estima, mientras la sigamos llamando educación: “te pego por tu bien, porque te estoy educando”. Es trágico que los padres peguen a sus hijos para evitar sentir lo que sus padres hacían con ellos.

7. Un niño que haya sido maltratado no se convertirá en criminal ni en mentalmente enfermo si, por lo menos una vez en su vida, encuentra a una persona (testigo solidario o experimental) que comprenda que no es el niño maltratado e impotente el que está enfermo, sino su entorno.

8. Hasta ahora la sociedad ha protegido al adulto y culpado a la víctima.

9. Gracias a la utilización de medios terapéuticos, ahora somos capaces de verificar empíricamente que las traumáticas y reprimidas experiencias de la niñez se almacenan y afectan durante toda la vida. Las mediciones electrónicas de la vida intrauterina y del recién nacido, revelan que el niño, desde el principio, siente y aprende tanto la crueldad como la ternura.

10. El aumento de nuestra sensibilidad hacia la normalmente negada crueldad con los niños y los efectos de este aumento, acabarán con la violencia transmitida de generación en generación.

11. Las personas cuya integridad no ha sido dañada en su infancia y que han recibido de sus padres protección, respeto y sinceridad, serán jóvenes y más tarde adultos, inteligentes, sensibles, fuertes y perceptivos. Sentirán alegría de vivir y no necesitarán de dañar a otros o a sí mismos, ni cometer asesinatos. Utilizarán su fuerza para protegerse, pero no para atacar a los demás. No podrán más que respetar y proteger a los más débiles y por lo tanto a sus propios hijos, pues es exactamente lo que han experimentado.

Este conocimiento afecta a todas y cada una de las personas y debería –si se extiende suficientemente– implicar cambios básicos en la sociedad, especialmente detener la ciega escalada de violencia. Así lo afirma Alice Miller en su libro “Por tu propio bien. Raíces de la violencia en la educación del niño”, libro que debiera ser leído por todas las personas que tienen a su cargo la educación de niños y niñas.

Para terminar con la cadena de violencia el primer paso es reconocer el daño recibido en la propia infancia, llamarla por su nombre, tolerar y superar el dolor y la desilusión de alguna vez haber sido dañados por quien debió amarnos. El segundo paso se dará en consecuencia y será para bien.

Via:Elena mendoza en:http://www.am.com.mx/

jueves, 28 de febrero de 2008

Educación.......


Felipe Calderón aseguró el jueves 21 que ese día marcaría un “antes y un después en la vida de la educación media superior”. Pese a la trascendencia del tema sus palabras se perdieron en un espeso silencio. ¿Por qué?

Porque lo que anunció es una minucia ya que la calidad educativa mexicana es pésima. Por dinero no queda. Si tomamos el porcentaje del Producto Interno Bruto dedicado a la educación gastamos más que Canadá, Corea y China. Los resultados son lamentables porque evaluación tras evaluación aparecemos lejos, muy lejos, de esos y otros países. Parecieran recursos invertidos para seguir siendo un País del montón.

Fue ignorado en su discurso porque, después de todo, es uno de los corresponsables del desastre. El otro protagonista es un sindicato al cual nadie disputa su capacidad para apropiarse cargos públicos, ordeñar presupuestos y negarse a ser evaluados o a tomar medidas que mejoren la calidad.

Es ampliamente conocida la pésima calidad de la educación pero los padres exigen poco porque la mayoría tienen menor escolaridad formal que la que están recibiendo los hijos. No esperan más porque carecen de referentes con los cuales contrastar y porque los medios electrónicos no se distinguen por la promoción del conocimiento.

¿Qué hacer para salir de ese círculo maligno de intereses creados, mediocridad y pasividad?

via:http://www.am.com.mx/