domingo, 28 de febrero de 2010

Evaluación del nivel de conocimientos relacionados con la reanimación cardiopulmonar neonatal

Basado en los principios, categorías y leyes del materialismo dialéctico y del método científico aplicado. Se desarrolló un modelo clásico no experimental que nos permitió evaluar el nivel de conocimientos relacionados con la reanimación cardiopulmonar de los profesionales y técnicos del servicio de perinatología del Hospital Territorial del municipio de Cárdenas. La muestra utilizada estuvo compuesta por el total de trabajadores, profesionales y técnicos del servicio de perinatología (n: 40) del Hospital Territorial de Cárdenas, aplicándose un instrumento constituido por 2 factores, 9 variables y 22 items de respuestas. Se pudo constatar que en todas las categorías existen dificultades con los conocimientos relacionados con la reanimación cardiopulmonar neonatal, en los médicos especialistas solo tuvieron el 49,6% de las respuestas satisfactorias, los residentes el 44,4%, los licenciados en enfermería 36,11 %, las enfermeras con Post Básico el 44,4% y el grupo con peores resultados fueron las enfermeras con curso básico que solo tuvieron el 16,6% de respuestas satisfactorias. En general solo se alcanzaron el 42,2 % de respuestas satisfactorias. Los resultados de la evaluación del nivel de conocimiento se valoran de malo, ya que menos del 70% alcanzó resultados satisfactorios en ninguno de los factores e indicadores definidos en el estudio. Y los indicadores con peores resultados en el estudio fueron el líquido amniótico, la frecuencia cardiaca, los factores condicionantes de la hipoxia y la aspiración.

El síndrome de Burnout en el personal de una unidad quirúrgica

El síndrome de Burnout es un estado particular de estrés que puede presentarse en aquellas personas que brindan servicios a otras, y se caracteriza por tres aspectos fundamentales: el cansancio emocional, la despersonalización y la disminución de la realización personal. Se realiza esta investigación para determinar su presencia en una unidad quirúrgica por ser un área de riesgo en este sentido. Se realizó un estudio descriptivo y transversal en 22 profesionales (médicos y enfermeras) a los que se les aplicó el cuestionario de Maslach sobre el Burnout, que mide los tres aspectos del síndrome, los resultados se relacionaron con la edad, sexo, años de trabajo y estado civil. El sexo femenino predominó con 22 (70,3%), 80 % tiene una experiencia profesional de más de 10 años, la incidencia fue mayor entre 35 y 44 años con 25 (83,3%), predominando el grupo de los casados con 22 (70,3 %). La mayor tendencia a presentar el síndrome fue en: mujer casada, con edad entre 35 y 44 años y antigüedad profesional mayor de 10 años. No se evidencia la presencia del síndrome de Burnout, pero sí una tendencia a desarrollarlo en un alto número de profesionales.

El médico ya no es lo que era


El médico no es lo que era. Admitámoslo. Ese ser considerado por el paciente como mezcla de padre, sacrosanto, en los altares del que todo lo puede y del cual se esperaba el milagro, no existe. Feneció porque la gente no lo considera más así. Por otro lado, mejor que así sea, los médicos somos terrenales.

El avance de la ciencia, los métodos de diagnóstico y el grado de ultra-ultra especialización, produjeron un cambio de era, donde la deducción semiológica de lo que un paciente tiene como signosintomatología para llegar a un diagnóstico, ha sido reemplazado por un cierto facilismo a la hora de solicitar al paciente toda clase de estudios, baterías de imágenes y celeridad en la consulta, por la inmediatez de ver más pacientes. Esto ocurre en todos lados, no solo en Corrientes.
Para refrescar al lector: un médico tarda entre seis y siete años si estudia a buen ritmo y responsablemente en la Universidad. Luego, comienzo (sólo el 10 % accede a este sistema) un entrenamiento conocido como residencia médica. Allí el profesional se especializa, pasando cuatro años con semana se guardia en un número de tres a cuatro. Ya a los 28 o 30 años y la especialidad en la mano, se inserta en el mercado laboral siendo…nadie. Algunos tienen la suerte de efectuar una pasantía en el exterior o una residencia post básica para hilar más fino y no entrar a competir en especialidades donde el grueso compite por ganarse la vida, ofreciendo prácticas cada vez más ultraespecializadas. (Puede que allí se pierda el contexto de lo general, es un riesgo casi obligado a tomar). ¿Y la familia? Bien gracias, teniendo hijos y planificando ser padre casi orillando los 35. Dos años de práctica ad-honorem tuve que pasar para obtener un contrato en el hospital público, inestable por cierto, y gracias a largas horas de plantón en el Ministerio. Mientras tanto a algunos “afortunados” amigos del poder de turno, y esquivando este largo derrotero, yendo por la vía corta de la no capacitación, lograban nombramientos de máximas categorías. Ese es otro cantar.
Lo cierto es que los pacientes recorren los consultorios como recorren la calle Junín buscando “precio”, no alcanzan a comprender muchas veces la importancia de la capacitación profesional. En otras palabras, ese extenso derrotero está mal remunerado, no está valorizado. De allí la polémica del plus, práctica que hace a los médicos, compañeros de la marginalidad. Buscando la dignidad a hurtadillas. Mal visto por la gente, la cual tiene razón, con la vista gorda de muchos que no pueden ofrecer mejores aranceles. Esto deteriora la relación médico-paciente, tornando una práctica imperfecta en una obligación de éxito, so pena de la acción legal, agravada por un latiguillo harto escuchado: “encima me cobró”. Está visto por la gente que efectuar una receta, un pedido de estudios, un resumen de historia clínica o la interpretación en pasillo de una radiografía o placa radiográfica, laboratorio, etc., no constituye un acto de razonamiento médico y que deba ser remunerado. Es una gauchada. En el otro lado de la balanza, a nadie se le ocurriría llevar una gaseosa de un quiosco, un litro de nafta “de onda” de una estación de servicio o un tomate de un supermercado. Irían presos, es robo.
Hoy ante los ojos de la sociedad el médico goza de desprestigio. Es el chivo expiatorio de los males que aquejan al sistema. No es considerado un profesional más, de éste se espera el sacerdocio de la sanación. No está bien visto que su trabajo sea remunerado. No todos los pacientes, en realidad una gran parte de la sociedad, carece del beneficio de la obra social. Por ende, la consulta y las diferentes prácticas médicas, deben abonarse en efectivo. Muchas prácticas son costosas. Las internaciones cuestan por la hotelería, los insumos, las horas de enfermería, la anestesia, los honorarios médicos, etc. Esto puede ser irremontable para un paciente. Pero es el médico el cual vil comerciante, “intenta” cobrar por…qué? una consulta? Si no me llevo nada en las manos después de ver al médico?, tal como me llevaría algo de un supermercado, por supuesto con la obligación de abonar por el producto. 
Volvamos a las obras sociales. A los pacientes les descuentan del sueldo un monto para gozar del beneficio de cobertura de la salud. (La gran mayoría como empleados públicos en la Provincia, tienen cobertura del IOSCOR). Sabían esos pacientes que a los médicos nos abonan por nuestro trabajo varios meses después del acto médico, con descuentos o débitos, siempre vaya a saber por qué?. Sabían que muchas obras sociales los hacen rehenes de la cartilla exclusiva de prestadores, los cuales muchas veces no son los médicos que el paciente eligió? Sabían que muchas veces el valor de una consulta que decide el futuro del paciente y a veces la familia vale menos que una tarjeta de teléfono o un kilo de carne? Los médicos también tienen familia y deben pagar las cuentas a fin de mes, llevar algo en el chango del supermercado, pero cuando llegan a la caja, no hay posibilidad de decirle al empleado: “puedo pagarle con una orden a tres o seis meses con descuentos?” . Ninguna empresa o supermercado o lo que fuere aceptaría eso, amén de la inflación que carcome los bolsillos. (Cobrar dentro de tres meses con el valor de hoy).
El sistema público de salud es deficitario. Han desaparecido prestaciones de alta complejidad como hace pocos años teníamos. Basta ver que Formosa es pionera y líder en trasplantes a través del hospital de alta complejidad. Aquí se cierran salas y quirófanos funcionan a media máquina por falta de insumos. Estrategia para ahorrar recursos? Pero el paciente sufre las consecuencias. Y los sueldos de los profesionales de la salud? Estancados, liderando los niveles más bajos del país. Pidieron una entidad hecha y derecha, el ASPROSAC, y de todas maneras no somos reconocidos. Al contrario, castigados por querer trabajar. Hay tanto por hacer…
Muchos de nosotros tenemos que trabajar en más de tres lugares (cada vez más parecido a Buenos Aires), a saber: en la Universidad como docentes, en el hospital público y en la práctica privada, siempre corriendo apresurados por cumplir como sea, deteriorándose la calidad de atención, la calidad de enseñanza.
Los pacientes pueden tener razón por el nivel de atención, pero también es cierto que esta no es una ciencia exacta, por lo cual el error y lo impredecible juega un papel importante. Pueden reducirse los riesgos, trabajando honesta y profesionalmente, pero los resultados muchas veces no son los deseados, es una ciencia biológica, imperfecta. Cuando se construye una pared, si sale mal, puede volteársela, pero cuando uno está operando, nosotros carecemos de la posibilidad de rehacer y a veces las oportunidades son únicas. Estamos expuestos a la industria del juicio por mala praxis Pocos prosperan según la Asociación Médica Argentina, pero el desprestigio y desgaste para todos es enorme. No digo que todos sean santos, hay de todo en la viña del señor.
Debemos propender a una mejor salud pública, a la cobertura universal, a la gratuidad del sistema público, a la eficiencia del privado, pero también a mejorar la remuneración profesional, a fin de trabajar con calidad y tranquilidad. Como ocurre en Brasil, donde hay un estudio de la cantidad de médicos necesarios para la población en forma proporcional. (Y tienen sólo lo que necesitan). El médico nunca puede ganar, y lo digo con respeto, menos que un albañil como ocurre en muchos casos acá. También es desvalorizada la categorización de la formación, la especialidad. Nuestra Universidad, a través de la Facultad nos otorga la posibilidad cada tres a cinco años de recertificar (renovar la especialidad) para estar acorde a los tiempos modernos. Ello implica demostrar qué formación, qué grado de actualización, qué esfuerzo por superarse tiene el médico. Pues bien, ese título no es bonificado. No es categorizado por las obras sociales. Entonces da lo mismo demostrar que uno se actualizó o no. Tiene valor académico y nos deja dormir más tranquilos, con la conciencia de lo bien hecho, pero nada más.
No creo que la medicina deba verse desde el punto de vista mercantilista, sino con una óptica social y solidaria, pero estamos mal y nada indica que estemos mejor. No hay una política a largo plazo, y me invade la sensación que vamos hacia un mundo diametralmente opuesto al que vivieron esos médicos de antaño que eran respetados y queridos por los pacientes, que vivían dignamente de su trabajo.

Datos del Autor 

Especialista Universitario en Cirugía General y Cirugía Oncológica (Instituto Angel H. Roffo-UBA) - Profesor Adjunto de la Facultad de Medicina de la UNNE - Director Curso de Grado en Oncología (UNNE) - Cirujano Oncólogo del Servicio de Ginecología del Hospital "José R. Vidal" - Miembro MAAC-SAMAS-AOCC

martes, 23 de febrero de 2010

Vacuna contra el rotavirus

¿Cómo prevenir dos millones de muertes a lo largo de la próxima década? Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los resultados de dos nuevos estudios que publica la revista 'The New England Journal of Medicine' la respuesta es clara. Con la vacuna contra el rotavirus, la primera causa de diarrea, que acaba con la vida de más de 500.000 niños cada año.
Esta inmunización ha mostrado sobre el terreno y a largo plazo que es capaz de reducir los episodios de diarrea severa en más de un 60% entre los menores de dos años. Sin embargo, implantar esta vacuna en los países más pobres del planeta, los que presentan las tasas de mortalidad más altas por esta causa, es un reto difícil.
"La diarrea no amenaza la vida de los pequeños en los países ricos, pero en aquellos en vías de desarrollo es la principal causa de muerte en los niños. Ahora contamos con un arma potente contra este problema de salud, que tiene potencial para salvar miles de vidas. Nuestro principal desafío es asegurarnos de que las vacunas llegan a quienes las necesitan", ha indicado Tachi Yamada, presidente del Programa de Salud Global de la Fundación Bill & Melinda Gates.
Su afirmación se basa en los datos de dos nuevos trabajos que han confirmado el poder de estas vacunas, que se administran por vía oral. En uno de ellos, un ensayo multicéntrico realizado en Sudáfrica y Malawi, 1.647 niños con menos de un año recibieron dos dosis de la vacuna a las 10 y a las 14 semanas de vida; 1.651 obtuvieron tres dosis -a las seis, 10 y 14 semanas- y 1.641 recibieron un placebo. Los investigadores identificaron episodios de gastroenteritis severa, causada por rotavirus, en el 4,9% de los menores del grupo placebo frente al 1,9% de los vacunados, lo que indica una eficacia de la inmunización del 61,2%.
El segundo de los estudios se ha llevado a cabo en México, donde se introdujo la vacuna contra el rotavirus en 2006. Desde entonces, la mortalidad infantil por diarrea, producida por cualquier causa, ha descendido más del 65%. Ambos trabajos demuestran que el impacto de esta inmunización es real. Antes de la llegada de la vacuna, México había introducido otras medidas, como la mejora de la higiene, la rehidratación oral y los suplementos vitamínicos, pero las muertes de niños seguían siendo altas. La introducción de la vacuna ha sido esencial para reducirlas, afirma Manish Patel, epidemiólogo del Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de EEUU y autor del estudio mexicano.
De los resultados de su trabajo destaca que, entre los niños menores de 11 meses, los fallecimientos por diarrea disminuyeron un 40% y entre los niños de uno y dos años, un 30%, aunque tan sólo el 10-15% de esta población fue inmunizada. "Esto quiere decir que la vacuna protege incluso a los niños que no se han inmunizado, porque reduce su exposición al rotavirus", señala Patel.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó el pasado año la ampliación del uso de esta vacuna. A la vista de los nuevos datos, ha vuelto a insistir en la importancia de que todos los países la incluyan en sus planes vacunales.
Sin embargo, un editorial que acompaña a las investigaciones, firmado por Mathuram Santosham, de la Escuela de Salud Pública de la Johns Hopkins de Baltimore (EEUU), señala la dificultad de esta empresa. En primer lugar, los países pobres no tienen los medios necesarios para el almacenaje de estas vacunas, que requieren una potente cadena de refrigerado.
El segundo punto a tener en cuenta se refiere a que la inmunización se debe administrar en varias veces entre las seis y las 32 semanas de vida, con el consiguiente trastorno para las familias que deben desplazarse con sus hijos.
Otro escollo, no menos importante, es el precio de la vacuna contra el rotavirus. Aunque, al menos a corto plazo, GAVI -la Alianza Global para vacunas e inmunizaciones- la va a cofinanciar, de forma que a los países pobres les costará entre 15 y 30 céntimos la dosis, dependiendo de la situación económica de cada uno.Pero a pesar de todas las dificultades, el mensaje es claro: "Es hora de actuar para combatir las dos millones de muertes innecesarias que provoca la diarrea cada año".

Adicto al sexo

¿Existe la adicción al sexo o no es un problema real? Lo que hasta ahora era para muchos un mito o un cuento chino, la excusa perfecta en la que se escudaban famosos como el actor Michael Douglas o el golfista Tiger Woods para justificar sus infidelidades, es, desde este mes, una enfermedad reconocida por la literatura científica. La nueva edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM 5), la 'biblia' de la Psiquiatría mundial, ha incluido por primera vez en sus páginas la adicción al sexo, a la que denomina clínicamente como trastorno de la hipersexualidad, y da las claves para identificarla.
Un reconocimiento que llevaban mucho tiempo esperando los afectados por este problema aproximadamente un 6% de la población, según la cifra que manejan los sexólogos, que saben desde hace años que su adicción no es un invento, que la vergüenza que se dan a sí mismos por la búsqueda insaciable de placer, de tratar de satisfacer rápidamente sus continuos deseos a través de una conducta reprochable ante los ojos de la mayoría y los suyos propios, no es algo imaginario.
Lo que establece el manual psiquiátrico es que "se trata de un trastorno obsesivo compulsivo. Quienes lo padecen no pueden controlar sus pensamientos ni sus actos repetitivos",  "Cualquier tipo de obsesión que interfiera en la capacidad de la persona para llevar una vida normal, que le perjudique en sus relaciones personales y laborales, es una patología. En este caso la obsesión se canaliza a través del sexo de forma tan intensa que el propio afectado es consciente de que tiene un problema".
Al igual que un alcohólico es incapaz de dejar de beber, estas personas son incapaces de parar su comportamiento sexual autodestructivo, los sexoadictos pueden provenir de todas las clases sociales. Afecta tanto a políticos y empresarios como a los trabajadores de una fábrica. También se da en las mujeres y acuden a consulta por ello, aunque en menor proporción que los varones. Hace 200 años que la literatura médica habla de casos de sexoadictos, esto ha existido siempre, lo que ocurre es que hoy en día hay menos tabú al respecto.
¿Cómo se distingue a un adicto al sexo?  Para dar rienda suelta a sus fantasías no dudan en masturbarse de forma compulsiva y consumir mucha pornografía en revistas, televisión o internet. Son promiscuos y aficionados a los encuentros de una sola noche, ya sea con personas a las que conocen en algún local o bien recurriendo a la prostitución. Y, en muchas ocasiones, no se protegen, por lo que tienen más riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual y de provocar un embarazo no deseado. El exhibicionismo y el voyeurismo son otras de las aficiones de estos pacientes que, en último extremo, pueden incluso llegar a cometer una violación, aunque son los menos. Todas estas conductas tienen consecuencias negativas para el afectado, que van desde un divorcio hasta la pérdida del trabajo.
Existen algunos test para facilitar el diagnóstico. El manual psiquiátrico incluye uno, pero antes la prueba de referencia era el SAST (Test de la Adicción Sexual), una herramienta desarrollada por un consorcio de hospitales, terapeutas y voluntarios consistente en 45 preguntas para responder sí o no. Entre ellas figuran: ¿Tienen tus padres problemas con el sexo y la sexualidad? ¿Te ha creado tu actitud sexual algún problema familiar? ¿Ocultas a los demás tus actos sexuales? ¿Crees que controlas tu deseo? ¿Es el sexo lo más importante de tu vida? ¿Has utilizado internet para buscar citas? ¿Has pagado para tener sexo?, ¿Has mantenido varias relaciones amorosas al tiempo? ¿Después de una relación, reniegas del sexo algunos meses?
Una vez reconocido el trastorno, que es el primer paso para curarlo, hay que buscar ayuda. Existen múltiples opciones, desde los centros privados  hasta las asociaciones que dan apoyo de forma gratuita. Es el caso de Sexólicos Anónimos o Sexoadictos Anónimos (su homóloga en EEUU), creadas a imagen y semejanza de Alcohólicos Anónimos.
¿En qué consiste el tratamiento? Aunque cada maestrillo tiene su librillo, lo más común es combinar la terapia cognitiva conductual, tanto individual como en grupo, para ayudar al paciente a controlar sus impulsos, con el asesoramiento sexológico y algunos fármacos, como los parches antitestosterona o pastillas para calmar la ansiedad.
No obstante, los especialistas admiten que todavía se conoce muy poco sobre cómo el cerebro reacciona ante un trastorno de hipersexualidad. "Parece que hay estudios neurobiológicos que apuntan a que podría haber algún tipo de disfunción de los neurotransmisores tipo dopamina y del sistema opiáceo,  que daría lugar a algún tipo de síndrome de la recompensa insuficiente. Se trata de un campo históricamente controvertido, en el que apenas se está empezando a investigar.