miércoles, 8 de abril de 2009

Semana Santa, "Siempre mira el lado brillante de la vida"


Hay comedias y comedias, y luego están LAS COMEDIAS, así, con mayúsculas. Dentro de esta categoría destaca (entre otras, decir que alguna es la mejor de todas me parece muy atrevido) La Vida de Brian (Inglaterra, Monty Python's The Life of Brian, 1979), dirigida por Terry Jones, componente del genial grupo cómico Monty Python, y escrita e interpretada por el grupo entero. Lo que está interpretada por los Monty Phyton al completo no es una exageración, pues cada uno de los componentes del grupo (Terry Gilliam, John Cleese, Michael Palin, Graham Chapman, Eric Idle y Terry Jones) interpreta como mínimo cuatro o cinco personajes (con lo que te tiras toda la película viendo las mismas caras!!!), La película nos habla de Brian, quien nace en Judea, en el pesebre vecino al de Jesucristo. Tres reyes magos, un poco perdidillos, creen que éste niño es el Mesías prometido, pero muy pronto queda evidente que, en realidad, el recién nacido es sencillamente... Brian.Gag tras gag, La Vida de Brian es una brillante sátira que desborda con un humor maravillosamente inteligente, surrealista y absurdo. Hay que verla en plena facultades, para no perder un detalle, ni un chiste. Sin duda, es una de las mejores parodias de la historia del cine. Se trata de la obra cumbre de los Monty Python, tras rodar la también genial Los caballeros de la mesa cuadrada (también adoro esta peli!!), y reúne sus más imaginativas a la par que irónicas secuencias de un modo que se convierten en una obra de arte del humor. Porque todo en esta película es arte y genio (no se nota que me gusta, no...) Y como buen clásico nos deja motivos universales que bien pueden aplicarse en cualquier época... Porque... “aparte del alcantarillado, la sanidad, la enseñanza, el vino, el orden público, la irrigación, las carreteras y los baños públicos, ¿qué han hecho los romanos por nosotros?” Todo un genial sarcasmo sobre la necedad humana.La única pega que le pongo a la película es que jamás entenderé la secuencia de los extraterrestres, pero como el resultado final de la película es tan redondo, a los Monty Python se lo perdono todo...La canción final es, además, identificadora de la película, y derrocha optimismo... Always look on the bright side of life... Siempre mira el lado brillante de la vida!!!! Que levante la mano quien nunca la haya tarareado....!!!

Una alternativa (científica) a la Semana Santa

Pues sí, todos estamos contentos y felices porque se inicia la Semana Santa. La mayoría podremos olvidarnos de nuestros respectivos trabajos durante unos días para enfrentarnos a las peregrinaciones a la playa o al hotel-vacaciones más concurrido posible. A estas alturas, casi nadie se plantea qué es la Semana Santa: ¡son vacaciones, con eso es suficiente! Pero ¿no es contradictorio celebrar una festividad como ésta en una país aconfesional y cada día más laico? El que sólo lee El Corán, ¿por qué tiene que dejar de trabajar? Desde aqui queremos impulsar una alternativa. Abajo los santos y arriba los intelectuales. Varios filósofos positivistas ingleses redactaron en 1892 el llamado The New Calendar of Great Men (Nuevo calendario de los grandes hombres), basándose en las ideas de Auguste Comte (1789-1857), se le considera creador del positivismo y de la disciplina de la sociología (aunque hay varios sociólogos que sólo le atribuyen haberle puesto el nombre). Este libro no era sino un diario santoral, en el que se reemplazaban los nombres de los santos por el de aquellos científicos o artistas que hubieran contribuido al avance de la civilización. De esta manera, Gutemberg, Newton, Leonardo, Mozart o Shakespeare pasaron a ser los patrones protectores de algunos días concretos del año. ¿No sería todo más bonito si nos fuéramos de vacaciones durante la Semana Científica o la Semana del Átomo Dividido? La mayoría no sabemos ni de santos ni nos interesa, pero el problema es que la sociedad sabe tanto de los científicos como de los santos. Así que preveo que la iniciativa no prosperará (al menos entre la masa). Tal vez sólo podamos aspirar a convertir en patrones protectores a personajes de la farándula, como Juan Gabriel, Lucha Villa, o RBD.

martes, 7 de abril de 2009

Los gritos también dejan cicatrices

No hace falta pegar a un menor para que las 'señales' perduren toda la vida. Basta con gritarle. Por este motivo y tras los resultados de un nuevo estudio un grupo de investigadores acaba de recomendar la puesta en marcha de programas de intervención precoces para los chicos y chicas que conviven en casas dominadas por la violencia verbal. El consejo se ha realizado ni más ni menos que en la revista de la Academia Americana de Psiquiatría del Niño y del Adolescente ('The Journal of American Academy of Child and Adolescent Psychiatry') por boca de científicos de la Escuela Simmons de Trabajo Social (en Boston, EEUU) dirigidos por Helen Reinherz.Esta científica ha reconocido al mundo.es: "De verdad esperábamos que la exposición a la violencia física dejara cicatrices perdurables, pero no creíamos que nos íbamos a encontrar con que la exposición a gritos e insultos entre miembros de una familia tuviera efectos en la vida adulta. Estas consecuencias negativas incluyen problemas de salud mental, concretamente depresión y abuso de alcohol y sustancias. Además, los sometidos a este tipo de agresiones están más descontentos con sus vidas y sufren, incluso, más desempleo"."El ambiente familiar caracterizado por los conflictos verbales (insultos, amenazas tanto de padres a hijos como entre los propios progenitores) a menudo tiene una influencia perjudicial en el desarrollo psicosocial, la salud mental, y el bienestar de los jóvenes que viven en esos ambientes, pero hasta ahora existía poca evidencia científica de las secuelas a largo plazo", postulan los científicos en su trabajo.Reinherz y su equipo iniciaron en 1997 la investigación 'Simmons Longitudinal Study' en la que se recopilaron los datos de 1.977 personas de esa comunidad a través de varios informantes (padres, profesores...) en edades muy concretas; a los cinco, seis, nueve, 15 18, 21, 26 y a los 30 años. De todos estos participantes, escogieron a 346 para realizar un nuevo trabajo. Los autores indagaron sobre la existencia de violencia verbal en sus hogares cuando tenían 15 años y sobre la violencia física, también en casa, a los 18 años.Analizaron si ambos tipos de agresiones tienen repercusiones en la funcionalidad de los adolescentes cuando alcanzan la edad adulta (30 años). Entendiendo por ella, la existencia de salud mental (existencia o no de enfermedades psiquiátricas o problemas de comportamiento), el estado psicológico (autoestima, satisfacción personal en el trabajo u otras actividades), puesto laboral, salud física, e historia familiar (divorcio, separación...).Como primer dato destaca el número de chicos y chicas que reconoció la prevalencia de conflictos verbales (un 55%) en sus casas a los 15 años, frente a los que vivieron violencia física (un 12%) a los 18."El parámetro que más relación tuvo entre los conflictos familiares y las consecuencias a largo plazo fue el relacionado con la salud mental. En los chicos en los que se documentó la vivencia bajo insultos el riesgo de padecer un trastorno psiquiátrico en la treintena era tres veces mayor que el de sus congéneres de familias estables. Entre ellas se incluyen la depresión, la dependencia de las drogas, así como más posibilidades de padecer comportamientos antisociales", reza el trabajo.
Via:SCHP

El par de cromosomas que nadie contó

"Somos simios, un grupo que casi se extinguió hace quince millones de años compitiendo con los monos mejor diseñados. Somos primates, un grupo de mamíferos que casi se extinguió hace cuarenta y cinco millones de años compitiendo con los roedores mejor diseñados. Somos tetrápodos sinápsidos, un grupo de reptiles que casi se extinguió hace doscientos millones de años compitiendo con los dinosaurios mejor diseñados. Descendemos de peces con patas que casi se extinguieron hace trescientos sesenta millones de años compitiendo con los peces de aletas radiadas. Somos cordados, un filo que sobrevivió por los pelos a la era cámbrica hace quinientos millones de años compitiendo con los artrópodos, brillantes triunfadores. Nuestro éxito ecológico se dio a pesar de todos los factores en contra"
Son las palabras de Matt Ridley en su fabuloso libro Genoma.
La criatura con el cerebro más grande del mundo en proporción a su cuerpo fue probablemente nuestro antepasado, un simio. En ese instante, hace 10.000 millones de años, seguramente existían dos especies de simio en África, aunque cabe la posibilidad de que existieran más.  Uno era el gorila y la otra el antepasado común del chimpancé y el ser humano. Todo esto lo sabemos gracias a los genes, que son como un registro de nuestra historia biológica.  Sin embargo, a veces los científicos (que no la ciencia) se dejan llevar por pasiones, prejuicios, creencias irracionales u otros motivos que nada tienen que ver con la investigación objetiva. En ocasiones, más de las que pensamos, los científicos simplemente son demasiado obtusos para darse cuenta de lo que tienen delante de sus propias narices.  El caso es que los chimpancés tienen 24 pares de cromosomas, como también los tienen los gorilas. Pero el ser humano sólo tiene 23 pares: entre los primates somos la única excepción. Esto sucede porque el cromosoma 2, el segundo más grande de los cromosomas humanos, en realidad está formado por la fusión de dos cromosomas de mono de tamaño medio.  Esta diferencia, sin embargo, no se descubrió hasta 1955. Hasta entonces, desde 1921, se creía que los seres humanos teníamos el mismo número de pares de cromosomas que los demás primates: 24. El conteo incorrecto se lo debemos al zoólogo americano Theophilus Painter, que llevó a cabo unos finos cortes de los testículos de dos hombres negros y uno blanco castrados por demencia.  Painter había fijado los cortes en sustancias químicas y los había examinado con un microscopio. Contó los cromosomas que vio en los espermatocitos y le salieron 24. El experimento fue repetido por otros científicos y todos llegaron a la misma conclusión.  Durante todos esos años, más de 30, toda la comunidad científica estaba de acuerdo en esta cifra. Tanto es así, que incluso un grupo de científicos abandonó sus experimentos en células hepáticas humanas porque sólo pudieron contar 23 pares de cromosomas en cada célula.  En 1955, un indonesio llamado Joe-Hin Tjio, experto en genética vegetal, viajó de España a Suecia para trabajar en el Instituto de Genética de Albert Levan. Tjio y Levan, empleando técnicas más avanzadas, contaron 23 pares de cromosomas. Creyeron que habían contado mal, así que repitieron la operación. Salía 23 de nuevo. Se les ocurrió entonces examinar las fotografías de los cromosomas en libros. En los pies de foto ponía que había 24, pero si se ponían a contarlos ellos mismos en la propia fotografía, ¡salían 23!  Durante más de 30 años, la idea de los 24 cromosomas estaba tan enquistada en las mentes de los científicos que ni siquiera con las pruebas delante de las narices se daban cuenta de cuán equivocados habían estado todo el tiempo.

domingo, 5 de abril de 2009

El principio de Peter

Es un principio axiomático que relaciona la capacidad de ascenso con el nivel personal de incompetencia. Se define de la siguiente forma:
"En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia".
Este principio es tan cierto como destructivo dentro de la propia organización empresarial y por extensión, dentro de cualquier estructura social dominada por personas. El desarrollo de promoción interna o la adecuación del perfil del trabajador va íntimamente vinculado con el grado de incompetencia que todos nosotros tenemos. En pocas palabras ¿dónde está nuestro límite? ¿dónde tenemos el nivel máximo de eficacia? La capacidad humana es limitada y las principales técnicas de motivación y desarrollo profesional están ligadas al ascenso dentro de la organización empresarial. Por un lado, tenemos las ambiciones propias de cada persona, en donde prosperar y ocupar mejores puestos dentro de la estructura empresarial es más beneficioso para nosotros. Pero por otro lado, siempre vamos a tener una posición limitante dentro de nuestra capacidad que nos va imoedir seguir desarrollando nuestras habilidades, capacidad de gestión o asumir responsabilidades. Si extrapolamos este principio al autónomo, podemos relacionar el principio de PEter con el propio volumen de su empresa. Muchas personas se ven desbordadas para gestionar empresas a partir de un determinado volumen. Por ejemplo, autónomos cuya cifra de negocio exceda de unos límites o tengan a su cargo más de un número determinado de trabajadores. Cuando el principio de Peter se manifiesta en el máximo responsable de una empresa ocurren desastres como los que estamos viendo en la actualidad. Se difuminan las asunciones previas de riesgo, se pierde la consciencia de la dimensión real y capacidad de desarrollo de nuestra empresa y entramos en una espiral descendente que aboca nuestra empresa al fracaso. ¿Cómo se vence al principio de Peter? Sólo conozco una forma para el caso de autónomos y pymes. La fórmula para superarlo pasa por la integración de nuestra empresa en estructuras más complejas en donde se produzca una redistribución de la responsabilidad entre el resto de miembros que integren la dirección de la nueva empresa que nace. Este paso de fusión empresarial, rara vez se lleva a cabo en la pyme y es una más que probable explicación de la poca trayectoria temporal que tienen muchas pymes en nuestro tejido empresarial.
foto:ale