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sábado, 6 de septiembre de 2008

Teoria de la las ventanas rotas

Tuvo que ocurrir el secuestro y homicidio de un niño perteneciente a la clase económica mas alta del país para que empezáramos a tomar conciencia del avanzado grado de descomposición en que nos encontramos como sociedad.
Los gobiernos, local, estatal y federal, incumplen sus funciones primordiales de proporcionar seguridad pública y educación para la población, ya que las autoridades (no todas pero casi) utilizan el poder y el presupuesto para su beneficio personal, e incluso se asocian con la delincuencia mas peligrosa.
Por nuestra parte la mayoría de los gobernados, no respetamos ni enseñamos a nuestros hijos a respetar nuestro país, nuestra ciudad, ni a nosotros mismos, pasando por alto los principios de convivencia mas básicos, como depositar la basura en su lugar, respetar el límite de velocidad al conducir, no sobrepasar el número de artículos en una caja rápida del supermercado, apropiarse de lo que no es de uno, estacionarse en un lugar prohibido o para discapacitados, etc.,etc., y ni hablar de los medios de comunicación masiva, carentes de toda ética y control gubernamental de sus contenidos.
Pareciera que estamos llegando a un punto donde impera la ley del más fuerte y donde la sociedad desconfía y teme a sus autoridades.
Después de ver lo que ocurrió con ese niño, que aparentemente contaba con toda la protección, la pregunta es: ¿que le espera a la siguiente generación de mexicanos y a los que no podemos emigrar a otro un país seguro o subir las bardas y pagar ‘guaruras?
En 1969, en la Universidad de Stanford (EEUU), el Prof. Phillip Zimbardo realizó un experimento de psicología social. Dejó dos autos abandonados en la calle, dos autos idénticos, la misma marca, modelo y hasta color. Uno lo dejó en el Bronx, por entonces una zona pobre y conflictiva de Nueva York y el otro en Palo Alto, una zona rica y tranquila de California. Dos autos idénticos abandonados, dos barrios con poblaciones muy diferentes y un equipo de especialistas en psicología social estudiando las conductas de la gente en cada sitio.
Resultó que el auto abandonado en el Bronx comenzó a ser bandalizado en pocas horas. Perdió las llantas, el motor, los espejos, el radio, etc. Todo lo aprovechable se lo llevaron, y lo que no lo destruyeron. En cambio el auto abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto.
Es común atribuir a la pobreza las causas del delito. Atribución en la que coinciden las posiciones ideológicas más conservadoras, (de derecha y de izquierda). Sin embargo, el experimento en cuestión no finalizó ahí, cuando el auto abandonado en el Bronx ya estaba deshecho y el de Palo Alto llevaba una semana impecable, los investigadores rompieron un vidrio del automóvil de Palo Alto.
El resultado fue que se desató el mismo proceso que en el Bronx, y el robo, la violencia y el vandalismo redujeron el vehículo al mismo estado que el del barrio pobre.
¿Por qué el vidrio roto en el auto abandonado en un vecindario supuestamente seguro es capaz de disparar todo un proceso delictivo?
No se trata de pobreza. Evidentemente es algo que tiene que ver con la psicología humana y con las relaciones sociales. Un vidrio roto en un auto abandonado transmite una idea de deterioro, de desinterés, de despreocupación que va rompiendo códigos de convivencia, como de ausencia de ley, de normas, de reglas, como que vale todo. Cada nuevo ataque que sufre el auto reafirma y multiplica esa idea, hasta que la escalada de actos cada vez peores se vuelve incontenible, desembocando en una violencia irracional.
En experimentos posteriores (James Q. Wilson y George Kelling) desarrollaron la ‘teoría de las ventanas rotas’, misma que desde un punto de vista criminológico concluye que el delito es mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden y el maltrato son mayores.
Si se rompe un vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo repara, pronto estarán rotos todos los demás. Si una comunidad exhibe signos de deterioro y esto parece no importarle a nadie, entonces allí se generará el delito. Si se cometen ‘pequeñas faltas’ (estacionarse en lugar prohibido, exceder el límite de velocidad o pasarse una luz roja) y las mismas no son sancionadas, entonces comenzarán faltas mayores y luego delitos cada vez más graves.
Si los parques y otros espacios públicos deteriorados son progresivamente abandonados por la mayoría de la gente (que deja de salir de sus casas por temor a las pandillas), esos mismos espacios abandonados por la gente son progresivamente ocupados por los delincuentes.
La teoría de las ventanas rotas fue aplicada por primera vez a mediados de la década de los 80 en el metro de Nueva York, el cual se había convertido en el punto más peligroso de la ciudad. Se comenzó por combatir las pequeñas transgresiones: graffitis deteriorando el lugar, suciedad de las estaciones, ebriedad entre el público, evasiones del pago del pasaje, pequeños robos y desórdenes. Los resultados fueron evidentes. Comenzando por lo pequeño se logró hacer del metro un lugar seguro.
Posteriormente, en 1994, Rudolph Giuliani, alcalde de Nueva York, basado en la teoría de las ventanas rotas y en la experiencia del metro, impulsó una política de ‘tolerancia cero’.La estrategia consistía en crear comunidades limpias y ordenadas, no permitiendo transgresiones a la ley y a las normas de convivencia urbana.
El resultado práctico fue un enorme abatimiento de todos los índices criminales de la ciudad de Nueva York.
La expresión ‘tolerancia cero’ suena a una especie de solución autoritaria y represiva, pero su concepto principal es más bien la prevención y promoción de condiciones sociales de seguridad.
No se trata de linchar al delincuente, ni de la prepotencia de la policía, de hecho, respecto de los abusos de autoridad debe también aplicarse la tolerancia cero.
No se trata tampoco de la pena de muerte ni del ojo por ojo, (como algunos políticos oportunistas y pusilánimes de nuestro país han propuesto en estos días), ni siquiera de bajar la edad penal, sino más bien un conjunto de ideas que debidamente aplicadas deberían resultar en un beneficio para cualquier sociedad.
No es tolerancia cero frente a la persona que comete el delito, sino tolerancia cero frente al delito mismo.
Se trata de crear comunidades limpias, ordenadas, respetuosas de la ley y de los códigos básicos de la convivencia social humana, como la que no tenemos ahora.
Quiero ser optimista y pensar que México ya tocó fondo y por fin vamos a despertar como sociedad.
Ojala, por nuestros hijos.
Escrito por:Lic. Gerardo López MaldonadoAbogado, Maestro en Ciencias Penales

lunes, 1 de septiembre de 2008

La (in) utilidad de las marchas

Las marchas pueden ser útiles, pero también pueden ser absolutamente inútiles e incluso contraproducentes. A juzgar por las estadísticas sobre inseguridad, la marcha multitudinaria de hace cuatro años fue inútil, a pesar de que algunos aseguraron, conmovidos por la visión de cientos de miles de manifestantes, que “nada volvería a ser igual ahora que se ha expresado la ciudadanía “; y en efecto ya no fue igual, fue peor. Tampoco pareció servir la del 29 de noviembre de 1997 en la que marcharon Felipe Calderón, Santiago Creel o a Eduardo Bours, para exigir al presidente Zedillo poner fin a la inseguridad. Alguien decía que las marchas son un fin en sí mismo, porque ejercitan a los ciudadanos en la defensa de sus derechos. No estoy de acuerdo. Cada vez que participamos en una marcha que no da resultados nace una nueva generación de desencantados. El recurso termina por desgastarse. ¿Cuántos que marcharon hace cuatro años ya no lo hicieron ayer, pese a que la inseguridad es aún mayor?
La peor marcha es aquella que deja la sensación en el ciudadano de haber cumplido con su tarea. La manifestación simplemente sirve como desfogue de indignación y da paso a la inmovilidad.
Convertirnos en masa sólo sirve si termina en el horno. De otra manera, es un desperdicio de harina y huevos que bien habrían hecho falta para otros fines. Quizá en otros países la mera expresión de miles de ciudadanos se convierte en mandato para la clase política. No en México. Lo importante no es la cifra definitiva de asistentes a la marcha de ayer. Lo decisivo, como en las bodas, es lo que suceda los días siguientes. Dejados a su arbitrio, los gobernantes harán algunos aspavientos tranquilizadores de cara a la multitud, emitirán edictos y harán discursos, y seguirán dedicados a otros afanes más inmediatos.
El problema con la inseguridad es que desborda a la clase política. No la resolverá, porque no puede. No es sólo un asunto policíaco; entraña el edificio completo de la impartición de justicia. Volcar recursos en los cuerpos de seguridad terminará simplemente por ampliar la capacidad de daño de un brazo ejecutor. Resulta absurdo creer que se pueden tener judiciales honestos sin sanear ministerios públicos, juzgados, prisiones y, claro, sin eliminar el influyentismo y la corrupción ¿Cómo pedirle a un judicial de Jalisco que ponga en riesgo su vida, si su procurador es descubierto en fiestas donde hay abusos de menores pero es protegido por el gobernador? ¿Cómo tener secretarios de juzgado intachables cuando su jefe exige alterar pruebas para otorgar permisos a un poderoso fraccionador?
Muchos de los que marcharon ayer están dispuestos a entregar una mordida para facilitar un trámite o para librarse de la molestia de una infracción ¿Con qué derecho le exigimos a un policía que no se corrompa para salvar la vida? Estamos contra la corrupción, pero a condición de que el combate en su contra la inicien otros.
La marcha será útil sólo si constituye el inicio de un compromiso ciudadano con una sociedad honesta. Servirá si deriva en un activismo en contra de la corrupción. Será útil si da lugar a una enorme batería de organizaciones ciudadanas capaces de exigir, monitorear e impulsar acciones concretas. Por lo pronto propongo una: apoyar a Insyde, una ONG de expertos en criminalidad y seguridad pública, que desarrolla modelos para certificar el estado de las policías y la capacitación del poder judicial, entre otros propósitos. Además de marchar, ¿cuál es su tarea? ¿qué causa adopta?

lunes, 7 de abril de 2008

Coca-Cola, Pepsico, Nestlé, Bimbo y Kellogg’s, responsables, México es 2do lugar en sobrepeso y obesidad en el mundo


El Gobierno mexicano y empresas como Coca-Cola, Pepsico, Nestlé, Bimbo y Kellogg’s son los responsables de que México haya alcanzado el segundo lugar en sobrepeso y obesidad en el mundo, después de Estados Unidos.
De acuerdo con el director de la asociación civil El Poder del Consumidor (EPC), Alejandro Calvillo -quien demandó a dos de esas corporaciones por sus prácticas publicitarias–, la falta de control que las autoridades ejercen sobre las mismas es la causa de que conforme a la última Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, el 70% de la población adulta tenga problemas de sobrepeso y obesidad, así como 5.6 millones de niños y 7.8 millones de adolescentes.

Dichas cifras se traducen en que uno de cada cuatro niños padece sobrepeso, y en que alrededor del 70% de ellos puedan ser también obesos en su edad adulta, con altas probabilidades de contraer diabetes.

A juicio de Alejandro Calvillo, este panorama se debe en gran medida a la falta de aplicación de la ley contra las prácticas publicitarias de empresas como Nestlé, Bimbo, Kellogg’s, Pepsico y Coca-Cola, firma esta última que sólo en México realiza el 11% de sus ventas mundiales.

Al respecto, la Segunda Evaluación del Programa de Desayunos Escolares reveló que las familias indígenas del País gastan más de 20 pesos a la semana en refrescos y sólo 10 pesos en leche, lo que significa que el refresco es parte de la dieta diaria de 12.6 millones de indígenas (12% de la población mexicana).

Por cierto que, dice el investigador, México no sólo tiene el segundo lugar en obesidad en el mundo, sino que ya alcanzó también el segundo sitio mundial en consumo de refrescos por persona: medio litro por día en promedio…

Contribuyen empresas

Aunque en 1969 Estados Unidos había prohibido el uso del ciclamato de sodio en los refrescos, y México hizo otro tanto el 15 de diciembre de 1999, el Gobierno de Vicente Fox, quien fue directivo de la Coca-Cola, autorizó que esa empresa utilizara dicho aditivo para introducir al País la Coca-Cola Zero.

Esto lo hizo el Gobierno de Vicente Fox mediante un acuerdo publicado el 17 de junio de 2006 (poco antes de dejar la Presidencia de la República) en el Diario Oficial de la Federación, contraviniendo las disposiciones de 1999, establecidas en el denominado “Acuerdo por el que se determinan las sustancias permitidas como aditivos y cuadyuvantes”.

Dicha trasnacional –junto con Kellogg’s y Matell– obtuvo recientemente el “premio al peor producto” en un congreso realizado en Sydney, Australia, que reunió a 220 organizaciones de consumidores de todo el mundo. Según el dictamen de Consumers International, “estas empresas han incumplido sus responsabilidades y abusan de la confianza del consumidor”.

Por ello, explica el director de EPC, Alejandro Calvillo, hace tres meses el organismo que representa lanzó la Campaña Global de Rechazo a los Refrescos, dirigida a exigir a los gobiernos que obliguen a Coca-Cola y a Pepsico a “limitar la publicidad de refrescos y otras bebidas con alta densidad calórica vinculadas a la epidemia de la obesidad…”.

Aunque la iniciativa no fructificó, Calvillo apunta que otro de los graves problemas de salud de los niños es provocado por el consumo de aditivos comunes como el benzonato de sodio y los colorantes utilizados en bebidas y alimentos procesados. Presentes en los refrescos Coca-Cola y Pepsi, tales ingredientes ocasionan trastornos como déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en los niños.

En México, continúa, la TDAH ocupa los primeros lugares de atención en clínicas siquiátricas, en consultas al sicólogo y al pediatra, así como en escuelas, pues de acuerdo con datos que la Secretaría de Salud le proporcionó a El Poder del Consumidor, existen cerca de 1.5 millones de niños y 3 millones de adultos con este trastorno.

“Pero si la empresa refresquera privilegiada en el sexenio de Vicente Fox fue la Coca-Cola, en el actual de Felipe Calderón es la Pepsi”, sentencia el director de EPC, y explica:

Al inicio del ciclo escolar 2007-2008, la secretaria de Educación Pública, Josefina Vázquez Mota, lanzó en las escuelas de educación media y básica del País la campaña Vive Saludable Escuela, de la empresa Pepsico, como parte de la estrategia de esta empresa productora de refrescos y botanas para contrarrestar el Movimiento Bienestar que había emprendido Coca-Cola.

Alejandro Calvillo no tiene al respecto duda de que Josefina Vázquez Mota “cayó en el juego de relaciones públicas diseñado por Pepsico para posicionarse en las escuelas con los niños”, pero más aún, señala, tanto Coca-Cola como Pepsico “están sobornando a los directivos de las escuelas y cooperativas pagándoles por la exclusividad de su producto en las ventas internas, ya sea con dinero en efectivo o con especie”.

El caso Kellogg’s

Por su parte, Kellogg’s, que dirige a los niños productos con altos niveles de azúcar y sal, “contribuyendo a la epidemia de la obesidad que sufren” los menores, fue responsabilizada por la Asociación Mundial de Asociaciones de Consumidores de incurrir en la manipulación y el engaño publicitarios para elevar la cantidad de pequeños que consumen sus productos.

En artículos como Zucaritas, puntualiza Calvillo, el 40% del contenido son azúcares, mientras que para Choco Krispis, Froot Loops y Chocos la cifra correspondiente es de 46%.

Con similar contenido calórico se encuentran los cereales procesados por la trasnacional Nestlé dirigidos al mercado infantil (Nesquik, Trix, Lucky Charms y Cookie Crisp).

En enero de 2008 la Asociación Peruana de Consumidores y Usuarios, Consumidores y Usuarios de Chile y El Poder del Consumidor denunciaron al corporativo Bimbo por “engañar” a sus consumidores, pues en los empaques de Pan Integral Bimbo, Pan Integral Wonder y Pan Integral Orowet, puso la leyenda integral 100%, cuando en realidad su ingrediente principal no es harina integral de trigo.

E inclusive la Organización Mundial de la salud (OMS), el Instituto de Medicina de Estados Unidos y la Carta Europea contra la Obesidad establecen cuáles son los factores que generan el actual “ambiente obesigénico”:

–La publicidad que promueve entre los niños el consumo de alimentos con altos contenidos de azúcares, grasas y sal.

–La predominancia de estos alimentos en las instituciones educativas.

–La falta de acceso a agua potable gratuita en escuelas y espacios públicos.

–La nula orientación nutricional sobre lo que debe y no debe comerse de manera habitual, y

–La falta de etiquetado claro en los productos.


El factor Gobierno

Pero a esos factores Calvillo agrega otro en nuestro País: la responsabilidad del Estado mexicano, ya que existen tres legislaciones que prohíben las campañas publicitarias “engañosas” y no se aplican: el reglamento de la Ley General de Salud en Materia de Publicidad, la Ley Federal de Radio y Televisión, y la Ley Federal de Protección al Consumidor.

“Si se aplicaran esas leyes, puntualiza, una parte importante de la publicidad dirigida a los niños tendría que ser retirada del aire y sancionarse en dos aspectos: engaño publicitario y afectación de hábitos alimentarios.”

Pero hasta ahora, asegura, en México ninguna empresa ha sido sancionada por difundir publicidad “engañosa” dirigida a los niños, aunque deteriore los hábitos de alimentación.

Justamente El Poder del Consumidor presentó una denuncia contra Kellogg’s y Nestlé ante la Secretaría de Salud porque la publicidad que dirigen a los niños “es uno de los factores que contribuye a generar la epidemia de sobrepeso y obesidad en la infancia”.

Pero, advierte, ese tipo de empresas continúan manteniendo el control político en México, como lo demuestra el hecho de que en marzo de 2007, con el voto del PAN y el PRI, la Cámara de Diputados rechazó una iniciativa para restringir la publicidad de los alimentos “chatarra” o para que ésta mostrara los efectos en la salud de los consumidores.

Recuerda el investigador que las empresas ganaron gracias al cabildeo de Jaime Zabludovsky, quien fue jefe del equipo negociador del Tratado de Libre Comercio (TLC), hoy presidente de ConMéxico, que agrupa a estas grandes empresas. La tarea de Zabludovsky, precisa Calvillo, es evitar que se apruebe alguna regulación que afecte a las integrantes de ConMéxico, tanto a nivel federal como estatal.

Otro caso que le viene a la memoria es el momento en que Julio Frenk, secretario de Salud de Vicente Fox, apareció en un anuncio pagado por Pepsico y con los logos de Sonric’s y Sabritas detrás de él. Frenk inauguraba una de las empresas de Pepsico y declaraba que no hay alimentos buenos y malos, sino dietas adecuadas y no adecuadas, expresa el representante de EPC.

“Se estima, concluye, que en México, un niño que ve dos horas de televisión diaria presenciará 12 mil 700 anuncios de comida ‘chatarra’ al año, similares al comercial de Julio Frenk, y ninguno con orientación nutricional. Lo mismo ocurre en las escuelas, en donde predomina la venta de comida ‘chatarra’ sin que las autoridades hagan nada al respecto.”

Autor:Patricia Dávila
Via:http://www.am.com.mx/

miércoles, 19 de marzo de 2008

Mexico debe protestar por asesinato de conacionales????


Los estudiantes mexicanos Juan González del Castillo, Fernando Franco Delgado y Soren Ulises Avilés Ángeles, murieron en el ataque colombiano del uno de marzo, en que resultó herida la también mexicana, egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, Lucía Morett Álvarez.

Habían llegado de Quito horas antes de la incursión colombiana en pos de Raúl Reyes, el número dos de las FARC, la organización guerrillera surgida en 1966. Dado que habían asistido hasta el 27 de febrero al segundo Congreso de la Coordinadora Continental Bolivariana, no es creíble que su presencia en el campamento guerrillero fuera parte de su adiestramiento para incorporarse a la insurgencia armada. También indica esa imposibilidad el hecho de que vistieran de civiles y estuvieran inermes, durmiendo, al ocurrir el bombardeo y el avance terrestre del Ejército colombiano sobre las tropas insurgentes.

Normalmente, un Gobierno cuyos nacionales mueren a manos de tropas de otro Gobierno, debe protestar por el hecho, y demandar explicaciones al agresor, y hasta fincarle responsabilidades en instancias internacionales. Pero esa normalidad carece de efectos en tratándose de una relación privilegiada como la que mantienen los gobiernos de Felipe Calderón y Álvaro Uribe, gobiernos derechistas los suyos en una latinoamerica insólitamente poblada de regímenes de tendencias izquierdistas.

En vez de protestar ante Bogotá, la Cancillería dijo el viernes pasado que “es preocupación del Gobierno Federal que ciudadanos mexicanos estén relacionados con una organización como las FARC, conocida por su ilegalidad y naturaleza violenta; por ser autora de múltiples secuestros, actos de sabotaje, extorsiones y actividades de narcotráfico”.

La Secretaría de Relaciones Exteriores, la Procuraduría General de la República investiga cómo se pagaron el viaje y la estancia en Ecuador los mexicanos que asistieron a la conferencia bolivariana en Quito, entre ellos los que viajaron al campamento de las FARC. El Cisen, por su parte, se afana en determinar la conexión mexicana con esa guerrilla.

Por otro lado parece inequívoca la información que vincula a las FARC con bandas mexicanas de narcotráfico. Ese nexo es el que debe determinarse porque supone acciones contrarias a la ley perpetradas en territorio mexicano.

Indagar en cambio si los mexicanos muertos merecían morir y no eran dignos de protección es actitud ilegal, mezquina y torpe.
Por eso se insiste, que ante la muerte de un mexicano, independientemente de donde ocurra y de lo que haga en otro pais, obliga a protestar energicamente por el hecho mismo, asi como exigir explicaciones al agresor, y fincarle responsabilidades en las instancias internacionales correspondientes.

Usted que opina?
Modificado de:http://www.am.com.mx/, El Universal, Cronica, etc.