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domingo, 16 de agosto de 2009

Dietas en niños podrían ser contraproducentes

Según los investigadores, los padres que intentan luchar contra la epidemia de obesidad infantil prohibiéndole a los niños que coman ciertos tipos de alimentos no van a evitar que aumenten de peso y en realidad podrían estar empeorando la situación.Los padres cumplen una función crítica para ayudar a los niños a tomar decisiones sobre su alimentación que les permitirán mantener un peso saludable, según médicos y expertos. Sin embargo, el éxito depende del uso del método apropiado.El control de inhibición de un niño, similar al autocontrol, es el factor clave para controlar el peso. El concepto se explica en un artículo publicado anticipadamente en línea antes de una edición impresa próxima de la Journal of Pediatrics. En el estudio, Stephanie Anzman y Leann Birch, del Centro de investigación de la obesidad de la infancia de la Universidad Estatal de Pensilvania, se enfocó en 197 niñas blancas no hispanas. Recolectaron información de las niñas y de sus padres durante diez años, desde cuando las niñas tenían cinco años. Los investigadores registraron el nivel de ingreso y el educativo de los padres, así como el índice de masa corporal (IMC) de niños y padres, y le preguntaron a los niños si los padres restringían ciertos alimentos. También se les pidió a las madres que describieran el nivel de autocontrol de sus hijas. Según los autores del estudio, las niñas que se consideraba que tenían menos autocontrol tenían IMC más elevados y aumentaban más de peso, en comparación con sus compañeras que se regulaban mejor a sí mismas. También anotaron que las niñas que carecían de autocontrol tenían casi el doble de probabilidades de tener exceso de peso para los quince años. Los investigadores hallaron que, entre los participantes del estudio, las niñas que tenían el mayor riesgo de aumentar de peso eran las que tenían niveles elevados de restricciones alimentarias percibidas de los padres y bajo autocontrol.
Los intentos de los padres para ayudar a los niños que tienen menos autocontrol restringiendo su acceso a sus refrigerios favoritos puede hacer que los alimentos prohibidos sean más atractivos, lo que exacerba el problema.
Una mejor idea para los padres es ayudar a los niños a aprender algo de control permitiéndoles elegir entre opciones saludables. Además, es mejor no mantener alimentos restringidos en casa, y no es necesario decirle constantemente a los niños que no pueden comer los alimentos que desean.

Via:HealthDay
Fuente:Journal of Pediatrics, news release, Aug. 13, 2009

viernes, 15 de mayo de 2009

La procrastinación


Procrastinación: De Procrastinar (Del latín, procrastinare): Diferir, aplazar.

La procrastinación es un complejo trastorno del comportamiento que a todo el mundo nos afecta en mayor o menor medida. Consiste en postergar de forma sistemática aquellas tareas que debemos hacer, que son cruciales para nuestro desarrollo y que son reemplazadas por otras más irrelevantes pero más placenteras de llevar a cabo. Es asumida popularmente como simple “pereza”.
Afecta a multitud de perfiles (el ejecutivo que aplaza una y otra vez una reunión porque la prevee conflictiva, el estudiante que aplaza indefinidamente el estudiar para sus exámenes, etc.) y cada vez más se está convirtiendo en un serio problema que afecta a al salud psicológica de los individuos y, por ende, a la salud social de una comunidad.
La procrastinación es un fenómeno que se ha descubierto de tal complejidad que resulta difícil analizarlo, por las complicaciones que presenta en identificar sus orígenes así como las muchas relaciones causa-efecto que se realimentan entre sí. Todo esto dibuja un cuadro polifacético que resulta muy complejo de analizar. En este artículo sin embargo voy a intentar al menos “darle una puntilla” al asunto, con la ayuda de algunas referencias que existen dentro de la literatura científica sobre el tema.
La procrastinación se manifiesta ante todo como una pésima gestión del tiempo. El “procrastinador” suele o bien sobrestimar el tiempo que le queda para realizar una tarea, o bien subestimar el tiempo necesario -según sus recursos propios- para realizarla. Éstos son solamente un par de los muchos autoengaños en los que el procrastinador incurre. Como veremos más adelante, una de las actitudes típicas de un perfil determinado de procrastinador es la excesiva autoconfianza, una falsa sensación de autocontrol y seguridad. Por ejemplo, imaginen que se nos da 15 días para presentar un informe. En nuestro fuero interno estamos convencidos que solo necesitaremos 5 días para hacerlo, incluso menos. En ese momento pensamos “hay tiempo de sobra, no es necesario ni siquiera empezar a hacerlo!”. Y se posterga día tras otro una tarea que no solamente no nos ilusiona hacer, sino que, en cierta manera “ya hemos terminado” en nuestra mente confiada cuando ni siquiera hemos movido un dedo por ella. Al acercarse el plazo de entrega de forma peligrosa, de repente, nos damos cuenta de que no seremos capaces de cumplir con la tarea que se nos ha asignado. Entonces pensamos “No tengo esto bajo control, no tendré tiempo!!” y comenzamos a trabajar en ello de forma atropellada, con una gran carga de estrés. En ese momento aparece en escena otro autoengaño, y es el aquél de “Solo bajo presión trabajo bien”.
Los causas o motivos que pueden llevar a una persona a padecer de procrastinación son tan diversos y complejos que resultaría muy correoso plasmarlos en un solo artículo. Hay personas que “procrastinean” de resultas de un estado depresivo (la depresión conduce a estados de letargo). Otras en cambio son amantes del perfeccionismo, y ésto las priva de empezar a realizar proyectos porque temen que no podrán hacerlo tan perfecto como ellas desean, y por lo tanto pierden la motivación. También una baja tolerancia a la frustración ayuda a “dejar las cosas de lado”, por miedo a que nos desborden y por tanto por miedo a cómo nos sentiremos entonces. Otro perfil muy distinto sería el de aquellas personas muy activas que disfrutan gestando ideas, pero que no pueden finalizarlas porque enseguida se distraen generando ya la siguiente; y postergan así decenas de tareas que obviamente no tienen tiempo para completar. Y eso solo mencionando una minúscula porción de los muchos perfiles de procrastinador que se pueden encontrar.
Seguramente usted que está leyendo estas líneas se haya visto identificado en alguna de las frases de este artículo. Se habrá recordado a sí mismo leyendo el diario en la oficina con una lista de tareas por hacer, yendo a la cafetería justo en el instante en que se propuso empezar un proyecto, navegando por internet mientras su teléfono sonaba con un cliente/jefe incómodo al otro lado llamando, etc.
El hecho de que sea un mal muy extendido y que se trate de un fenómeno de por sí fascinante por su complejidad y riqueza de matices, hace que merezca la pena su estudio, tanto a nivel académico -que ya se viene realizando- como a nivel individual y colectivo.