lunes, 8 de diciembre de 2008
John Lennon
Imagine
Imagine there's no heaven,
It's easy if you try,
No hell below us,
Above us only sky,
Imagine all the people
living for today...
Imagine there's no countries,
It isnt hard to do,
Nothing to kill or die for,
No religion too,
Imagine all the people
living life in peace...
Imagine no possesions,
I wonder if you can,
No need for greed or hunger,
A brotherhood of man,
Imagine all the people
Sharing all the world...
You may say Im a dreamer,
but Im not the only one,
I hope some day you'll join us,
And the world will live as one.
Imagina
Imagina que no existe el cielo
Es fácil si lo intentas
No hay infierno bajo nosotros
Sobre nosotros sólo hay cielo
Imagina a toda la gente
Viviendo para hoy
Imagina que no hay países
No es difícil de hacer
Nada por lo que matar o morir
Y religiones tampoco
Imagina a toda la gente
Viviendo la vida en paz
Dirás que soy un soñador
Pero no soy el único
Espero que algún día te unas a nosotros
Y el mundo será como uno
Imagina que no hay posesiones
Me pregunto si puedes
Sin necesidad de avaricia o hambre
Una hermandad de hombres
Imagina a toda la gente
Compartiendo todo el mundo
Dirás que soy un soñador
Pero no soy el único
Espero que algún día te unas a nosotros
Y el mundo será como uno
Siete competencias muy necesarias
1. Resolución de problemas y pensamiento crítico
2. Colaboración en redes y liderazgo en las mismas
3. Agilidad y adaptabilidad
4. Iniciativa y espíritu emprendedor
5. Dominio efectivo del lenguaje oral y escrito
6. Acceso a la información y análisis de la misma
7. Curiosidad e imaginación
2. Colaboración en redes y liderazgo en las mismas
3. Agilidad y adaptabilidad
4. Iniciativa y espíritu emprendedor
5. Dominio efectivo del lenguaje oral y escrito
6. Acceso a la información y análisis de la misma
7. Curiosidad e imaginación
domingo, 7 de diciembre de 2008
Enterrada viva, la historia de Hakani
Aun en pleno siglo XXI, en la ribera del Amazonas, decenas de niños y bebés son enterrados vivos por varias tribus indígenas. Hasta 200 clanes practican el infanticidio vendido como sacrificio en pos de la supervivencia del grupo étnico que no pueden nomadear con las taras congénitas de los niños enfermos o huérfanos. Esta es la historia de Hakani, una niña que nació por segunda vez cuando fue exhumada viva e in extremis. Damnificada de este anacronismo irracional vive el sueño de la supervivencia lejos de la familia que nunca la quiso. Lo sobrecogedor de esta vetusta práctica es el paradójico relativismo cultural que han ido aplicando colectivos pro-indígenas y las mismas autoridades brasileñas durante décadas; soslayando el genocidio en virtud de la defensa y conservación de acervos y tradiciones indígenas, y pisoteando con ello los más elementales derechos individuales. El debate generado ha sido siempre pobre por la falta intencionada de datos oficiales. Afortunadamente, gran variedad de reputados antropólogos y científicos independientes (como Robert Borofsky y John Fred Peters) han recabado suficiente información para ejecutar una denuncia mediática internacional. Hakani es la mayor de todas las evidencias. Hoy en día, aproximadamente el 4% de los decesos anuales de los Waoranis, una tribu de guerreros en peligro de extinción, son debidos al infanticidio más cruel. No hay enfermedades congénitas excusables, simplemente cuando el niño ha quedado huérfano por diferentes causas es enterrado vivo en una suerte de ceremonia ritual mientras los hombres escuchan los gemidos que emergen de la tierra. (Fuente El país).Aviso*. El siguiente vídeo es un extracto del documental “Hakani, Enterrada viva. Una historia de supervivencia”. Puede herir sensibilidades.
Hakani significa sonrisa. Su nombre hace justicia a una niña marcada desde su nacimiento por la desgracia y que siempre ha respondido a ella con alegría. Pertenecía a la tribu de los Suruwaha, una etnia en peligro de extinción de la Amazonia occidental compuesta por unas 120 personas y cuyos contactos con el mundo exterior han sido tan escasos como devastadores. En el siglo pasado un grupo de forasteros asesinaron a la mayor parte de los chamanes de la tribu acusándolos de brujería. A todos menos a uno. Lejos de defenderse, el último brujo acusó el devastador encuentro predicando, mientras se ventilaba un potente veneno, que la falta de guías espirituales sólo podía combatirse con el suicidio. A partir de ese momento el pueblo Suruwaha decidió que el suicidio era la mejor forma de tratar cualquier movimiento de ira o dolor.
Durante los dos primeros años de vida de Hakani todo parecía normal en su familia. La alegría de la niña sobresalía por encima de sus carencias hasta que, con unos 24 meses, sus padres detectaron la imposibilidad de Hakani para andar y articular palabra. Inmediatamente la presión tribal obligaba a sus padres a ejecutarla para preservar la supervivencia de un grupo incapaz de resistir lastrado por la enfermedad de la niña. Los padres de Hakani, aterrados, tomaron por suyos el último consejo del chamán y se suicidaron, dejando a Hakani sola con sus cuatro hermanos. Fue entonces cuando la presión del infanticidio recayó en el hermano mayor de Hakani. Su hermano Bibi la condujo al exterior de su choza y la enterró viva bajo la atenta mirada de los más ancianos. Normalmente los gritos tamizados por la capa de arena duraban un par de horas pero los de Hakani llegaron hasta el anochecer cuando su abuelo, torturado por su llanto, acudió raudo a desenterrar al infante. Sus intenciones estaban alejadas de la piedad ya que se presentó con su arco y flechas dispuesto a terminar con la vitalidad de su nieta. El abuelo disparó y erró, hiriendo a la niña en el hombro. Invadido por la culpabilidad, el abuelo tomó, de nuevo, el camino del suicidio mediante el veneno que usaba para sus flechas y así liberar con ello su atormentada conciencia. A partir de ese momento la vida de Hakini se tornó en pesadilla. Deambulando como un paria junto a sus hermanos defenestrados por la tribu, por el infierno verde del Amazonas. Comiendo hojas, bayas e insectos, saciando su sed con agua de lluvia y sufriendo el acoso físico y sexual de sus propios hermanos. Con el tiempo cambió la sonrisa por un grito sordo de espanto y socorro. Tres años después, cuando Hakani contaba con 5 terribles primaveras su hermano Bibi la entregó a una pareja de misioneros de la YWAM (Marcia y Edson Suzuki) junto con el relato de los hechos y ni pizca de remordimientos. Hakani pesaba entonces 7 KG y levantaba apenas 69cm del suelo, carecía de expresiones faciales y de emociones y lloraba, presa del pánico, cuando alguien le ponía un dedo encima. Los misioneros se hicieron cargo de la niña hasta que pudieron trasladarla a un hospital. A los 6 meses había doblado su peso y recuperado la eterna sonrisa que ya nunca abandonaría. Hoy, ya con 12 años y recuperada, vive plácidamente con el matrimonio Suzuki. La pesadilla ha terminado.
Hakani significa sonrisa. Su nombre hace justicia a una niña marcada desde su nacimiento por la desgracia y que siempre ha respondido a ella con alegría. Pertenecía a la tribu de los Suruwaha, una etnia en peligro de extinción de la Amazonia occidental compuesta por unas 120 personas y cuyos contactos con el mundo exterior han sido tan escasos como devastadores. En el siglo pasado un grupo de forasteros asesinaron a la mayor parte de los chamanes de la tribu acusándolos de brujería. A todos menos a uno. Lejos de defenderse, el último brujo acusó el devastador encuentro predicando, mientras se ventilaba un potente veneno, que la falta de guías espirituales sólo podía combatirse con el suicidio. A partir de ese momento el pueblo Suruwaha decidió que el suicidio era la mejor forma de tratar cualquier movimiento de ira o dolor.
Durante los dos primeros años de vida de Hakani todo parecía normal en su familia. La alegría de la niña sobresalía por encima de sus carencias hasta que, con unos 24 meses, sus padres detectaron la imposibilidad de Hakani para andar y articular palabra. Inmediatamente la presión tribal obligaba a sus padres a ejecutarla para preservar la supervivencia de un grupo incapaz de resistir lastrado por la enfermedad de la niña. Los padres de Hakani, aterrados, tomaron por suyos el último consejo del chamán y se suicidaron, dejando a Hakani sola con sus cuatro hermanos. Fue entonces cuando la presión del infanticidio recayó en el hermano mayor de Hakani. Su hermano Bibi la condujo al exterior de su choza y la enterró viva bajo la atenta mirada de los más ancianos. Normalmente los gritos tamizados por la capa de arena duraban un par de horas pero los de Hakani llegaron hasta el anochecer cuando su abuelo, torturado por su llanto, acudió raudo a desenterrar al infante. Sus intenciones estaban alejadas de la piedad ya que se presentó con su arco y flechas dispuesto a terminar con la vitalidad de su nieta. El abuelo disparó y erró, hiriendo a la niña en el hombro. Invadido por la culpabilidad, el abuelo tomó, de nuevo, el camino del suicidio mediante el veneno que usaba para sus flechas y así liberar con ello su atormentada conciencia. A partir de ese momento la vida de Hakini se tornó en pesadilla. Deambulando como un paria junto a sus hermanos defenestrados por la tribu, por el infierno verde del Amazonas. Comiendo hojas, bayas e insectos, saciando su sed con agua de lluvia y sufriendo el acoso físico y sexual de sus propios hermanos. Con el tiempo cambió la sonrisa por un grito sordo de espanto y socorro. Tres años después, cuando Hakani contaba con 5 terribles primaveras su hermano Bibi la entregó a una pareja de misioneros de la YWAM (Marcia y Edson Suzuki) junto con el relato de los hechos y ni pizca de remordimientos. Hakani pesaba entonces 7 KG y levantaba apenas 69cm del suelo, carecía de expresiones faciales y de emociones y lloraba, presa del pánico, cuando alguien le ponía un dedo encima. Los misioneros se hicieron cargo de la niña hasta que pudieron trasladarla a un hospital. A los 6 meses había doblado su peso y recuperado la eterna sonrisa que ya nunca abandonaría. Hoy, ya con 12 años y recuperada, vive plácidamente con el matrimonio Suzuki. La pesadilla ha terminado.

La difusión de la historia de Hakani y otros tantos niños del Amazonas ha tenido sus consecuencias. A principios de 2008 el gobierno brasileño inició la rectificación presionado por una amplia comunidad de activistas y supervivientes. El congreso aprobó en junio la LEY de MUWAJI (nombre de una mujer que se negó a enterrar vivo a su bebé). Un edicto que reconoce a los pueblos indígenas como cuidadanos del mundo y merecedores de los derechos humanos fundamentales. El problema ahora es la indulgencia en la aplicación de esta ley. Nadie se pone de acuerdo en la manera de evitar el infanticidio sin vulnerar ni perturbar los delicados ‘ecosistemas’ y tradiciones indígenas. El debate está servido.
NOTA**. El documental referido es una docu-drama de David Cinningham y Kevin Miller para La fundación Hakani.org. Como ellos mismos exponen en su web, el documental está basado en hechos reales pero es una ficción. Ningún niño fue maltratado ni sometido durante el rodaje. Diversos juegos con chocolate imitando la suciedad y gominolas con forma de gusanos sirvieron para convertir un juego infantil en un drama adulto.
Via:kurioso
Más de 300 chicas de Kenia escaparon de sus casas para evitar la mutilación genital
Son nenas, pero se ven obligadas a huir para evitar el dolor y la mutilación. Más de 300 keniatas de entre 10 y 15 años del distrito de Kuria buscaron refugio en iglesias y hospitales para evitar que se les practique la ablación genital, una costumbre religiosa muy extendida en comunidades del Africa subsahariana. El diario "The Standard", el más antiguo del país, informó hoy que médicos y empleados de la administración local están asistiendo a las chicas que escaparon de los asentamientos massai, donde la ablación marca simbólicamente el paso a la vida adulta. De todas formas, 300 es un número demasiado escaso si se tiene en cuenta que, de acuerdo a datos provistos por organizaciones humanitarias, unos tres millones de niñas sufren cada año esta práctica en el mundo. La también conocida como "circuncisión de la mujer" incluye la amputación parcial o total u otras lesiones deliberadas de los genitales externos, como el clítoris y los labios. Desde hace ya varios años, grupos defensores de los derechos de los niños y de las mujeres advierten sobre las secuelas psíquicas y sanitarias que sufren las víctimas de ese tradicional rito de iniciación. Sus consecuencias duran toda la vida y la operación -habitualmente casera- puede causar la muerte, complicaciones en el parto, infertilidad, infecciones, hemorragias prolongadas, frigidez o traumas psicológicos. A pesar de que distintas organizaciones humanitarias trabajan para tratar de imponer entre los massai nuevos rituales menos nocivos para la salud, muchas de las chicas que se resisten a la ablación son despreciadas y aisladas socialmente. A diferencia de las más de 300 que lograron huir, en muchos casos, las niñas que intentan escapar son retenidas contra su voluntad en sus pueblos y sometidas a la mutilación.
Via:clarin.com
Descubren el mecanismo universal del envejecimiento
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