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lunes, 27 de julio de 2009

Una técnica que permite decodificar la actividad cerebral revelará los sueños y otros secretos de la mente

Un equipo de científicos japoneses ha conseguido reconstruir en una pantalla de ordenador imágenes directamente tomadas de la actividad del cerebro. En un experimento llevado a cabo con dos individuos, éstos miraron 440 imágenes diferentes en una pantalla, mientras se medían, con tecnología de exploración magnética funcional, las diferencias sutiles en los patrones de actividad cerebral de sus cortezas visuales. A partir de esta información, posteriormente los investigadores consiguieron “adivinar” las imágenes que los individuos veían, utilizando una tecnología que las reflejó en la pantalla. Según los investigadores, ésta sería la primera vez que se consiguen reconstruir imágenes a partir, directamente, del registro de la actividad cerebral, y este logro supondría un gran paso hacia la capacidad de leer la mente humana, y los sueños.

martes, 8 de enero de 2008

Identifican pensamientos asociados a objetos


Un equipo de Carnegie Mellon University, compuesto por científicos especialistas en informática y en neurociencias, y liderado por Marcel y Tom M. Mitchell, logra combinar métodos de aprendizaje informático con imágenes de la actividad cerebral y encuentra una manera de identificar dónde se producen los pensamientos y percepciones sobre objetos familiares en el cerebro de unos voluntarios, y cómo analizar el patrón de actividad para identificar dichos objetos.
Para el estudio se utilizó a doce voluntarios y un sistema de imagen por resonancia magnética nuclear. A los sujetos se les mostraba, de uno en uno, diez dibujos de objetos diferentes, cinco relativos a herramientas y cinco relativos a la vivienda, y se les preguntaba que pensaran en los objetos que poseían correspondientes a los dibujos. El método desarrollado permitía a los investigadores determinar con precisión cuál de los dibujos estaba viendo el sujeto en cuestión basándose en el patrón de actividad neurológica de todo el cerebro en conjunto. Los investigadores excluyeron la información proveniente del córtex visual adonde llega la información visual en bruto y se concentraron en otras partes del cerebro.
Encontraron que el patrón de actividad evocado por un objeto no estaba localizado solamente en un lugar del cerebro. Por ejemplo, cuando se piensa en un martillo se activaban muchos lugares. La información relativa al martillo comprende, entre otras, a la información de cómo manejarlo, que activa las áreas motoras del cerebro, y comprende la forma del mismo, que activa otras regiones.
Según los investigadores, este estudio es el primero que informa haber logrado la capacidad de identificar procesos de pensamiento asociados a objetos individuales simples. En otros trabajos anteriores se mostró que era posible distinguir categorías de objetos con el mismo “significado”, como “herramienta” o “edificio”, pero no se distinguían objetos en concreto dentro de cada categoría.
El nuevo método implica entrenar a un programa informático para extraer los patrones específicos de actividad cerebral de los participantes a partir de los datos recogidos en la primera parte del estudio. Los datos procedentes del aprendizaje informático no se utilizaban posteriormente, de este modo el algoritmo nunca era expuesto con anterioridad a exactamente los mismos patrones que se pretendían identificar.
¿Son los patrones de actividad intercambiables entre las personas? Según los investigadores la respuesta es afirmativa. Entrenando el programa con datos procedentes de un individuo era posible saber en qué objetos pensaba otra persona. Por tanto, las personas piensan sobre un mismo objeto de manera muy parecida.
Según Mitchell este resultado resuelve de paso otro misterio filosófico: ¿Es la percepción del color azul, por ejemplo, la misma para todas las personas? Según este investigador la percepción debe de ser la misma debido a esta manera común de pensar.
Este método de usar algoritmos para identificar pensamientos asociados a objetos concretos abre nuevos caminos, no ya a la identificación de figuras, sino además a la identificación de palabras o frases.
Los investigadores están además excitados con la posibilidad de aplicar este método a los patrones cerebrales de individuos con desórdenes neurológicos como el autismo. Quieren estudiar, por ejemplo, cómo un autista representa conceptos sociales, como “alegría” o “amigo”. Este sistema podría abrir una vía a la caracterización de cómo los autistas perciben a los demás.
Parece que cada día nos acercamos más a la lectura tecnológica del pensamiento. De momento ya se podría saber si usted, querido lector, piensa en un martillo.

Fuentes y referencias:
Nota en Carnegie Mellon University.

sábado, 1 de diciembre de 2007

Unos investigadores italianos logran ver el efecto de la belleza clásica en la actividad cerebral mediante resonancia magnética nuclear.


Actividad cerebral inducida por el arte canónico y por el modificado frente al estado de reposo.
Desde que el ser humano pintara bisontes en el techo de la cueva de Altamira se ha obsesionado con el concepto de belleza. Platón imaginó un mundo aparte en el cual tuvieran cabida conceptos abstractos como el de la belleza. Para Platón algo bello lo era intrínsecamente, por sí mismo, y era independientemente de nuestros valores culturales. Los antropólogos más tarde nos han dicho que si algo nos parece bonito o feo es porque nos han educado para ello, siendo el concepto de belleza relativo y dependiente del contexto cultural.
¿Hay alguna prueba objetiva que nos permita medir este tipo de cosas? Todavía la ciencia no puede resolver todos los interrogantes en esta materia, pero ¿se podría ver al menos el efecto de la belleza clásica sobre el cerebro humano?
Para contestar a esta última pregunta Cinzia Di Dio, Emiliano Macaluso and Giacomo Rizzolatti, neurocientíficos de la Universidad de Parma y del Laboratorio de Neuroimagen de Roma, han realizado una serie de experimentos basados en imágenes de resonancia magnética nuclear funcional. Este tipo de instrumental permite ver en directo qué partes del cerebro humano registran mayor actividad respecto a las demás.
Se seleccionó a unos voluntarios sin especial formación en artes para que contemplaran imágenes de esculturas clásicas y del renacimiento, tanto originales como alteradas. Mientras las veían se analizaba su actividad cerebral.
Las imágenes de las esculturas originales guardaban sus proporciones canónicas, mientras que las alteradas tenían estas proporciones cambiadas de tal modo que degradaban el valor estético de las mismas. Los científicos querían ver si las visualizaciones de las dos clases de imágenes tenían distintos efectos sobre la actividad cerebral. Pudieron comprobar que así era.
Las imágenes originales con sus proporciones áureas activaban conjuntos específicos de neuronas corticales, así como de la ínsula, que es una región que media en las emociones. Esta respuesta fue particularmente intensa cuando a los participantes en el experimento sólo se les pedía observar la imagen, es decir cuando el cerebro reaccionaba de manera espontánea al estímulo.
Además se les solicitó que juzgaran si las esculturas eran bonitas o feas. Las que eran juzgadas como feas activaban la parte derecha de la amígdala, que es otra estructura cerebral que responde a la información entrante que contiene valores emocionales.
Estos resultados indican que para una persona no experta en arte el sentido de la belleza está controlado por procesos no excluyentes. Uno de estos procesos, que podríamos llamar objetivo, se basa en la unión de la activación, provocado por parámetros intrínsecos al estímulo, de conjuntos de neuronas corticales y de la ínsula.
El otro proceso, que podríamos llamar subjetivo, se basaría en la activación de la amígdala y estaría condicionado por las experiencias propias del sujeto.
Los investigadores sugieren que ambos tipos de factores, objetivos y subjetivos, en la determinación de nuestra apreciación del arte. La historia del arte está repleta de la tensión constante entre valores objetivos y subjetivos. Esta tensión es más profunda cuando los artistas descubren nuevos parámetros estéticos que pueden interesar por motivos variados, pueden ser consecuencia de nuestra herencia biológica o ser producto de la moda o novedad. La pregunta central que permanece cuando la moda o novedad expiran, es si pueden sus valores formar parte del patrimonio permanente de la humanidad sin que sean inducidos por la herencia biológica.
En todo caso constituye el sueño de todo artista que las novedades por él introducidas pasen finalmente a formar parte del patrimonio humano. No sabemos si el que pintó los bisontes del techo de la cueva de Altamira así lo deseaba, pero al final así fue.