martes, 11 de agosto de 2009

Los niños que tienen CI más altos viven más


Los niños que tienen coeficientes intelectuales (CI) más altos viven más, pero no está claro qué tiene que ver el CI con la longevidad, según muestra una investigación británica reciente. Estudios anteriores han mostrado una relación entre el CI y la mortalidad, pero conseguir una explicación no ha resultado fácil. Se trata de una cuestión importante, dado que identificar esos mecanismos ayudaría a comprender los orígenes de las desigualdades de salud, afirmaron los investigadores "La relación entre CI y mortalidad surge a principios de la adultez, cuando aún la mayoría de enfermedades graves no son tan comunes", apuntó el líder de la investigación Markus Jokela, que actualmente trabaja en el departamento de psicología de la Universidad de Helsinki (Finlandia). "Entonces, el papel del CI no se limita a la manera en que la persona se enferma o maneja las enfermedades en la vejez". El informe aparece en la edición en línea del 10 de agosto de la revista Pediatrics. Para el estudio, el equipo de Jokela recolectó datos sobre 10,620 hombres y mujeres que participaron en el Estudio británico de cohortes de nacimiento de 1958, a quienes se administraron pruebas para medir el CI a la edad de once años. Los investigadores dieron seguimiento a estos individuos hasta la edad de 46 años. Encontraron que la evaluación del CI a los once años de edad predecía el riesgo de mortalidad a partir de ese momento y hasta los 46 años, de manera que el riesgo de morir en la mediana edad era alrededor de dos veces superior en individuos que tenían CI bajos frente a aquellos cuyos CI eran más elevados (3.4 frente a 1.7 por ciento, respectivamente). Esta asociación se mostró mayormente independiente de varias medidas de características infantiles del desarrollo y los antecedentes familiares, como el peso al nacer, la estatura a los once años, las conductas problemáticas, la profesión del padre, el interés de los padres por la educación del niño, el tamaño de la familia y las dificultades familiares, señaló Jokela. Las variables sociodemográficas de la adultez, como la educación, la profesión, el estado civil y las conductas de salud, como fumar, el peso, el uso de alcohol y los síntomas psicosomáticos "explicaban relativamente poco sobre la asociación entre CI y mortalidad", aseguró. "Los hallazgos implican que el CI es un determinante importante de la salud y el riesgo de mortalidad, independientemente de muchos factores de riesgo sanitarios bien establecidos", dijo Jokela. "Esto amerita nuevas líneas de investigación para identificar los mecanismos mediante los cuales el CI se asocia con la salud y el riesgo de mortalidad". Tal vez los individuos que cuentan con un mayor coeficiente intelectual comprenden mejor la información sanitaria de los mensajes públicos de salud y por lo tanto toman mejores decisiones cotidianas sobre su salud que no se capturan mediante las medidas usuales de conductas sanitarias, apuntó Jokela. "Actualmente, contamos con una comprensión incompleta sobre las desigualdades de salud que se originan de características psicológicas individuales, como el CI", enfatizó. "Identificar estos mecanismos podría informarnos sobre cómo planificar intervenciones de salud pública más eficaces, asequibles a audiencias más amplias". Ellen deLara, profesora asistente de trabajo social en la Universidad de Siracusa, opina que los padres que ofrecen apoyo podrían ser una clave para una mayor longevidad, aparte del CI. "La atención positiva de parte de padres y adultos por lo general contribuye a resultados positivos en los jóvenes en términos de desarrollo y conducta", aseguró deLara. "Esto aplica para todos los jóvenes, grupos socioeconómicos y niveles de inteligencia en general". Por el contrario, la atención adulta negativa en forma de rechazo o negligencia, por ejemplo (cosas que los padres exhiben ante los niños con un CI menor) se asocia con malos resultados para estos niños en cuanto a su desarrollo y su conducta infantil y adulta, advirtió. "Al final, no importa el CI, si alguien se siente aceptado, si sus padres se interesan en su educación y su futuro, les va bien", añadió deLara."Si uno se siente rechazado, si los padres muestran poco interés en uno o su futuro, uno no se siente bien sobre sí mismo", apuntó. "Esto promueve la toma de decisiones equivocadas. Si la capacidad para tomar decisiones se ve afectada por un menor CI, esto no habla bien de las probabilidades de una vida exitosa o larga".

Via:Markus Jokela, Ph.D., department of psychology, University of Helsinki, Finland; Ellen deLara, Ph.D., assistant professor, social work, Syracuse University, N.Y.; Aug. 10, 2009, Pediatrics, online

No hagan eso en casa


lunes, 10 de agosto de 2009

Pasan los dias y creo seguiran pasando , ¿y la justicia?

El Niño que es alérgico a la comida

Kaleb Bussenschutt, de Adelaide, Australia, tiene 5 años de edad y sufre una extraña enfermedad que no tiene nombre pero que se manifiesta como una severa alergia a cualquier tipo de alimento. Lo único que Kaleb puede comer es agua y una marca específica de limonada. Todo comenzó cuando su madre intentó quitarle el pecho. Le dio un poco de yogurt y eso bastó para enviarlo al hospital. Desde entonces Kaleb no ha hecho sino empeorar. Han probado todos los tratamientos posibles y nada parece ayudar.
¿Entonces, ¿qué come Kaleb?
Este niño se alimenta de una fórmula llamada Elecare. Se le ha implantado un tubo en el ombligo que va directamente a su estómago, y que está conectado a una bomba que, lentamente, impulsa el líquido en su sistema digestivo, durante 20 horas al día. Cuando Kaleb va a la escuela, su madre coloca la bomba en un backpack y es vigilado por una enfermera, quien retira la bomba durante el recreo para que Kaleb pueda jugar. El recipiente con la fórmula tiene que ser cambiado cada tres o cuatro horas, y es lo único capaz de mantenerlo con vida. Durante las comidas, Kaleb mastica hielo picado para que los músculos de su mandíbula no se atrofien y ve la televisión, mientras el resto de su familia disfruta de una comida normal. Hasta el momento los médicos no han conseguido gran avance, pero la familia de Kaleb ha abierto una página web (www.kalebsjourney.org) para recaudar dinero con fines de investigación.

domingo, 9 de agosto de 2009

Cólicos y Klebsiella


Una bacteria que por lo general se encuentra en la boca, la piel y los intestinos podría tener que ver con la causa del cólico en los bebés, que sigue siendo un misterio, según un estudio reciente. Los investigadores encontraron la bacteria Klebsiella junto con inflamación intestinal en todos los bebés del estudio que sufrían de cólico, una afección que se caracteriza por un llanto sin control. "Creemos que la bacteria tal vez provoque una reacción de inflamación, que hace que los intestinos se hinchen. la inflamación intestinal de los bebés con cólico se comparaba de cerca con los niveles de pacientes de enfermedad intestinal inflamatoria". apuntó en un comunicado de prensa de la Facultad de medicina de la Universidad de Texas en Houston el Dr. J. Marc Rhoads, profesor de pediatría de la universidad e investigador principal del estudio. Apuntó que tal vez el cólico lleve a otras afecciones gastrointestinales más adelante en la vida, como síndrome del intestino irritable y enfermedad celiaca. El cólico, que hace que un bebé por lo demás sano llore y grite con frecuencia y por mucho tiempo sin motivo notable, no tiene un tratamiento médico sólido ni causa conocida, aunque los bebés alimentados con fórmula parecen sufrirlo con más frecuencia que los amamantados. La afección con frecuencia desaparece de manera tan súbita como se presenta. El cólico puede ser una situación peligrosa para un bebé. La frustración de los padres por el llanto puede llevar a frustración materna, depresión posparto e incluso pensamientos de hacerle daño al bebé. La mitad de los infanticidios se relacionan al cólico. El estudio, que aparece en línea en la revista Journal of Pediatrics, incluyó a 36 bebés, tanto alimentados con fórmula como amamantados. Cerca de la mitad sufría de cólico. Los investigadores encontraron que los bebés que no sufrían cólico tenían más tipos de bacterias en sus intestinos, una señal de que ciertos tipos de bacterias son beneficiosos para la gente. Los investigadores planifican hacer más estudios, con adultos además de bebés, sobre la Klebsiella y sobre si los probióticos, un complemento dietético de bacterias buenas, podrían controlar la inflamación intestinal en bebés que sufren de cólico.